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Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. (Romanos 10:9,10, Valera).

pan-y-pescadoNo es posible confesar con plena convicción y sinceridad que se cree en Jesús si no se siente eso firmemente en el corazón. Por eso se dice que “de la abundancia del corazón habla la boca“. Ocurre que a veces es difícil reconocer en voz alta que se cree en él, sobre todo cuando se vive en una sociedad profundamente secular donde parece que el hecho religioso se haya relegado definitivamente a la intimidad; suele ocurrir que no sea muy común oír a alguien confesar en según que medios, que cree en Jesús.

Pero habría que reconocer que, si se es consecuente con lo que se cree, esa confesión es importante a los ojos de Jesús mismo:

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. -Mateo 10:32,33.

Por supuesto, esa creencia solo será consecuente a los ojos de Dios y de los hombres cuando vaya acompañada de buenas obras. La idea que se transmite tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo es que “todo aquel que en él cree, no será defraudado” y que “todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo“.

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10: 14,15).

Cuando se cree de verdad, es difícil permanecer callado. Algo muy poderoso impulsa desde el interior. Como lo expresa José María Mardones,

Lo maravilloso y desconcertante es que se cree, que se siente uno impelido a creer, a afirmar el Misterio. La fe es el principio de la vida. La pasión de la fe se presenta como urgencia de ir más allá de lo dado, aunque no se sepa ni se posea lo creído. No es la dimensión cognitiva la que prima en esta experiencia creyente sino la pasión por algo que no conozco y que es cercano y me remueve todo entero“. – José María Mardones (1943-2006), filósofo y profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco e investigador del CSIC en el Instituto de Filosofía.

Esa es la razón por  la que cristianos de todos lo tiempos se han sentido siempre impulsados a compartir su fe con otros. Y es que el cristianismo no es una religión estática, sino activa. Toma la iniciativa en dar a conocer la fuente de su luz y de toda esperanza. Por eso son muchas las sociedades bíblicas y los misioneros de muchas iglesias los que, de un modo u otro, dan a conocer “las buenas nuevas acerca del Cristo”. Sería poco honrado afirmar que la exclusiva de esa predicación pertenece solo a una iglesia determinada. El siguiente ejemplo ilustra cómo son muchos los que predican y no solo unos pocos. Hermosos son también sus pies.

http://www.taize.fr/es_article8451.html

Esteban López

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