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congarYves Congar, fue teólogo consultor en el Concilio Vaticano II y uno de los más fervientes luchadores por la unidad de los cristianos.

Congar mantenía un diario donde iba registrando los principales acontecimientos de la vida de la Iglesia en los que, como protagonista y cualificado espectador, tomaba parte. Nada más regresado de su cautiverio, Congar se encontró expuesto, a causa de algunas de sus publicaciones, primero a las sospechas, y más tarde a las sanciones de las autoridades eclesiásticas.

Los documentos reunidos en el presente volumen son testimonio de una escritura privada, pues no fueron redactados para ser publicados. Se trata de anotaciones a vuelapluma, tomadas en los raros intersticios de un trabajo abrumador. Como escribe el propio Congar:

«Nunca he tenido tiempo de revisar todo esto. Si un día alguien quiere hacer la historia de todas las cosas en las que ha estado implicada mi pobre persona, encontrará y podrá utilizar todo esto».

Diario de un tiempo de duras pruebas, este libro representa un testimonio excepcional de las relaciones entre la indagación teológica y el magisterio romano en las postrimerías del pontificado de Pío XII. La cuidada edición de estas anotaciones constituye así una crónica viva y documentada de la historia intelectual del catolicismo tras la segunda guerra mundial.

Su visión de una iglesia más cercana al espíritu de Jesús de Nazaret, le impelió a expresarse con una sinceridad dolorosa, es verdad, pero que él consideraba absolutamente necesaria. En su diario escribió:

“Los obispos están absolutamente encorvados en la pasividad y el servilismo; tienen hacia Roma una verdadera veneración filial, incluso infantil. Para ellos, eso es la ‘iglesia’… concretamente Roma, el papa, el sistema todo de las congregaciones, que parece como si fueran la iglesia que Jesús construyó sobre la piedra. Y el ‘Santo Oficio.’ El ‘Santo Oficio’ (ahora Congregación para la Doctrina de la Fe) dirige de forma concreta la Iglesia y doblega a todos con el miedo y sus intervenciones. Es esta Gestapo suprema, inflexible, cuyas decisiones no se discuten… La base del debate, pues, está en una nueva concepción de Iglesia que se nos quiere imponer y cuyo fundamento consiste, en primer lugar, en reducirlo todo a obediencia y a una relación de autoridad-súbditos; y en segundo lugar, en un nuevo concepto de obediencia, de ‘estilo superjesuístico.”

Yves Congar, Diario de un teólogo, 1954.

Ives Congar, Roma 1964

Yves Congar, Roma 1964

Nacido en Sedán en 1904, dominico, llegó a ser uno de los principales expertos del concilio Vaticano II. Su obra teológica, que se cuenta entre las más señaladas del siglo xx, está dedicada a la eclesiología y el ecumenismo. En 1994, un año antes de su muerte, fue elevado a la dignidad de cardenal. La agitada vida de Congar estuvo marcada, desde muy temprano, por sucesivos exilios a la vez que por su vocación ecuménica. Ingresa en el seminario de los carmelitas (Instituto Católico de París) en 1921. En 1925 entra en el noviciado dominico de Amiens, donde profesa un año después. Cursa estudios en Le Saulchoir, escuela en la que, a partir de 1932, enseña eclesiología. Ordenado sacerdote en 1930, su tesis de lectorado en teología, al año siguiente, versará sobre La unidad de la Iglesia. Entre la publicación de Cristianos desunidos en 1937, año en que comienza a dirigir la colección Unam Sanctam, y la de Verdadera y falsa Reforma en la Iglesia (1950), el teólogo dominico se convertirá en Francia, junto con M.-D. Chenu, J. Daniélou y H. de Lubac, «en la encarnación […] de una ‘nueva teología’» que busca «volver a las fuentes del cristianismo y al diálogo con las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo». En febrero de 1954, Congar es apartado de la enseñanza y enviado a Jerusalén; pasará después, en 1956, una estancia en Cambridge. En 1960 es nombrado consultor de la comisión teológica preparatoria del concilio Vaticano II, en el que participará como experto entre 1962 y 1965, y donde redactará su Diario del concilio.

Esteban López

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