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sanedrínToda la evidencia muestra que fue el Sanedrín el principal responsable de la muerte de Jesús. Su condena a muerte se basaba en razones religiosas, pero el Sanedrín, firmemente determinado a la eliminación física de Jesús porque lo despreciaba y odiaba, no tenía potestad para ejecutarlo. Sin embargo, se aseguraron de enviarlo al gobernador romano Poncio Pilato, el cual sí tenía la potestad para hacerlo. Solo Roma ejecutaba; se evitaban así abusos indebidos. Como dice el registro bíblico:

Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo dispusieron contra Jesús un plan para entregarlo a muerte. Lo llevaron atado y lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador”.Mateo 27:1,2.

El Sanedrín tornó una razón religiosa en una política: Jesús de Nazaret estaba subvirtiendo el orden establecido al estar proclamándose él mismo “rey“. Eso era alta traición y debería pagarse con la muerte. Pilato vio sin embargo que aquello era una simple triquiñuela basada en inquina contra la persona de Jesús, pero su mente pragmática y fría cedió ante la presión y odio manifiesto de los judíos.

Sobresale sin embargo, la actitud de Jesus: “él callaba“, dice el relato. Había renunciado al derecho que todo acusado tenía de hablar en su defensa. Asumía su destino con convicción firme y ahora se entregaba por completo a Dios.

En el cristianismo, ese sufrimiento por parte de Jesús tiene importancia trascendente, porque no se trata de alguien que no pueda compadecerse de nosotros, los seres humanos sufrientes, sino de alguien que sabe muy bien lo que es el dolor tanto físico como moral. Como dice la Escritura: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado” (Hebreos 4:15, LBLA). Pero lo que todavía es más importante: su vida perfecta cual cordero de Dios la daba en sacrificio por toda la humanidad. Como lo había expresado ya el profeta Isaías (53, LBLA):

Fue despreciado y desechado de los hombres,
varón de dolores y experimentado en aflicción;
y como uno de quien los hombres esconden el rostro,
fue despreciado, y no le estimamos.

Ciertamente El llevó nuestras enfermedades,
y cargó con nuestros dolores;
con todo, nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y afligido.

Mas El fue herido por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades.
El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El,
y por sus heridas hemos sido sanados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
nos apartamos cada cual por su camino;
pero el Señor hizo que cayera sobre El
la iniquidad de todos nosotros.

Fue oprimido y afligido,
pero no abrió su boca;
como cordero que es llevado al matadero,
y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda,
no abrió El su boca“.

Pilato tenía su residencia como procurador romano en la ciudad marítima de Cesaréa, cuartel general de Roma donde se mantenían varias legiones solo para el control de la conflictiva Judea. Tuvo que desplazarse a Jerusalén para tratar ‘otro asunto judío‘. Para muchas personas de fe, sin embargo, aquello llegó a ser mucho más; de hecho uno de los asuntos más trascendentes de la historia humana: el juicio, tortura y muerte de Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, que con su vida humana dada en sacrificio representa una seria oferta de sentido y salvación para toda la humanidad.

Hasta al año 1961, muchos dudaban de que Pilato hubiera existido. Pero la arqueología cambió para siempre su perspectiva. Véase Inscripción hallada en Cesaréa.

Esteban López