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comentario carta de SantiagoUna ilustración del espíritu prevaleciente dentro de la organización se encuentra en la actitud que mostró el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová hacia cierto material preparado originalmente para ser incluido en un comentario bíblico sobre la carta de Santiago.

El comentario había sido escrito principalmente por Edward Dunlap, anterior registrador de la escuela misional de la Sociedad Watch Tower, llamada Galaad, y coautor fundamental de su diccionario bíblico, Ayuda para entender la Biblia (ahora llamado Perspicacia para comprender las Escrituras). Ed Dunlap era un testigo muy activo. Durante los últimos cinco o seis años de mi residencia en el complejo de la central internacional de la Sociedad Watch Tower en Brooklyn, viví en habitaciones cercanas a las suyas, y cada domingo por la mañana, prácticamente sin excepción, se podía ver a Ed y a su esposa dirigiéndose a la estación de metro para ir a la congregación de Canarsie con el fin de participar en el “servicio del campo” en grupo con otros miembros de la congregación. En este aspecto era mucho más ejemplar que algunos miembros del Cuerpo Gobernante.

Demostrando que no creía en un cristianismo pasivo y apático, Ed Dunlap indicó en la introducción al comentario bíblico que la carta del discípulo Santiago refutaba la idea de que la fe y las obras eran mutuamente excluyentes, o “que para el cristiano bastaba con una fe puramente intelectual”. Continuó diciendo sobre los que desestiman el valor de las obras:

“Esto pasaría por alto el que fuera necesario que la fe afectara el corazón, y negaría que la fe tuviera poder para impulsar a la persona a efectuar cambios en su personalidad y en su vida y a hacer cosas para otras personas en una expresión positiva de esa fe. Si sostenían esta idea, aquellos cristianos estaban llegando a ser como las personas de las cuales Pedro dice que tienen “una forma de devoción piadosa, mas resultan falsas a su poder”-2 Tim. 3:3 . . . De ninguna manera estaba diciendo Santiago que las obras por sí mismas pueden traer salvación. No podemos, propiamente, idear una fórmula ni construir una estructura por medio de las cuales podamos forjar nuestra salvación. La fe tiene que estar allí primero. Como claramente lo enfatizó Santiago, las buenas obras vienen espontáneamente del corazón, con el motivo o móvil correcto de ayudar a la gente por amor y compasión. La vida de Jesús es una ilustración de esto. La ley que el cristiano sigue es “la ley de un pueblo libre,” no un código de leyes como la ley mosaica. (Sant. 2:12; Rom. 2:29; 7:6; 2 Cor. 3:6) Es la ley divina que está escrita en el corazón del cristiano.-Jer. 31:33; Heb. 8:10.”

Había sido muy difícil conseguir que el cuerpo gobernante en conjunto accediese a la recomendación del Departamento de Redacción para escribir un comentario bíblico, no sólo sobre la carta de Santiago, sino cualquier comentario. Por alguna razón ciertos miembros parecían considerarlo una empresa arriesgada, y expresaban fuertes reservas o sentimientos negativos hacia el proyecto. Aunque eventualmente se aprobó, se publicó y se incluyó en el programa de estudio por un período de tiempo, este comentario (el único comentario bíblico real que ha producido jamás la organización) se ha dejado de imprimir. Algo que ayuda a entender el por qué, es una decisión tomada con referencia al libro en una de las sesiones del cuerpo gobernante.

En el párrafo que sigue a los puntos citados anteriormente, el libro, tal como se escribió originalmente, continuaba diciendo:

“Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas que éste tenga que seguir, aunque puede estimular a un hermano e incitarlo a obras excelentes; y hasta puede censurar a su hermano en los casos en que hay razón bíblica clara y prueba bíblica para lo que dice. (Sant. 4:11, 12; Gál. 6:1; Heb. 10:24) Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a su conciencia. El cristiano verdadero no hace las cosas por repetición mecánica, y no necesita un detallado código de reglas. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras debido a la presión de los hombres. El apóstol Pablo resalta estos hechos en Romanos capítulo 14. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, esto resultará razonablemente en obras. Serán buenas obras que Dios recompensará, porque se ejecutan debido a un corazón devoto. Sin embargo, el que trata de conseguir la justicia por medio de una estructura minuciosamente definida sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, fracasará. Tal “justicia” es de los hombres y no de Dios.”

Esta es una cita literal de este párrafo (de la página 7) tal como se aprobó originalmente por el Comité de Redacción del cuerpo gobernante, se envió a la imprenta de la Sociedad Watch Tower en Brooklyn, y de hecho se imprimió en cientos de miles de copias. No obstante, aparte de los miembros del cuerpo gobernante y de otras pocas personas, ningún testigo ha visto este texto, ni lo encontrará en la copia del comentario que posee. La razón es que debido a la oposición de ciertos miembros del Cuerpo Gobernante, se reescribió el párrafo, y se destruyeron los cientos de miles de copias que ya se habían imprimido-no solamente cientos de miles de páginas individuales, sino secciones de 32 páginas cada una. ¿Por qué? Los puntos a los que objetaron, y que cambiaron en última instancia, son significativos por lo que revelan en cuanto al pensamiento de esos mismos hombres.

Considere este mismo párrafo tal como aparece en el comentario, como finalmente se publicó y se distribuyó:

“Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas como medio de conseguir la salvación, aunque puede estimular a un hermano e incitarlo a obras excelentes; y hasta puede censurar a su hermano en los casos en que hay razón bíblica clara y prueba bíblica para lo que dice. (Sant. 4:11, 12; Gál. 6:1; Heb. 10:24) Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios. El cristiano verdadero no hace las cosas por repetición mecánica, y no necesita un detallado código de reglas. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20) Serán buenas obras que Dios recompensará, porque se ejecutan debido a un corazón devoto. Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20) Sin embargo, el que trata de conseguir la justicia por medio de una estructura minuciosamente definida sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, fracasará. Tal “justicia” es de los hombres y no de Dios.” 

Ciertamente en sí mismo no hay nada objetable con esta forma final en que se publicó el párrafo. La mayor parte del mismo es igual que la versión original. De hecho, uno se podría preguntar por qué los miembros del cuerpo gobernante estuvieron tan opuestos a la versión original como para ordenar la destrucción de cientos de miles de copias de la sección de 32 páginas. Sin embargo se han introducido cambios sutiles, y estos cambios son significativos. Estos cambios aportan discernimiento respecto al modo de pensar y al espíritu que caracteriza a muchos miembros del Cuerpo Gobernante. Considere los cambios introducidos entre el escrito original y el que se publicó finalmente:

REVISADO

ORIGINAL
“Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas que éste tenga que seguir, . . .
Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a la dirección de su conciencia.Tampoco lleva a cabo sus buenas obras debido a la presión de los hombres. El apóstol Pablo resalta estos hechos en Romanos capítulo 14. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, esto resultará razonablemente en obras.
“Como lo muestra Santiago, ningún cristiano debería juzgar a su hermano o establecer normas humanas como medio de conseguir la salvación, . . .
Las obras correctas, al ejecutarse, deben llevarse a cabo en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios.Tampoco lleva a cabo sus buenas obras sólo para complacer a hombres. Por eso, si alguien tiene una fe genuina, viva, lo razonable es que eso resulte en obras excelentes, entre las cuales estarán el predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino. (Mat. 24:14; 28:19, 20)

Lo incorrecto de que un cristiano intente “establecer normas humanas que éste [un hermano] tenga que seguir” ha sido alterado, por tanto, para decir “normas humanas como medio de conseguir la salvación”; se ha eliminado la referencia al papel de la “conciencia” al realizar obras justas, poniendo en su lugar “la dirección de la Palabra de Dios”; la afirmación de que el cristiano no ejecuta sus buenas obras “debido a la presión de los hombres” ha sido cambiada para leer “sólo para complacer a hombres”; y se ha cortado toda referencia al capítulo catorce de Romanos, insertado en su lugar la referencia a “predicar y enseñar las buenas nuevas del Reino”, a pesar de que en la entera carta de Santiago el propio discípulo en ninguna parte habla de esa actividad de predicar, mientras que sí lo hace de cuidar de huérfanos y viudas, de respeto por los pobres, de cuidar por los miembros necesitados de la congregación, del trato apropiado de asalariados, todo en relación con mostrar lo que es la genuina adoración cristiana, y con ilustrar obras de verdadera fe, compasión y amor.

¿Qué revela esto? Es cierto que ningún cristiano tiene el derecho de establecer normas humanas “como medio de conseguir la salvación”. Pero ¿por qué desearon los miembros del cuerpo gobernante limitarlo a esto, y por qué objetaron a la versión inicial, que ampliaba el asunto a cualquier norma humana establecida como algo que el hermano de uno “tenga que seguir”? La razón evidente es que por décadas la práctica de la organización ha sido el establecer precisamente tales normas humanas e insistir en que hay que adherirse a ellas, siendo en muchos casos la expulsión la consecuencia de incumplirlas. (Y se puede decir que cuando la expulsión es el castigo por el incumplimiento de una norma establecida, de hecho, esa norma se convierte en algo necesario “para conseguir la salvación”).

El cristiano, de hecho, realiza obras justas “en respuesta a la dirección de la Palabra de Dios”, tal como lee el texto revisado del comentario. Pero ¿por qué eliminar la “conciencia” del asunto, tal como se encontraba en la versión inicial? En última instancia, ¿no juega un papel vital la conciencia de uno al decidir en qué modo realizará ciertas obras, e incluso en tener una convicción personal en cuanto a las obras particulares que son “obras correctas” y en armonía con la Palabra de Dios? ¿Por qué estos cambios? Porque por décadas la organización ha enfatizado, no un cristianismo que refleja una fuerte convicción personal, sino un cristianismo distinguido por conformidad organizacional, con la autoridad centralizada determinando por sus miembros cuál es precisamente la “dirección de la Palabra de Dios” y cuál debería ser la “respuesta” de ellos a esa dirección. El propio ejercicio de la conciencia personal se ve como algo que requiere ser controlado por la organización. También es cierto que el cristiano no realiza sus buenas obras “sólo para complacer a hombres”. Pero ¿qué es lo que normalmente provoca que uno se sienta inclinado, incluso bajo obligación de complacer a hombres? ¿No es la presión aplicada en una gran variedad de formas-presión de grupo, presión basada en un sistema de recompensas, presión debida al temor de ser considerado como que no se está a la altura de las expectativas? Puesto que esta presión está en la raíz del problema de ‘complacer a hombres’, ¿por qué la eliminación de la referencia a “presión” que estaba en la versión original? Cuando se discutió esta porción, el miembro del cuerpo gobernante Jaracz, recomendó este cambio, diciendo que él pensaba que “la presión puede ser algo bueno”. Y durante décadas la organización ha ejercido presión sobre sus miembros, presión para participar en actividades organizacionales específicas y para estar a la altura de normas humanas establecidas por la organización, con poca o ninguna consideración de si la conciencia individual del miembro lo mueve a actuar así o no. Un medio notable para ejercer mucha presión ha sido el empleo de la hoja de “Informe del Servicio del Campo” que cada testigo debe rellenar cada mes (anotando la actividad en el trabajo de puerta en puerta y en otras actividades análogas), entregándola a la congregación para ser registrada en una “Tarjeta de Publicador” que se guarda en un archivo para ser examinada por los ancianos y por los “superintendentes de circuito” visitantes.

¿Es este punto de vista simplemente el de alguien que quiere eludir el realizar “obras correctas”, que es carente de celo para practicarlas o demasiado orgulloso para participar en ciertas actividades enfatizadas por la organización? Este es el modo como presenta el asunto en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower. Así, el libro de 1988 Apocalipsis … ¡se acerca su magnífica culminación!, página 45, habla de:

. . . alguien critique la manera como Jehová hace que se efectúe su obra y apele al espíritu de ahorrarse esfuerzos, al alegar que no es ni bíblico ni necesario llevar el mensaje del Reino de casa en casa. El participar en ese servicio según el ejemplo de Jesús y sus apóstoles mantendría humildes a estas personas; pero prefieren separarse buscando una vida fácil, quizás solamente leyendo la Biblia de vez en cuando como grupo particular. (Mateo 10:7, 11-13; Hechos 5:42; 20:20, 21).

Un artículo en la revista ¡Despertad! de 22 de mayo de 1990, sobre “Cinco falacias comunes” empleadas en la argumentación, lista la primera como “Descalificación de la persona”. En las páginas 12 y 13 dice que:

“Este tipo de falacia trata de refutar o poner en duda un argumento o declaración perfectamente válido por medio de descalificar a la persona que lo presenta. . . . ¡Qué fácil es tachar a alguien de “estúpido”, “loco” o “inculto” cuando dice algo que no queremos oír! Una táctica similar es la de desacreditar a la persona de una forma sutil e indirecta. . . . No obstante, aunque los intentos -directos o indirectos- de descalificar a la persona pueden intimidar y persuadir, nunca refutan lo que se ha dicho. De modo que no se deje engañar por esa falacia.”

Esas tácticas falaces son precisamente lo que empleó el escritor de la Sociedad Watch Tower en la porción recién citada del libro Apocalipsis. De hecho, cuán fácil es tachar a alguien de “criticar la manera como Jehová hace que se efectúe su obra” y de “apelar al espíritu de ahorrarse esfuerzos”, y de no ser “humilde” y de preferir “separarse buscando una vida fácil”, si la persona presenta evidencia bíblica contraria a las alegaciones de la Sociedad. Es mucho más fácil tachar a la persona de algo y desacreditarla, que responder a los argumentos bíblicos, que es lo que realmente está en disputa.

Se puede ver que este punto de vista desdeñoso es falso, considerando otro ejemplo más temprano que fue motivo de debate en el cuerpo gobernante. Tuvo que ver con los medios empleados para asegurar que los testigos dedicasen regularmente una porción de su tiempo a la distribución de las publicaciones de la organización de puerta en puerta.

Allá en 1971 se estaba preparando un manual organizacional titulado Organización para predicar el Reino y hacer discípulos. El proyecto estaba bajo la dirección de Karl Adams, entonces superintendente del Departamento de Redacción de la central internacional. De manera incuestionable, en ese período alcanzó una posición cercana a la de Fred Franz en la organización mundial, al ser investido por el Presidente Knorr con responsabilidad en cuanto a cuál sería el contenido de las publicaciones de la organización. Es cierto que Fred Franz era, en efecto, la única fuente de “nueva luz” y, excepto en raros casos de veto por parte del Presidente Knorr, él era el árbitro final en cuestiones bíblicas. No obstante, en el día a día, y en relación con el grueso de las cosas publicadas, Nathan Knorr en realidad confiaba más en Karl Adams que en Fred Franz. Tenía gran confianza en el juicio de Karl, y Karl era sin duda una persona más práctica que el vicepresidente. La asignación de Karl vino, no del cuerpo gobernante, sino directamente del Presidente Knorr. Knorr mismo asignaba a los que tenían que escribir artículos principales (llamados “artículos de estudio”) para La Atalaya. Todos las demás asignaciones para los hombres (aparte de Fred Franz) en el Departamento de Redacción de la oficina central en esa época venían a través de Karl Adams, y generalmente partían de él mismo, aunque Karl no era un miembro del cuerpo gobernante, ni profesaba ser uno de los “ungidos”. En el proyecto mencionado, seleccionó y asignó a Ed Dunlap y a mí (entonces miembro del cuerpo gobernante) para trabajar con él en la redacción del manual organizacional, escribiendo cada uno de nosotros aproximadamente un tercio del material. Vale la pena destacar que nosotros tres éramos consistentemente activos en el programa organizacional de “servicio del campo” y de asistencia a las reuniones.

Cuando el proyecto se aproximaba a su fin, Karl Adams escribió una carta al Presidente Knorr, pidiendo guía en puntos específicos. Aunque tenía que ver con lo que habíamos elaborado nosotros tres, la carta, fechada el 18 de noviembre de 1971, no había sido redactada entre los tres. El contenido era de Karl Adams mismo. Él era el supervisor presidencialmente nombrado del Departamento de Redacción, y Ed Dunlap y yo éramos sus subordinados en ese departamento. Por lo tanto, no estaba bajo ninguna presión para discutir lo que discutía o de presentar la información del modo que la presentó. Creo que Karl reconocería honestamente esta realidad. Note, pues, lo que escribió al Presidente Knorr en cuanto a los efectos que tiene en los testigos el uso de la hoja de informe de la organización, tal como se presentó en una sección de su carta, titulada “Informando el servicio del campo”:

“En este momento informamos los libros, folletos, y revistas colocados, y también las suscripciones obtenidas. El resultado es que demasiado a menudo, los publicadores consideran su “éxito” en términos de lo que han colocado. La literatura es una ayuda maravillosa par ayudar a la gente a aprender la verdad, pero los publicadores tienden con frecuencia a considerar la colocación como su “meta”. Cuando encuentran a alguien que ya tiene literatura, en lugar de dirigir su atención a la obra vital de hacer discípulos, se inclinan a pensar en términos de qué nueva publicación llevan que pudieran colocar en manos de la persona. [¿Por qué?] Saben que la congregación va a mantener un registro de lo que colocan individualmente. Esto influye en el uso que hacen de la literatura. También, el hecho que se informe lo colocado, tiene influencia en la base sobre la cual los siervos [ancianos] en las congregaciones tienden a alabar el trabajo hecho por los publicadores. No se hace ningún informe del amor mostrado a otros hermanos, o de cómo una persona desempeña sus responsabilidades cristianas en el hogar, o de cómo se manifiestan los frutos el espíritu, así que la tendencia es a enfatizar el valor de estas cifras en la tarjeta de publicador más allá de lo que ellas se merecen.”

Pocos testigos estarían en desacuerdo con las observaciones de Karl Adams, pues saben que son ciertas. Karl nos había pedido la opinión a Ed Dunlap y a mí, y nosotros comentamos de modo particular sobre los problemas bíblicos del arreglo de informar. Algunos de estos comentarios están reflejados en lo que Karl continúa escribiendo. Sin embargo, no sería cierto asumir que lo que escribió no reflejaba su propio pensamiento sobre el asunto. Los que lo conocen saben que es una persona que no adopta fácilmente las ideas de otros, ni las presenta como suyas, particularmente las de sus subordinados. No sólo son de Karl Adams las palabras siguientes, los pensamientos que expresan también lo son, pues las expresó en esencia en la discusión que mantuvo con nosotros. De hecho, me sorprendió el grado de franqueza manifestado en su carta. Karl escribió:

“Debemos admitir que el entero arreglo de informar nuestro servicio del campo es algo que va más allá de lo que la Biblia requiere específicamente de los cristianos. Siendo esto así, cualquier cosa que se haga en el modo de informar debería manejarse de una forma que evitara cualquier conflicto con el consejo de Jesús, que dice: “Cuídense mucho para que no practiquen su justicia delante de los hombres a fin de ser observados por ellos” (Mat. 6:1). También, en 2 Corintios 10:12 Pablo advirtió contra exaltarse uno mismo por medio de hacer comparaciones (Ver también Gálatas 5:26). Sin embargo, el mantener un registro de colocaciones tiende a hacer que los publicadores piensen en esos términos. Como es bien conocido, los siervos [superintendentes] de circuito han desanimado a siervos [ancianos] que trabajan duro en las congregaciones, por presionarles en asuntos que tienen que ver con sus informes de servicio del campo, cuando, en realidad, estaban haciendo esfuerzos por pastorear el rebaño-pero, por supuesto, ese tiempo no aparece en el informe. Y, al hablar a la entera congregación, un siervo [superintendente] de circuito a menudo da más atención a si la congregación está colocando 12 revistas por publicador que a si hay amor cristiano genuino en la congregación.”

¿El efecto sobre el testigo individual? El memorándum de Karl Adams afirma:

“Este punto de vista deforma la apreciación que tiene la persona de lo que en realidad dice la Biblia. Romanos 15:1 se refiere al hecho de que los que son fuertes deberían ayudar a los que no lo son. El contexto discute la fe de uno. Pero los siervos [ancianos] han sido entrenados para aplicar esto a ayudar a los publicadores cuyo informe del servicio del campo es bajo. Y cuando empleamos textos bíblicos que hablan de “obras excelentes”, como Tito 2:14, se inclinan a pensar principalmente en lo que se ve en un informe del servicio del campo, pero la predicación pública de la palabra es solamente una parte pequeña del cuadro, como muestra el contexto (Ver Tito 1:16; 2:5; 3:15).”

Con seguridad, estos comentarios ilustran gráficamente que, en contradicción con la revisión que hizo el cuerpo gobernante del comentario sobre Santiago, se han establecido “normas humanas”, que ahora son un factor de influencia en lo que la persona testigo entiende que es la “dirección de la Palabra de Dios”, y que ejercen una presión notable sobre los miembros de la organización para que se sometan y para que cumplan esas normas humanas, incluso a costa de ignorar las obras que están claramente establecidas en las Escrituras. Aunque esta carta del cabeza del Departamento de Redacción se escribió allá en 1971, los testigos saben que poco ha cambiado; la situación en los años noventa es la misma. Quizá lo único que ha cambiado es que hoy pocas personas, probablemente ni siquiera Karl Adams mismo, se sentirían libres de escribir tan francamente como él lo hizo.

La carta de Karl Adams fue llevada por el Presidente Knorr a una sesión del cuerpo gobernante. Aunque Karl Adams había sugerido específicamente que se permitiese bastante tiempo para que los miembros la revisasen privadamente y valorasen su contenido, aparte de yo mismo, los otros miembros del cuerpo gobernante no habían visto la carta previamente, y por lo tanto se les privó de tiempo valioso para pensar en su contenido o para examinar los textos bíblicos citados y meditar en ellos. Esos puntos bíblicos, de hecho, al igual que el bien conocido efecto perjudicial sobre los testigos de la política de informes, recibió poca consideración en la sesión, y la decisión del Cuerpo fue continuar con la práctica tradicional de la organización. Karl Adams no se sorprendió, ni Ed Dunlap ni yo.

Los puntos expresados en la carta escrita por este superintendente nombrado organizacionalmente, que ocupaba una posición sensitiva como cabeza del Departamento de Redacción, son expresiones que nunca se encuentran en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower. Las preocupaciones que este memorándum expresó tan vigorosamente ni siquiera se han reconocido. Sin embargo su validez es innegable. Aunque reconoce la veracidad de los puntos expresados, la mayoría de los testigos se sentiría temerosa de hablar abiertamente de ellos hoy. El hacerlo sería exponerse a la acusación de deslealtad, a acusaciones de falta de humildad y, por tanto, de ser demasiado orgulloso para participar en las actividades especificadas por la autoridad centralizada. Como se ha dicho, dudo seriamente de que el propio Karl Adams (todavía un miembro prominente del Departamento de Redacción) se sintiese hoy cómodo expresando sus pensamientos como lo hizo entonces, no porque opine de modo diferente sobre la validez de sus declaraciones, sino por las consecuencias indeseables que probablemente le ocasionarían.

Apéndice al capítulo 6

Los cambios hechos al Comentario a la carta de Santiago que se presentan en el capítulo 6 surgieron casi fortuitamente. La discusión del contenido del libro, sin publicar aún por aquel entonces, vino por objeciones del miembro del cuerpo gobernante Fred Franz a la explicación dada a Santiago 5: 14, 15 por Edward Dunlap, escritor del comentario. Esos versículos contienen una exhortación a cualquier cristiano “enfermo” para que llame a los ancianos, quienes orarán por él, “untándole con aceite” en el nombre del Señor. La explicación de Dunlap aportaba evidencia de que eso se refería a enfermedad física, en tanto que la interpretación de la Sociedad Watch Tower había limitado el significado a enfermedad espiritual durante mucho tiempo, entendiendo el “aceite” en sentido figurado, refiriéndose a la ‘información consoladora contenida en las Escrituras’.

El presidente, Fred Franz, como miembro del Comité de Redacción del cuerpo gobernante, había leído el material cuando éste había sido enviado a dicho comité, de la misma manera que lo habían hecho los otros cuatro miembros de ese comité. En el escrito en el que presentaba sus objeciones el presidente escribió (cita literal del original de ese memorandum):

“Ese material debería corregirse, eliminando del mismo la inclusión de enfermedad física. De otra manera al hacer el “pastoreo” a personas enfermas, los ancianos tendrían que llevar consigo un frasco con aceite para el ungimiento. ¿Qué clase de aceite, de oliva, de cacahuete, aceite mineral ruso o qué clase de aceite? ¿Han de untar y frotar quienes hacen el “pastoreo” a las hermanas enfermas? ¿En qué parte de su cuerpo deberían aplicar el aceite?”

Esos comentarios fueron seguidos por varias declaraciones más, pero todas en la misma línea.

En realidad, el material suministrado por Dunlap trataba el asunto de una manera conservadora y equilibrada comparando la práctica con el lavado de pies que, aunque era común en tiempos bíblicos como acto de hospitalidad, hoy no se practica. El material sugería maneras alternativas en las que los ancianos podrían mostrar algo equivalente a eso y un cuidado confortante hacia los fieles cristianos enfermos.

Ya que se me encomendó supervisar el desarrollo del comentario, fui al despacho de mi tio y discutí con él sus objeciones. Especialmente enfoqué la atención en el hecho de que la misma frase griega “untar con aceite” se halla en Marcos 6: 13 en donde claramente se refiere a acciones sobre personas físicamente enfermas. Después de una considerable discusión, me dijo que fuera a otros miembros del Comité de Redacción y dijo que si ellos estaban dispuestos a aceptar el material, no insistiría en hacer valer sus objeciones. Los otros miembros estuvieron dispuestos a aceptar el material y éste fue enviado a la planta de impresión de la Watch Tower, preparada e impresa en cientos de miles de ejemplares.

Semanas más tarde, al cierre de una sesión del cuerpo gobernante, sin ningún aviso previo al Comité de Redacción (o a mí personalmente), el presidente sacó a relucir el asunto e hizo una larga exposición sobre las objeciones, haciendo especial hincapié en lo ya mencionado. Nada dijo al cuerpo gobernante relativo a sus palabras anteriores conmigo y su disposición de conformidad con la decisión de los otros miembros del Comité de Redacción del que él formaba parte. Recuerdo que Grant Suiter tomó la palabra y dijo: ¿”Dónde está ese material”? y, al ser informado por Lyman Swingle que había sido enviado a fábrica, Suiter continuó: “Entonces digo ¡tráiganlo aquí e imprímase la verdad!”. Al igual que los otros miembros del Cuerpo que no eran miembros del Comité de Redacción, él no había leído ni visto el material, pero se había presentado la exposición de Fred Franz y eso fue suficiente evidencia para que él formara su opinión.

Cuando se tuvieron ejemplares del material (tomados de los centenares de miles ya impresos) el cuerpo gobernante discutió el asunto, terminando el debate con una votación favorable a la reescritura del material a fin de acomodarlo a la visión tradicional de esos versículos. Entonces, uno de los miembros, no recuerdo cuál, trajo a discusión partes del capítulo 6 de ese trabajo. El resultado final partió de allí.

Cuando el material fue reescrito el texto de Marcos 6: 13 no se discutió, ni tan siquiera llegó a citarse. Se empleó una nota del comentario bíblico de Schaff-Lange, ya que sugería un “entendimiento simbólico del pasaje”, permitiendo una aplicación relativa a enfermedad espiritual. Lo que el material revisado no establecía es que el mismo comentario venía a decir que en tiempos Cristianos la práctica de ‘untar con aceite’ también se llevaba a cabo de manera literal. Puesto que esa declaración, igual que Mateo 6: 13, no favorecía el argumento, no fue mencionada.

-Véase Comentario a la Carta de Santiago, páginas 199-203. Pueden obtenerse copias del material original, tal como fue impreso en un principio en la fábrica de la Watch Tower, a través de Commentary Press.

Raymond Franz, A la Búsqueda de la Libertad Cristiana, Atlanta, Georgia, EEUU.