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Religiones orientales y cristianismo

En Asia, podemos encontrar lealtades de otro tipo, pero no lo que los hombres occidentales entienden por ser creyente, por intentar vivir como cristiano, por ser un buen protestante o un católico practicante. En el plano intelectual, Asia significa algo mucho más vago y variado, lleno de dudas y especulaciones. En el plano moral significa algo mucho más relajado y cambiante. Un profesor de lengua persa de una de nuestras universidades, tan apasionado de Oriente como para profesar desprecio por Occidente, le dijo una vez a un amigo mío: ‘Nunca entenderás las religiones orientales, porque entiendes la religión como algo ligado a la moral, y este tipo de religión nada tiene que ver con ella.’ Muchos de nosotros, sin duda, hemos conocido algún que otro maestro de Sabiduría Superior, algún Peregrino sobre el Camino hacia la Fuerza, o a más de un santo o vidente esotérico oriental que, realmente, nada tenían que ver con la moral. Hay un algo diferente, independiente e irreflexivo que tiñe la atmósfera moral de Asia y que atraviesa incluso la frontera del Islam…

Más allá de las profundidades de la metafísica, hundido en los abismos de las meditaciones místicas, bajo todo ese solemne universo de cosas espirituales, se esconde el secreto de una intangible y terrible superficialidad. Realmente, no importa gran cosa lo que uno haga. Quizá sea porque no creen en el Demonio, o porque creen en el destino, o porque consideran que la experiencia en esta vida lo es todo y la vida eterna es algo totalmente diferente. Pero, una u otra razón los hace totalmente diferentes a nosotros.

Si la Iglesia no hubiera irrumpido entonces en el mundo, es probable que Europa fuera algo muy parecido a Asia actualmente… Y nadie que mire hacia ese inmutable Oriente con ojos limpios y verdadera simpatía, admitirá que algo allí se asemeja, siquiera remotamente, al desafío y la revolución de la Fe.

En resumen, si el paganismo clásico hubiera perdurado hasta el momento presente, habrían perdurado con él muchas cosas que se asemejan bastante a lo que llamamos religiones orientales. Aún habría pitagóricos enseñando la reencarnación, como aún existen hindúes enseñando la reencarnación… Habría aún multitud de gente asistiendo a los banquetes populares de los dioses en una pagana Europa, como también los hay en el Asia pagana.”

Gilbert K. Chesterton, El hombre eterno, Ediciones Cristiandad, Madrid 2007.

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