Etiquetas

, , , , , ,

kafka_franzEn una sociedad libre se reconoce que a la persona, por el simple hecho de serlo, le corresponden derechos inalienables. Partiendo de esa premisa no habría por qué esperar ninguna clase de conflicto entre los derechos de la persona y la sociedad misma porque los derechos humanos serían siempre la única referencia.

Sin embargo, existe el riesgo de que en una sociedad determinada prime más su ideario o propia identidad como organización que los derechos de la persona; cuando eso sucede es posible que lo justo y lo verdadero no lleguen a importar tanto como lo que conviene a esa sociedad. Para ver eso, no haría falta remitirse a regímenes tan totalitarios como el nazismo o el estalinismo; es posible verlo también en sociedades democráticas así como en organizaciones políticas, empresariales o religiosas.

Franz Kafka (Praga, 1883 – Kierling, Austria, 1924), supo prever que situaciones así sucederían una y otra vez en la historia. Una de sus principales obras, El proceso, trata sobre un hombre llamado Joseph K al que un día se le acusa de un delito que desconoce, se le procesa sin saber qué leyes son las vigentes y finalmente se le ejecuta sin saber por qué. En su ensayo Cuando el inocente es declarado culpable, Manuel Reyes Mate escribe sobre esta obra de Kafka:

Joseph K se rebela y lucha contra esa situación y lo único que consigue saber es que detrás de todo está ‘una gran organización’ que se alimenta de ‘detener a personas inocentes’ y que se mueve por un extraño principio: no hay que preguntarse por lo justo o por lo verdadero, sino por lo que es necesario y conveniente a la organización.

kafka“El proceso es la historia del hombre inocente tratado como un culpable. La sociedad puede tratarnos como culpables aunque no medie proceso alguno, ni exista una condena formal. Basta que en su modo de funcionar no nos trate con la consideración de un sujeto de derechos humanos”.

Manuel Reyes MateEuropa y el Cristianismo, Antropos, 2009.

La experiencia muestra que muy a menudo, el único interés de ‘la organización’ es subsistir sea como sea, y si para eso ha de conculcar derechos humanos básicos no lo dudará ni un momento. La persona se convierte así en un simple número, en un mero ‘recurso humano’ estadístico que si molesta para sus propósitos se le liquida sin más. Lo importante es siempre ‘la marcha de la organización‘. Como lo expresó Octavio Pazel siglo xx es el siglo de las utopías convertidas en campos de concentración“.

Los derechos humanos son un logro colectivo de la humanidad, pero existen muchos entornos donde simplemente no existen. Kafka lo sabía muy bien porque le tocó vivir en una Europa embebida por terribles ideologías y dos horrorosas guerras mundiales. Pero la Declaración Universal de los Derechos Humanos surgió como respuesta y como base en defensa de la dignidad humana, en armonía también con lo que ya había escrito Immanuel Kant en su imperativo moral categórico :

“El hombre existe, no como un simple medio, sino como un fin en sí mismo. No posee simplemente un valor relativo, o sea, un precio, sino un valor intrínseco: la dignidad”.

Esteban López

 

Anuncios