Etiquetas

, , ,

Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: —¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!  Pero el otro criminal lo reprendió: —¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; éste, en cambio, no ha hecho nada malo.  Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.  —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús”. -Lucas 23:39-43, Nueva Versión Internacional.

perlaAquel hombre, un delincuente ajusticiado al lado de Jesús, no tenía ya nada que perder y podía mostrarse sincero. Mientras que unos insultaban a Jesús, otros callaban por miedo o simplemente se habían ido. Admitió que él estaba recibiendo su merecido por delinquir, pero que sin embargo, “este (Jesús) no ha hecho nada malo.” Sabía que tenía a su lado a alguien muy especial. Reconoció en Jesús de Nazaret la luz que quizá le faltó a lo largo de su vida. Y no lo dudó: “Señor, acuérdate de mi.” Y Jesús responde. Sabe lo que hay en su corazón y le augura la mejor dicha, su plena realización como ser humano y para siempre.

A pesar de que el medio día ya había pasado y era casi media tarde, “la tierra quedó sumida en la oscuridad, pues el sol se ocultó. Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos”. Efectivamente, se trataba de alguien muy especial, de alguien único. En realidad se trataba de  ‘el cordero de Dios que quita el pecado del mundo‘ y que ha llenado de esperanza y alegría el corazón de millones de personas de todo el mundo desde entonces.

“Era el día de la preparación para la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz en sábado, por ser éste un día muy solemne. Así que le pidieron a Pilato ordenar que les quebraran las piernas a los crucificados y bajaran sus cuerpos.  Fueron entonces los soldados y le quebraron las piernas al primer hombre que había sido crucificado con Jesús, y luego al otro.  Pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,  sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante le brotó sangre y agua. El que lo vio ha dado testimonio de ello, y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso” (Salmo 34:20) y, como dice otra Escritura (Zacarías 12.10): “Mirarán al que han traspasado”. – Juan 19:31-37, NBD.

Es siempre muy difícil que se reconozca a alguien muy especial,  a alguien único, y se le olvide con facilidad. Esa es la razón por la que muchos aprecian profundamente el sentido de estas palabras:

También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró“. – Mateo 13_45,46, NVI.

Esteban López