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aidUnos cuantos meses después de nuestra llegada (a la Betel de Brooklyn) y después que había hecho algún trabajo en redacción, el presidente Knorr me llevó a una oficina donde había una mesa llena de montones altos de papeles mecanografiados y me pidió que emprendiera el desarrollo de un diccionario bíblico.

Los papeles eran el resultado de asignaciones que habían sido divididas entre 250 hombres alrededor del mundo. Esas asignaciones, sin embargo se hicieron generalmente sobre la base de la posición de los autores en la organización (como por ejemplo, personal de oficinas de sucursal, superintendentes de fábrica y así por el estilo). Pocos de esos hombres tenían experiencia, el tiempo o el acceso a bibliotecas para hacer investigación. Creo que se puede decir conservadoramente que por lo menos el 90% del material sometido no se usó.

Comencé con “Aarón” y continué con “Aaronitas”, “Ab”, “Abadón” y así por el estilo, pero pronto se hizo obvio lo poco práctico que sería esperar que un solo escritor asumiera la tarea. Primero, se asignó a uno de los directores de la Sociedad, Lyman Swingle; después Edward Dunlap, el registrador de la Escuela de Galaad; seguido por Reinhard Lengtat y John Wischuk, de los departamentos de servicio y redacción respectivamente. Otros participaron intermitentemente por varios períodos pero fueron las cinco personas mencionadas quienes después de 1.696 páginas y cinco años de trabajo completamos la obra bíblica de referencia llamada Aid to Bible Understanding (en español, Ayuda para Entender la Biblia. Karl Adams, en aquel entonces director del Departamento de Redacción, nos asignó los temas). En 1988 este diccionario fue publicado de nuevo en dos tomos con un nuevo título, Insight on Scriptures (Perspicacia para Comprender las Escrituras) Con excepción a un considerable número de nuevos mapas e ilustraciones en color, el material del texto queda casi idéntico a la obra original.

Al principio, el presidente Knorr hizo una declaración que probó ser un factor clave en la manera en que abordamos el proyecto. Fortuitamente el propósito original de ésta fue mal entendido por nosotros. Hablando a los que entonces habían sido asignados al proyecto, él dijo, “Solo queremos presentar lo que la Biblia dice; no hay necesidad de buscar todo en las publicaciones de la Sociedad.”

Su propósito al decir esto, según nos dimos cuenta más tarde, era con el fin de que el proyecto se completase rápidamente y que produjera algo relativamente corto, un “manual”, como él lo expresó más tarde. Por medio de básicamente reenunciar los textos bíblicos claves relacionados a un tema en particular, con un mínimo de clarificación adicional, este rabajo requeriría usar muy poco tiempo en investigación. Nosotros entendimos incorrectamente que él quería decir que deberíamos esforzarnos por presentar lo que la Biblia realmente decía y no sentirmos obligados a presentar los asuntos como las publicaciones de la Watch Tower los presentaban. El resultado fue una publicación considerablemente diferente a lo que de otra manera hubiera salido. El material que fue enviado por los doscientos cincuenta hombres casi invariablemente presentaba el ‘punto de vista’ aceptado de las publicaciones de la Sociedad. Nuestra publicación a menudo reveló diferencias.

El vicepresidente de la Sociedad, Fred Franz, era reconocido como el principal erudito bíblico de la organización. En varias ocasiones fui a su oficina para preguntar acerca de distintos asuntos. Para sorpresa mía frecuentemente me dirigió a comentarios de la Biblia diciendo, “Por qué no miras lo que dice Adam Clarke, o lo que dice Cook,” o, si el tema estaba sobre todo relacionado con las Escrituras Hebreas, “lo que dice los comentarios de Socino.” Nuestra biblioteca en Betel contenía anaquel tras anaquel lleno de tales comentarios. Ya que eran el producto de eruditos de otras religiones, sin embargo, yo no les había dado mucha importancia y junto a otros en el departamento, sentía un poco de titubeo, hasta desconfianza, al usarlos. Tal como Karl Klein, un miembro de muchos años en el Departamento de Redacción, muchas veces expresó de manera brusca que el usar esos comentarios era “mamar de las tetas de Babilonia la Grande,” el imperio de religión falsa, según la interpretación de la Sociedad, la Gran Ramera de Revelación (Se me hacía difícil creer que él realmente hablara en serio pues él mismo usaba dichos comentarios, y sabía que Fred Franz los usaba con regularidad).

Sin embargo, mientras más buscaba información en dichos comentarios, más profundamente impresionado quedaba con la creencia firme en la inspiración divina de las Escrituras expresada por la vasta mayoría. Estuve aún más impresionado por el hecho de que, aunque algunos se escribieron en fecha tan lejana como el siglo XVIII, la información generalmente tenía mérito y era exacta. No pude evitar comparar esto con nuestras propias publicaciones las cuales, a menudo, se hacían “anticuadas” después de solo unos pocos años y se dejaban de publicar. No es que yo pensara que estos comentarios estuvieran libres de error en manera alguna; pero lo bueno en ellos ciertamente sobrepasaba los puntos ocasionales sobre los cuales yo pensaba que estaban equivocados.

Cuando los temas “hombre de mayor edad (ancianos)” y “superintendente” se me asignaron, la investigación bíblica pronto reveló que la forma de supervisión congregacional usada por nosotros no se conformaba a los arreglos del primer siglo. (No teníamos cuerpos de ancianos en las congregaciones; un hombre en cada congregación era el único “superintendente”.) Un poco perturbado, abordé a mi tío con la evidencia. De nuevo su respuesta me tomó por sorpresa. “No trates de entender las Escrituras sobre la base de lo que ves hoy día en la organización”, dijo él, y añadió, “Mantén puro el libro Ayuda“. Yo siempre había considerado a la organización como el único conducto de Dios para dispensar la verdad, de modo que, su consejo, cuando menos sonó extraño. Cuando señalé que la manera en que la Traducción del Nuevo Mundo de la Sociedad vertía hechos 14:23, evidentemente insertando las palabras “para los puestos”, en relación al nombramiento de ancianos y que esto alteraba el sentido, él dijo, “¿Por qué no lo examinas en otras traducciones que quizás no estén tan prejuiciadas?” (En ediciones anteriores la Traducción del Nuevo Mundo abandonó la frase en cuestión. Las primeras ediciones decían: “Además, les nombraron hombres de mayor edad para los puestos de la congregación y haciendo oración con ayunos, los encomendaron a Jehová en quien habían llegado a creer.”) Salí de su oficina preguntándome si de hecho yo había oído lo que pensé haber oído. En los días futuros yo habría de recordarle estas declaraciones, en más de una ocasión, durante las sesiones del Cuerpo Gobernante.

Esta conversación afectó tremendamente mi manera de considerar las Escrituras. Aprecié cabalmente su integridad hacia la verdad bíblica, implícita en los comentarios hechos por él. Comencé a apreciar, más que nunca antes, cuán vitalmente importante era el contexto para determinar el sentido de cualquier parte de las Escrituras, y esa realización pareció ser verdad en otros del grupo que estaban trabajando con regularidad en el proyecto Ayuda. También nos dimos cuenta de la necesidad de dejar que la Biblia definiera sus propios términos, en vez de sencillamente tomar algún punto de vista mantenido anteriormente o dejar que un diccionario que sólo suplía definiciones en inglés lo determinara. Comenzamos a hacer uso de léxicos hebreos y griegos que había en la biblioteca de Betel, y de concordancias que se basaban en las palabras en el idioma original y no en sus traducciones al inglés.

Fue una educación y una experiencia que nos dió una lección de humildad, pues llegamos a apreciar que nuestro entendimiento de las Escrituras era mucho menor de lo que habíamos pensado, que no éramos los avanzados eruditos bíblicos que nos creíamos ser. Mi vida en los 25 años anteriores había sido una continua cadena de actividades, una carrera sin cesar, al grado que, aunque había leído la Biblia varias veces de principio a fin, nunca había podido efectuar una investigación tan seria y detallada como ahora, de hecho, nunca había sentido la necesidad de hacerlo ya que se asumía que otros lo estaban haciendo por uno. Los dos cursos a los que asistí en la Escuela de Galaad estaban tan rígidamente programados que dejaban muy poco tiempo para meditación, para investigar y analizar detenidamente.

Ahora, el tener tanto tiempo como el acceso a diferentes ayudas para el estudio de la Biblia tales como diccionarios, comentarios y concordancias del hebreo y el griego, fue de gran ayuda. Pero, más que nada fue el percatarnos de la necesidad de dejar que el contexto bíblico nos guiara, de permitir que las Escrituras mismas estuvieran en control, lo que marcó la diferencia. No hubo un cambio de punto de vista de la noche a la mañana, sino que a través de los años, se hizo más real todavía, un convencimiento más profundo de la necesidad de dejar que la Palabra de Dios hablara por sí misma al mayor grado posible. Podía ver por qué esos comentarios de cien o doscientos años de antiguedad, en nuestra biblioteca de Betel tenían un valor que trascendía la barrera del tiempo. El mismísimo modo de exposición, esto es, de versículo por versículo, les obligó a permanecer dentro del significado contextual, restringiéndoles considerablemente de envolverse en excursiones exegéticas sectarias o vuelos de fantasía interpretativa.

…Cuando se me asignó el tema “Cronología”, esto también llevó a preguntas serias (también se me asignó la mayoría de los temas históricos relacionados con los reyes y la historia de Egipto, Asiria, Babilonia (sólo reyes), Medo Persia y otros). Una de las principales enseñanzas de los testigos de Jehová es que la profecía bíblica había señalado al año de 1914 como el fin de los “tiempos de los Gentiles” de Lucas 21:24, y que en ese año Cristo Jesús tomó el poder del reino y comenzó a gobernar de manera invisible a los ojos humanos. …La fecha de comienzo, 607 antes de Cristo, se consideró como el tiempo de la destrucción de Jerusalén a manos del conquistador babilonio Nabucodonosor. Yo sabía que tal fecha, 607 antes de Cristo, era peculiar a nuestras publicaciones pero no sabía por qué.

Se empleó meses de investigación en el tema “Cronología” y resultó en el capítulo más largo del libro Ayuda (Iba desde la página 322 hasta la página 348, un total de 27 páginas. En la edición de 1988 se redujo a 18 páginas -desde la 370 a la 387-, el cambio más sustancial en esa nueva edición). Gran parte del tiempo se empleó en tratar de hallar alguna prueba, algún apoyo en la historia para la fecha del 607 antes de Cristo, que era tan crucial para que nuestros cálculos nos llevaran a 1914. Charles Ploeger, un miembro del personal de la oficina principal, que en ese tiempo servía como mi secretario, investigó por las bibliotecas del área de la ciudad de Nueva York para buscar cualquier cosa que pudiera apoyar la fecha históricamente.

No hallamos absolutamente nada en apoyo del 607. Todos los historiadores señalaban a una fecha de 20 años más tarde. Antes de preparar el material para el libro Ayuda sobre el tema “Arqueología”, yo no tenía conocimiento de que el número de tabletas cuneiformes de barro cocido, encontradas en la zona de Mesopotamia y que pertenecía al tiempo de la Babilona antigua, eran del orden de decenas de miles. Pero en todas ellas no había nada que indicara que el período Neobabilónico (período en el cual tomó lugar el reinado de Nabucodonosor) fuera lo suficientemente largo para armonizar con nuestra fecha del 607 antes de Cristo como el año de la destrucción de Jerusalén. Todo señalaba un período más corto de lo que afirmaba nuestra cronología publicada. Aunque hallé esto algo perturbador, yo quería creer que nuestra cronología era correcta a pesar de toda la evidencia de lo contrario. Así que, al preparar el material para el libro Ayuda, gran parte del tiempo y del espacio se usó en tratar de debilitar la credibilidad de la evidencia arqueológica e histórica que demostraba errónea la fecha del 607 antes de Cristo y también, como resultado, la fecha de 1914 año de Cristo.

Charles Ploeger y yo hicimos viaje a Brown University en Provicence, Rhode Island, para entrevistar al profesor Abrahan Sachs, un especialista en textos cuneiformes antiguos. Queríamos ver si podíamos obtener cualquier información que indicara alguna falla, o debilidad de clase alguna, en la información astronómica encontrada en muchos de esos textos, la cual probaba incorrecta nuestra fecha del 607. En conclusión, se hizo evidente que se hubiera requerido una virtual conspiración de parte de los escritores antíguos para hacer tal cosa, para presentar incorrectamente los hechos, si efectivamente nuestra fecha era la correcta. Procediendo ahora de la misma manera que lo haría un abogado al enfrentarse a cierta evidencia que no puede vencer, mi esfuerzo se concentró en desacreditar tal evidencia o en debilitar la confianza en los testimonios de tiempos antíguos, en particular, la evidencia de textos históricos que tenían que ver con el imperio Neobabilónico. Los argumentos que presenté eran honestos, pero yo sé que el propósito de ellos fue el de sostener una fecha para la cual no hay apoyo histórico.

Así que, a pesar de nuestro profundo aprecio por ciertos principios, el libro Ayuda contenía muchos ejemplos de nuestros esfuerzos por ser leales a las enseñanzas de la organización. En muchos aspectos, lo que aprendimos a través de nuestra experiencia hizo más para nuestro propio bien que lo que hizo para la publicación. Aún así, el libro Ayuda para entender la Biblia (Aid to Bible Understanding, ahora llamado Perspicacia para comprender las Escrituras) sirvió para despertar el interés en las Escrituras entre muchos testigos de Jehová. Tal vez el tono, la manera de presentar las cosas, el esfuerzo hecho por la mayoría de los escritores por evitar el dogmatismo y reconocer que puede haber más de una manera de ver ciertos asuntos, el haber evitado hacer más de un asunto que la evidencia permitía- estas cosas pueden haber sido de gran beneficio, aunque en éstas también nos quedamos cortos al permitir que ideas preconcebidas asumieran el control y el haber fallado en adherirnos a las Escrituras como lo debimos haber hecho. Yo sé que esto fue cierto en mi propio caso al preparar temas como “El tiempo señalado de las naciones”, “El esclavo fiel y discreto”, y “La gran muchedumbre”, todos los cuales contienen argumentos diseñados para sostener las enseñanzas corrientes de las publicaciones de la Watch Tower. Dado que en mi mente esas enseñanzas eran sencillamente, “los hechos”, me encontré haciendo precisamente lo que más tarde escribí en el “Prefacio” al libro Aid que no era la intención del libro. En la página 6 de la edición original en inglés, bajo el encabezamiento, “Its Aim”, (“Su Propósito”) aparecieron las palabras, “No se pretende que el libro Aid to Bible Understanding sea un comentario doctrinal o un trabajo de interpretación”. Además, que cualquier aplicación que haya sido hecha de expresiones simbólicas o figurativas, no fue hecha “arbitrariamente o para apegarse a un credo”. En la mayoría de los casos, eso fue cierto. Pero en ocasiones, las creencias arraigadas vencieron nuestro esfuerzos por adherirnos a la norma.

En el año en el cual se presentó el libro Ayuda en forma completa, se me invitó a ser miembro del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, el cuerpo que ahora dirige la actividad de los testigos en más de 200 países alrededor del mundo.

– Raymond Franz, Crisis de Conciencia, Atlanta, Georgia, EEUU.

 Cuerpo gobernante 1975
El cuerpo gobernante de los testigos de Jehová a mediados de los años setenta