Cuando alguien llega a familiarizarse un poco con el espíritu de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, sabe muy bien que es al ser humano individual al que se le ofrece la posibilidad de tener una relación personal con Dios. Por primera vez la expresión “Padre” se repite una y otra vez en los evangelios como una posibilidad real de relación espiritual con Él. La fuerza que el concepto ‘nación‘ tenía en el tiempo de Israel cambia sustancialmente; con el cristianismo nace una nueva nación de índole espiritual compuesta por todas aquellas personas que ‘adorarían al Padre con espíritu y verdad.’ Se trataba de una relación de ”Tú-yo,” entre la persona y Dios mismo. Era por tanto algo personal e intransferible.

Así las cosas, cabe preguntarse si en una comunidad sencilla de creyentes debería existir algún tipo de Tribunal del Santo Oficio o comité judicial compuesto por unos hombres que controlaran con amenazas (ahora excomunión, antes con la quema física) las creencias de otros en todos y cada uno de sus detalles para encajarlas dentro de un dogma o cuerpo doctrinal determinado. Eso sí, resulta chocante comprobar que las razones para la excomunión en una iglesia, es posible que nada tengan que ver con las razones de otra. Y es que los dogmas varían de iglesia en iglesia y por lo tanto también las causas de expulsión o marginación. Por eso, ¿tán importantes son algunos dogmas como para enjuiciar tan severamente a alguien?  ¿debería ser tan cruel el castigo por la sinceridad de conciencia, cuando la experiencia muestra que la disidencia de hoy se convierte a menudo en la ortodoxia de mañana?

Hace algunos años, llegué a saber de una mujer de Nueva Zelanda que, después de haber pasado toda su vida como testigo de Jehová, reconoció con sinceridad haber leído los libros de Raymond Franz. Solo por ello, primero se la ‘señaló‘ adversamente como compañía non grata y fue convocada a reunirse con un comité judicial que decidió su expulsión. Ella  apeló por la tremenda injusticia y entonces se formó un comité de apelación compuesto por nueve hombres que durante toda la sesión la increpaban a ella y al autor de los libros con expresiones tan humillantes y despectivas como ‘apóstata’ o ‘el perro que vuelve a su vómito.’ ¿Puede alguien imaginar cómo puede llegar a sentirse una mujer sola ante nueve hombres arrogantes, investidos de tanta ‘autoridad’, y aparentemente tan ‘seguros’ de todo?

Sinceramente, ¿puede uno imaginarse a Jesús de Nazaret quemando a la gente que no comulgara con sus creencias? ¿se le puede imaginar también formando a algunos apóstoles para que formaran un comité especial de control doctrinal, o escribiendo alguna clase de libro donde se aplicaran castigos de expulsión o extremo rechazo al prójimo? ¿Dónde habla la Biblia de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes llamada Santa Inquisición)? ¿Dónde habla de Comités Judiciales? Parece bastante obvio que, en esta cuestión, y en relación con el cristianismo sencillo y amoroso de Jesús, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Esteban López