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Traducción:

Testigo bajo acusación
Una secta hermética y apocalíptica rechaza a un anterior líder

Por 40 años, Raymond Franz dedicó toda su vida a los testigos de Jehová. La religión respondió ascendiéndolo a lo más alto, como un miembro de su cuerpo gobernante a nivel mundial. Pero este fue un período difícil para el liderazgo. En 1975, la secta se enfrentó a una debacle: el mundo actual no desapareció como las publicaciones de los Testigos habían asegurado que ocurriría. En una fe en la que no se toleran las dudas, surgieron inevitablemente preguntas en las mentes de algunos creyentes. Gradualmente, Franz empezó a cuestionar otras enseñanzas y ahora, en una caída tan dramática como ser excomulgado del colegio cardenalicio, ha sido aislado o, como lo dicen los testigos, “expulsado”. El resultado es que el anterior líder es ahora rechazado por casi toda la gente con la que alguna vez colaboró, aislado de todos sus familiares con excepción de su esposa, y se le ha negado cualquier esperanza de obtener la vida eterna.

Los dirigentes de la sociedad Watch Tower, como se conoce formalmente a la organización religiosa que tiene unos 2,257,000 seguidores, se negaron a dar comentario alguno sobre el caso sin precedentes. Pero Franz, de 59 años, aceptó de manera renuente romper su silencio y explicarle a TIME las acusaciones en su contra. Al hacerlo, nos brinda un vistazo poco común dentro de la hermética central mundial de la fe rigurosamente organizada.

Franz es un Testigo que pertenece a la tercera generación. Su tío, Frederick W. Franz, de 88 años de edad, ha sido el principal ideólogo de la religión por décadas y, desde 1977, su presidente. Raymond Franz empezó a colaborar de tiempo completo con la secta una vez que terminó el bachillerato. Sufrió penurias por unos 20 años como misionero en el Caribe, se convirtió en un escritor confiable de publicaciones oficiales y se unió al Cuerpo Gobernante que constaba de 17 miembros en 1971.

Conocidos afuera por su persistente proselitismo de casa en casa, los testigos de Jehová existen dentro de lo que Franz identifica como una comunidad “sellada herméticamente” donde se vigila cuidadosamente cada cuestionamiento doctrinal o chispa de pecado. Esto es verdad principalmente en Betel, la central mundial de la secta ubicada en Brooklyn. Según el relato de Franz, se considera incorrecto leer o estudiar la Biblia a no ser que se haga de conformidad con los lineamientos doctrinales autorizados por la Watch Tower para evitar que el personal caiga en el error.

Debido a su propio trabajo como uno de los autores de un volumen oficial sobre la Biblia y un sentimiento creciente de que la disciplina dentro de la Watch Tower era muy dura, Franz en privado llegó a la conclusión de que la religión daba más énfasis a la organización humana que las enseñanzas bíblicas. El señala: “Aunque se producían personas que en apariencia tenían un sentido moral, se minaban las cualidades esenciales de la humildad, la compasión y la misericordia”.

Franz nunca dio indicios de sus dudas mientras daba discursos en unas 50 naciones en la década de los 70. Pero para disminuir su presión interna, pidió permiso para ausentarse de sus responsabilidades en Betel a principios de 1980. Mientras tanto, el cuerpo Gobernante había empezado una investigación secreta de rumores de herejías, y utilizó tácticas al estilo de la “cámara de la estrella”. Inicialmente no hubo confrontaciones directas. En su lugar, supuestamente se amenazó a miembros del personal [de Betel] con ser expulsados para obtener su testimonio sobre discusiones doctrinales que habían entablado con otros. El 21 de mayo, se convocó a Franz a Brooklyn para un interrogatorio de fe por parte de sus compañeros del cuerpo gobernante. ¿Dudaba que Jehová tuviera únicamente una organización elegida? ¿Cuestionaba la cronología oficial sobre los últimos días? Franz buscó evitar la confrontación pero únicamente pudo “ceder hasta cierto punto”. No fue suficiente, sus oponentes no lograron obtener una mayoría de dos tercios para lograr expulsarlo en el acto aunque sí se le obligó a renunciar a Betel. En suma, se hizo la purga de cerca de una docena de dirigentes, casi con seguridad la peor crisis doctrinal que se haya enfrentado en la central mundial de la Watch Tower.

Sin embargo, la persecución de Franz no terminó allí. Como un refugiado fuera de Betel y la actividad que había realizado toda su vida, descubrió que contaba con muy pocas habilidades comerciales, una liquidación de $10,000 dólares por parte de la central mundial y $600 dólares como parte de su ahorro personal. Le pidió ayuda a un viejo amigo en la fe, Peter Gregerson de Gadsden, Alabama, quién dirige una cadena regional de supermercados. Gregerson les prestó a Franz y su esposa una casa rodante para que pudiera vivir en ella y le dio trabajo en cuestiones de mantenimiento. Para 1981, Gregerson también había empezado a cuestionar el dogma de la Watch Tower y renunció a la fe.

Seis meses después, la revista oficial La Atalaya anunció que la regla de no hablarse con los Testigos expulsados incluía dejar de tratarse con aquellos que como Gregerson decidían “desasociarse”. Poco tiempo después, alguien vio a Franz comiendo con Gregerson, su benefactor. Con esa imagen bastó para establecer la infracción técnica por la que finalmente los líderes en Gadsden pudieron expulsar a Franz hace un par de meses. “De un solo golpe, eliminaron todos mis años de servicio”, dice Franz. “Francamente no considero que haya otra organización que ponga tanto énfasis en que haya un 100% de conformidad”.

Sin embargo, desde el punto de vista del liderazgo, obviamente era imperativo golpear a Franz y los otros. El énfasis al estilo de Lutero por parte de los disidentes en “únicamente la escritura” y no la interpretación oficial era únicamente una amenaza a los fundamentos de la religión. Muchas otras doctrinas centrales de la Watch Tower estaban también en riesgo.

Por poner un ejemplo, los testigos creen que únicamente 144,000 de los fieles (un número tomado de Revelación 14: 1-3) “nacerán de nuevo” e irán al cielo. Los dirigentes de la fe, entre los que alguna vez se contaba a Raymond Franz, provienen de esa élite. A las “otras ovejas” que son leales a la Watch Tower se les promete un paraíso en la tierra. Jehová dentro de poco aniquilará al resto de la raza humana. Los disidentes rechazan este sistema a base de clases. Arguyen que la cifra de 144,000 es simbólica y que todos los creyentes desde los días de Cristo irán al cielo.

Los testigos también enseñan que la Segunda Venida ocurrió secretamente en 1914, una fecha a la que llegan mediante un razonamiento complejo en parte histórico y bíblico; el final de este sistema de cosas debe ocurrir durante la generación que vive en la actualidad (una interpretación de Lucas 21: 32; “Esta generación no pasará hasta que todo haya ocurrido”). Los disidentes han llegado a la conclusión de que el reino de Cristo y los “últimos días” empezaron alrededor del año 33 d.C. y que la Segunda Venida de Cristo es un evento a futuro.

Los disidentes, en otras palabras, se han movido hacia el cristianismo convencional, con la excepción de que continúan rechazando la divinidad de Cristo. Por su parte, Franz no se ha convertido en un antagonista amargado de la Watch Tower. “No hay vida fuera de la organización” es todo lo que dice sobre el dolor de haber sido expulsado. Pero otros ex testigos han lanzado un aluvión de protestas, publicaciones y demandas. Estos disidentes arguyen que aproximadamente 1 millón de personas han abandonado las filas de la Watch Tower durante la última década. El informe de los testigos dice que continúan creciendo, gracias a su imparable reclutamiento. Con todo, es probable que dicho éxito no dure mucho tiempo. Se han visto en la necesidad de retractarse de la fecha de 1975, pero el Fin debe ocurrir mientras vivan las personas que aún recuerden los eventos que ocurrieron en el mundo en 1914. En vista que las filas de dichos vetustos disminuyen rápidamente, los testigos se enfrentan a una fecha límite absoluta que cada vez genera más problemas y que ellos mismos establecieron. – Por Richard N. Ostling. Con información de Anne Constable/ Atlanta