Se ha dicho que la razón de ser de los testigos de Jehová es que tuvieron que surgir en 1919, después de la venida invisible de Cristo en 1914, para ser un contraste con el resto de iglesias de la llamada “cristiandad” y proclamar también la inminente caída de ‘Babilonia la Grande’, según ellos, el ‘imperio mundial de la religión falsa.’  Además, también se afirma que si se mostrara que la construcción cronológica relacionada con 1914 y 1919 fuera errónea, entonces los testigos perderían en realidad su verdadera razón de ser.

El problema es que ya se ha mostrado con creces que la interpretación cronológica relacionada con los “siete tiempos” de Daniel, es demasiado atrevida, demasiado imaginativa y que adolece de firme base histórica. Sean cuales sean las fuentes que se consulten, ningún historiador reconoce que Jerusalén fuera destruida por Nabucodonosor en el año 607 a. C. Más bien de manera unánime marcan aquel evento histórico con veinte años de diferencia, es decir, al año 586/7 a. C., lo que dejaría sin validez y sin ninguna base, la interpretación relacionada con 1914 y por ende, 1919.

Hay que reconocer por tanto que los dirigentes de los testigos tienen ahí un serio problema que resolver. Por eso creo sinceramente que sus alusiones a 1914 o 1919 deberían ir cesando progresivamente, o mucho mejor, reconocer con humildad y públicamente que sus especulaciones han sido simplemente erróneas. Más bien que tener 1914 o 1919 como referencia o como su razón de ser, los testigos deberían tener como único referente a Jesús de Nazaret y su importante y significativa obra espiritual. Como único y verdadero centro del cristianismo, los testigos no deberían tener ninguna otro ‘punto de arranque.’ Los dos dicípulos que caminaron junto con él hacia Emáus no tenían ninguna otra referencia (y sin embargo, su ‘corazón les ardía’); ni tampoco cristianos de todos los tiempos.

Habría que tener el valor de erradicar lo artificial y lo añadido, abandonar el estilo propio y tan imaginativo de la llamada “religión americana” (Harold Bloom) y volver con determinación a las verdaderas raíces. En realidad, creo que los testigos no tienen más opción, si no, el tiempo siempre jugará en su contra; simplemente no podrán resultar creíbles. Y nadie suficientemente responsable querría que se le acusara de predicar ‘otra clase de evangelio.’ -Gálatas 1:6-8, NVI.

Esteban López