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El TEMA que sigue a continuación, de ninguna manera quiere dar a entender, que el uso de la sangre no implique un serio grado de riesgo. Ni tampoco que una persona que elige sin coacción y voluntariamente evitar las transfusiones de sangre (o de algún componente o fracción sanguínea) sobre una base puramente religiosa esté actuando impropiamente. Aún los actos que son correctos en sí mismos llegan a ser malos si se hacen con una mala conciencia. Como dijo el apóstol, “¡Dichoso aquel que usa de su libertad sin cargos de conciencia! … todo lo que no se hace con la convicción que da la fe, es pecado”. (1) Dejo al lector que juzgue por sí mismo, si, en vista de la evidencia que se va a presentar, ciertos escrúpulos con relación a la sangre reflejan una conciencia fuerte o débil.

A la misma vez, no se debe de subestimar la seria responsabilidad que tiene una organización al imponer sus ideas sobre la conciencia personal del individuo en asuntos tan críticos. Lo que ha sucedido con la Sociedad Watch Tower en el asunto de la sangre ilustra, contundentemente, como el legalismo puede llevar a una organización a una maraña llena de inconsistencias, con la posibilidad de que sus miembros sufran todas las consecuencias desfavorables resultantes.

Empezando en los últimos años de la década de 1940, la organización, en un principio, declaró una prohibición absoluta de la sangre de cualquier manera o forma, ya fuese completa o fraccionada. Luego, con el paso de los años, añadió nuevos preceptos, entrando cada vez más y más en aspectos técnicos del tema. La tabla siguiente presenta básicamente la posición actual de la organización sobre el uso de la sangre:

Prácticas y componentes de la sangre prohibidos:

  • Sangre completa
  • Plasma
  • Glóbulos blancos (leucocitos)
  • Globulos rojos
  • Plaquetas
  • Almacenar la sangre propia del paciente para subsiguientes transfusiones

Prácticas y componentes de la sangre permitidos:

  • Albúmina
  • Inmunoglobulinas
  • Preparados para hemofílicos (Factores VIII y IX)
  • Desviación de la sangre del paciente a través de una máquina de diálisis u otro tipo de desviación donde la “circulación extracorpórea no se interrumpa”. (2)

Ahora la organización clasifica en categorías los elementos sanguíneos como componentes “mayores” o “menores” (el efecto que resulta de esta división aparece en la tabla anterior). Esta clasificación ilustra por sí misma tanto la naturaleza arbitraria así como la inconsistencia de tales reglas. ¿Cuándo le ha concedido Dios la autoridad a hombre alguno para que haga tal división? ¿Sobre qué base cierto porcentaje del total o lo que sea deciden ellos cuál es el punto divisor en el porcentaje separando “mayor” de “menor”? ¿O lo hacen sobre la base de la importancia vital de la función que cada componente tiene? Y si es así, ¿cómo evalúan y determinan la importancia relativa de tal función?

El anterior jefe de la propia plantilla médica de la central de la Watch Tower, un médico y cirujano, en conversación reconoció lo difícil de clasificar un elemento de la sangre como “mayor” o “menor,” en vista del hecho de que, si una persona necesita para salvar su vida un elemento sanguíneo en particular, entonces ese elemento es un elemento “mayor” para ella.'(3) Pero en realidad, la inconsistencia va mucho más allá.

Cuando se le ha hecho la pregunta de por qué no ha prohibido el uso de todos los componentes sanguíneos, la Sociedad Wachtower ha explicado sus cambios de política, como el permitir el uso de las fracciones de sangre citadas, por medio de decir que éstas son usadas en “cantidades muy pequeñas” y que esto coloca su uso dentro del campo de la conciencia personal.'(4) Sin embargo, cuando se examina el asunto de cerca, uno encuentra evidencia que indica, o ignorancia, o un encubrimiento de los hechos, hechos tan convincentes que ponen a la organización en una posición sin sentido. Considere lo siguiente:

Las declaraciones en contra del uso de la “sangre completa“, tan enérgicamente expresadas por la Sociedad Wacth Tower, suenan muy impresionantes a muchos Testigos. Aunque las transfusiones de sangre completa fueron muy comunes en las décadas del 1950 y del 1960, éstas no obstante, son poco frecuentes hoy en día. En la mayoría de los casos, al paciente se le administra únicamente el componente sanguíneo que necesita.'(5) La mayor parte de la sangre se separa en un número determinado de componentes (plasma, leucocitos, eritrocitos [glóbulos rojos], etc) en el período de tiempo en que se hace la donación. Estos componentes son almacenados para su uso posterior. La mayor parte de ellos serán enviados a centros hospitalarios. Por consiguiente, en la gran mayoría de los casos, cuando un testigo se encara a una transfusión, la cuestión a la cual tiene que hacer frente no es a una transfusión de sangre completa, sino a la transfusión de alguno de sus componentes.

La inconsistencia de las normas de la Watch Tower sobre el uso de los componentes sanguíneos aceptables y no aceptables, está claramente ilustrada en su norma en cuanto al plasma. Como se puede ver en la ilustración (véase la próxima página) tomada de la revista ¡Despertad! del 22 de octubre de 1990, el plasma compone aproximadamente el 55 por ciento del volumen sanguíneo. Teniendo en cuenta su volumen, la sociedad Watch Tower lo clasifica en la lista de “componentes mayores”. No obstante, el plasma está compuesto en un 93 por ciento simplemente de agua. ¿Cuáles son los componentes del 7 por ciento restante? Los principales son: albúmina, globulinas (de las cuales las inmunoglobulinas son los componentes más esenciales), fibrinógenos y factores coagulantes (utilizados en las preparaciones hemofílicas).(6)’ ¡Y estos son los mismos componentes que la organización alista como permisibles para sus miembros! Aunque el plasma mismo está prohibido, no obstante sus componentes principales son permitidos-a condición de que sean introducidos en el cuerpo por separado. Como dijo cierta persona, esto es como si el médico le dijese al paciente que en adelante ya no podría comer bocadillo con jamón y queso, pero que podría hacerlo si tomaba el bocadillo y separaba el jamón, el queso y el pan y se los comía por separado y no como bocadillo.(7)

plasmaLos leucocitos, o “glóbulos blancos,” también están prohibidos. En realidad, el término “glóbulos blancos” es algo equívoco, en particular si uno los asocia con “glóbulos rojos.” Esto es así, porque de hecho la mayoría de los leucocitos en el cuerpo humano están fuera del sistema circulatorio sanguíneo. El cuerpo, normalmente, contiene alrededor de 2 a 3 kilos de leucocitos, y sólo del 2 al 3 por ciento de esta cantidad están dentro del sistema sanguíneo. El 97 o 98 por ciento está esparcido a través del tejido corporal, formando su sistema defensivo (o inmunológico).(8)

Esto significa que una persona que reciba el transplante de un órgano recibirá simultáneamente más leucocitos del exterior que si hubiese aceptado una transfusión de sangre. Puesto que la organización Watch Tower ahora permite los trasplantes de órganos, la posición inflexible en contra de los leucocitos (a la misma vez que permite otros componentes de la sangre), no tiene sentido. Esta posición, ciertamente, no puede ser defendida con la lógica, el raciocinio o con base moral alguna, sino sólo con razonamientos artificiosos. Así mismo, también carece de base razonable la separación arbitraria de la sangre en componentes “mayores y menores”. Como hemos visto la organización prohíbe el plasma –aunque éste se compone principalmente de agua– a causa de su volumen (55% del volumen sanguíneo), no obstante, ¡prohíbe los leucocitos, los cuales, según el gráfico de ¡Despertad! componen menos del uno por ciento de la sangre! (9)

La falta de lógica o base moral al mantener esta posición se puede ver en el hecho de que, teniendo la misma cantidad, la leche humana contiene más leucocitos que la sangre. La sangre contiene alrededor de 4.000 a 11.000 leucocitos por milímetro cúbico, mientras que la leche materna durante los primeros meses de lactancia puede llegar a contener hasta 50.000 leucocitos por milímetro cúbico. ¡Esto es de cinco a doce veces más que la cantidad que hay en la sangre! (10)

Quedan, entonces, los eritrocitos ( o glóbulos rojos) y las plaquetas, en la lista de los componentes prohibidos. ¿Qué hay de los componentes permitidos? Un punto importante a tener en cuenta es que la organización de la Watch Tower, en apoyo a su argumentación, se basa en el mandamiento de la ley mosaica que ordena que la sangre de animales que se sacrifican para comer sea derramada, y que esto se cita para justificar la objeción de la organización a cualquier tipo de almacenamiento de la sangre humana. (11) Recuerde también que la organización permite los componentes sanguíneos de la lista, por constituir sólo una cantidad insignificante de sangre. Considere ahora los hechos siguientes con relación a los componentes que la organización clasifica como permisibles:

Uno de estos es la albúmina. Las albúminas se utilizan principalmente en conexión con quemaduras y hemorragias grandes. Se necesita alrededor de 600 gramos de albúmina para una persona que tenga del 30 al 50 por ciento de su cuerpo con quemaduras de tercer grado. Las normas de la Watch Tower permitirían esto. Pero, ¿cuánta sangre se necesitaría para extraer esta cantidad de albúmina? Se necesitaría de 10 a 15 litros de sangre para producir esa cantidad de albúmina.(12) Esto dificilmente es un “cantidad pequeña” También es obvio que los litros de sangre de los cuales se extrajo la albúmina fueron almacenados, no “derramados”.

Lo mismo sucede con las inmunoglobulinas (globulinas gama). Para producir lo suficiente de las globulinas gama para una inyección con jeringa (una vacunación para personas, incluyendo a los Testigos de Jehová, que viajen a los países que no gozan de condiciones muy higiénicas, y que quieran protegerse contra el cólera) requiere alrededor de 3 litros de sangre para obtener la cantidad necesaria.(13) Esto es todavía más de lo que se emplea para un transfusión normal de sangre. Y de nuevo, las globulinas gama son extraídas de sangre que es almacenada, no “derramada”.

Quedan, entonces, las preparaciones hemofílicas (Factores VUI y IX). Antes de que se llegaran a utilizar tales preparaciones, el promedio de vida de un hemofilico en la década de 1940, era de 16.5 años.(14) Hoy en día, debido a estas preparaciones derivadas de la sangre, un hemofílico puede llegar a vivir un período de vida de una persona normal. El producir las preparaciones para que un hemofílico viva tal período de vida requiere las extracciones de aproximadamente 100.000 litros de sangre. (15) Aún cuando las preparaciones hemofílicas mismas representan solamente una fracción de ese total, cuando consideramos su fuente, tenemos que preguntarnos ¿cómo se puede considerar que esto envuelva una “pequeña cantidad” de sangre?

El uso de cualquiera de estos componentes sanguíneos implica el almacenamiento, incluso masivo, de cantidades de sangre. Por un lado, la Watch Tower decreta como permisible el uso de estos componentes sanguíneos-y por consiguiente el almacenamiento envuelto en su extracción y producción-mientras que por otro lado ellos declaran que están opuestos al almacenamiento de sangre por estar condenado bíblicamente. Esta es la única base que ellos dan para prohibir el uso de la sangre propia por un Testigo, (es decir, el que la persona almacene parte de su propia sangre, la cual se devuelve después al torrente sanguíneo durante o después de la intervención quirúrgica).(16) Claramente, las posiciones tomadas son arbitrarias, inconsistentes y contradictorias. Es difícil de creer que tanto los que promueven tales normas como los escritores de las mismas, cuando presentan tales explicaciones y defensas de las mismas, sean tan ignorantes de los hechos y que esto no les permita ver la inconsistencia y arbitrariedad envuelta. Sin embargo, el pensar que sean así es lo único que pudiera librar la posición presentada de ser clasificada también como deshonesta.

El decidir sobre tratamiento médico y cuestiones de salud prohibiendo esto y permitiendo aquello es pisar en terreno peligroso. Por un lado se puede llegar a ser culpable de crear un temor irracional, y por otro lado el crear un falso sentido de seguridad. El derrotero sabio y humilde es el de dejar la responsabilidad de decidir sobre tales diferencias donde corresponde en primer lugar, es decir, en la conciencia del individuo.

Los artículos de la Watch Tower, sobre el tema de la sangre, hacen hincapié en la posición “inflexible” tomada por la organización sobre la sangre, con frecuencia alabando su propia posición como salvaguarda de la vida y salud de sus miembros. Muy difícilmente, si es que acaso alguna vez, puede uno leer un informe o una experiencia que refleje desfavorablemente sobre estas normas.

Artículos recientes llaman la atención a como las normas de la organización han protegido a sus miembros de contraer SIDA. Un artículo de ¡Despertad! del 8 de octubre de 1988, hace esta declaración. El mismo artículo señala que “para principios del 1985 la mayoría de los estadounidenses con hemofilia grave habían sido infectados con el virus del SIDA.” !Despertad! del 22 de octubre de 1990 actualiza esta información diciendo: “Los hemofílicos que en su mayoría utilizan un agente coagulante extraído del plasma, para tratar su enfermedad fueron diezmados. En los Estados Unidos entre el 60 y el 90 por ciento de ellos contrajo el SIDA antes de que se implantara un procedimiento médico para eliminar el VIH.” De forma similar, La Atalaya del 15 de junio de 1985, en un artículo titulado “Gran Bretaña, la sangre y el SIDA” comenta en la página 30 que “alrededor de 70 millones de unidades de concentrado de Factor VHI” fueron importadas de los Estados Unidos para tratar hemofílicos de Gran Bretaña, y sigue diciendo, “parece que al importar este producto sanguíneo el virus del SIDA fue transferido al suministro británico”

Mientras que contienen mucha alabanza del poder protector de las normas de la organización sobre la sangre, hay algo que todos estos artículos dejan de mostrar a sus lectores. Es el hecho de que aquellos hemofílicos infectados se infectaron principalmente de una fuente de sangre que la Sociedad Watch Tower había declarado oficialmente como permisible: el Factor VIII, que es una preparación hemofilica extraída del plasma.(17) Como ¡Despertad! del 22 de octubre de 1990 muestra, algunos casos de infección del SIDA se habían producido a través de “transplantes de tejido” los cuales son declarados como también “permisibles” por la organización.

Todo esto ilustra tanto la necedad, como lo completamente perjudicial que es, el que una organización asuma tener la sabiduría y la autoridad divina, y emprenda el desarrrollo de un complicado conjunto de normas y de distinciones técnicas, y luego las imponga como una norma moral obligatoria, decidiendo por otros, en qué casos y en qué circunstancias un asunto puede estar dentro o fuera del terreno de la conciencia personal.

El riesgo intrínseco o propio, tanto en una transfusión de sangre como de componentes sanguíneos o fracciones, es real. Pero a la misma vez, también es cierto que la gente puede morir en el quirófano debido a una hemorragia grande. El uso de la sangre propia de uno, almacenada hasta el tiempo de la intervención quirúrgica, lógicamente sería de interés para personas preocupadas en la posibilidad de contraer alguna infección asociada con la sangre. No obstante, como se ha visto, la organización asume la autoridad de declarar esto fuera del campo de la decisión personal, prohibiendo incluso “la recogida de sangre durante la operación” (es decir, durante la intervención quirúrgica, se recoge y es depositada en un recipiente de plástico y más tarde se transfunde devolviéndola al cuerpo).” (18) Y el hecho es que muchos miles de personas están anuentes a renunciar al derecho de tomar sus propias decisiones en asuntos tan críticos y decisivos, y dejan que una organización decida por ellos, aún cuando a lo largo de su historia muestra que no está dispuesta a reconocer su responsabilidad por el daño que producen sus normativas. Ellos son alimentados, casi exclusivamente, por aquellas declaraciones y experiencias que son solamente favorables, pero muy raramente son informados de los factores negativos.

Considere solo un ejemplo, tomado de un artículo de la revista Discover de agosto de 1988. Una mujer Testigo, a la edad de 42 años empezó a hacerse una serie de operaciones para extraerse tumores de la vejiga, tumores que ocurrían periódicamente a través de varios años. En la última vez esperó demasiado tiempo antes de ir al médico de nuevo, estaba sufriendo hemorragias fuertes y estaba gravemente anémica. Insistió en no recibir una transfusión de sangre y su decisión fue respetada. Durante una semana los urólogos intentaron sin éxito controlar la hemorragia. Su índice sanguíneo continuó bajando. La doctora que escribió el artículo describe lo que sucedió:

Gradualmente, a medida que su índice sanguíneo bajaba cada vez más, la Sra. Peyton se asfixiaba. Los órganos del cuerpo necesitan cierta cantidad de oxígeno para funcionar. Este oxígeno es transportado desde los pulmones al resto del cuerpo por las moléculas de hemoglobina que están en los glóbulos rojos … El equipo médico le puso a la Sra. Peyton oxígeno adicional por medio de una mascarilla, hasta que llegó virtualmente a respirar oxígeno puro (O2). Las pocas células rojas que tenía estaban totalmente cargadas pero la cuestión era que no había suficientes vehículos para llevar el combustible que su cuerpo necesitaba.

Su necesidad de aire aumentó. El ritmo respiratorio aumentaba Llegó a estar cada vez más débil y final e inevitablemerite-las fibras musculares de su corazón mostraron su desesperada necesidad de oxígeno. Ella experimentó un fortísimo y aplastante dolor de pecho.

La doctora que escribe el artículo comenta su impresión al llegar a la habitación del paciente:

“Al entrar a la habitación … me sobrecogí al ver la escena que había delante de mí. El centro de atención de todos era una mujer grande con una máscara de oxígeno, luchando por encontrar aire, respirando tan rápido que parecía humanamente imposible. En la cabecera de la cama había tres amigos, miembros de su iglesia [Testigos] aleccionándole … A su lado había varios médicos, había uno controlando el descenso de su presión sanguínea y otro tratando de obtener alguna sangre de una arteria. El fluido que llenaba lentamente la jeringa tenía la consistencia del ponche Hawaiano. Las pruebas sobre el mismo revelaron que tenía un recuento de glóbulos rojos de sólo 9 [cuando lo normal habría sido de 40]. Colgando de la barra de la cama había una bolsa con la orina que tenía un color cereza. La mujer se estaba muriendo. Los trazos del cardiograma mostraban el sufrimiento del corazón por medio de profundas bajadas. El daño que representaban, en cuestión de horas llegaría a ser irreversible”.

La mujer sufrió un paro cardíaco. El equipo de médicos y enfermeras empezaron a hacerle la resucitación cardiopulmonar, le administraron epinefrina y atropina, y después un chock eléctrico directo al corazón. Este palpitaba frenéticamente v se paraba de nuevo. Se le practicó más resucitación cardiopulmonar, sé le administró más epinefrina y atropina, otro shock eléctrico, y más resucitación cardiopulmonar. Se continuó este proceso durante una hora hasta que no hubo razón ni más esperanza para seguir continuando. El paciente estaba fuera de cualquier posible recuperación.

La médico que describió esta escena no consideró a la mujer como si fuera sólo una fanática. Ella escribió:

“Se me dijo que era una mujer inteligente, que entendió totalmente las implicaciones que envolvía su decisión. Pero, a mi parecer, su entendimiento surgía de un punto de vista oscuro impuesto por su fe”. (19)

Aquí había una mujer que tenía un problema que se le planteaba repetidamente y que requería una intervención quirúrgica periódicamente. Conociendo de antemano esta situación, el haber almacenado una cantidad de su propia sangre le podría haber parecido un proceder sabio y seguro. Sin embargo, la ley teocrática” hizo que desechara esta posibilidad. La obediencia a la “ley teocrática” no le permitió hacer una elección personal en este asunto.

Si las normas de la organización tuvieran una base verdaderamente bíblica, entonces cualquier sufrimiento que pudiera resultar de adherirse a éstas, tales como el daño por posponer o evitar una intervención quirúrgica debido a la preocupación o incertidumbre con relación a las cuestiones de la sangre, o hasta la pérdida misma de la vida a causa de sentirse bajo la obligación divina de rehusar todos los componentes, excepto los “permitidos”-todo podría ser visto como el sufrimiento al cual el siervo de Dios debe encararse de buena gana.(20) Muchos Testigos de Jehová son muy sinceros al mantener los requisitos de su organización en este asunto. Algunos incluso han visto morir a sus hijos como resultado de ello y sería cruelmente injusto atribuirlo a una falta de amor paternal por su parte. Ellos simplemente han aceptado que aunque complejos, o aún confusos los requisitos y normas de la organización están basados en la Biblia y, por consiguiente, ordenados por Dios. No obstante, pocas declaraciones han estado más débilmente basadas que éstas.

Como se ha visto anteriormente, muchas de las razones de la Watch Tower se concentran alrededor de los textos de las Escrituras Hebreas, mayormente de las ordenanzas de la ley mosaica. Puesto que la Sociedad reconoce que los cristianos no están bajo esa Ley, se cita con frecuencia el texto de Génesis capitulo nueve, versículos del 1 al 7. Este dice:

“Y Dios procedió a bendecir a Noé y a sus hijos y a decirles: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra. Y un temor a ustedes y un terror a ustedes continuarán sobre toda criatura viviente de la tierra y sobre toda criatura volátil de los cielos, sobre todo lo que se va moviendo sobre el suelo, y sobre todos los peces del mar. En mano de ustedes ahora se han dado. Todo animal moviente que está vivo puede servirle a ustedes de alimento. Como en el caso de la vegetación verde, de veras se lo doy todo a ustedes. Solo carne con su alma, su sangre, no deben comer. Y, además de eso, la sangre de sus almas, la de ustedes, la reclamaré. De la mano de toda criatura viviente la reclamaré, y de la mano del hombre, de la mano de cada uno que es su hermano, reclamaré el alma del hombre. Cualquiera que derrame la sangre del hombre, por el hombre será derramada su propia sangre, porque a la imagen de Dios hizo él al hombre. Y en cuanto a ustedes sean fructíferos y háganse muchos, hagan que la tierra enjambre de ustedes y háganse muchos en ella”.

Se afirma que, puesto que todos los humanos descendemos de Noé y sus hijos, estos mandamientos aplican todavía a todas las personas. Se representa como entendido que las ordenanzas sobre la sangre en la ley mosaica son simples repeticiones de, o elaboraciones de, la ley básica establecida con anterioridad y por tanto que está todavía en vigor. De otra forma, ya que los cristianos no están bajo esa ley mosaica, no tendría sentido el que se citaran los textos de ella como de importancia para la cuestión.(21) Se hace una aplicación eterna al decreto divino con relación a la sangre dicho a Noé.

Si eso es así ¿no es cierto que debería ser igualmente aplicable el mandato de “ser fructíferos y llenar la tierra” y de ” hacer que la tierra enjambre de ustedes y hacerse muchos sobre ella”? Y si es así ¿cómo es posible justificar el que la Sociedad Watch Tower estimule no sólo la soltería, sino de cierto modo el que no se tengan hijos entre los Testigos de Jehová casados? Bajo el encabezamiento “Tener hijos hoy día” La Atalaya del 1 de marzo de 1988 (página 21) dice que en vista del “tiempo limitado” que queda para hacer que la obra de la predicación se lleve acabo, “Por eso, es apropiado que los cristianos se pregunten qué efecto tendrá en su participación en esa obra vital el que ellos se casen o, si están casados, el que tengan hijos.” El articulo reconoce que el tener hijos es parte del mandato que Dios dio después del Diluvio, pero se dice en la página 26 que “Hoy día el tener hijos no es una parte específica de la obra que Jehová ha encomendado a su pueblo…. De modo que el asunto de tener hijos en este tiempo del fin es un asunto personal que cada matrimonio debe decidir por sí mismo. Sin embargo, puesto que ‘el tiempo que queda está reducido,’ las parejas casadas harían bien en pesar cuidadosamente y con oración los puntos a favor y en contra de tener hijos en estos tiempos”. Si las palabras de Jehová a Noé con relación a tener hijos y el ‘enjambrar fructíferamente la tierra’ pueden aparcarse a un lado como algo que no aplica, ¿cómo se puede afirmar consistentemente que sus palabras con relación a la sangre sí que están en vigor, y también utilizarlas como base para justificar la aplicación de mandatos de la ley mosaica con relación a la sangre, y decir también que estos están en vigor para los cristianos hoy?

Más significativo, todavía, es que las palabras del Génesis son utilizadas para decir algo que es muy diferente de lo que en realidad dicen. La lectura del texto hace patente que Dios ahí habla de la sangre en conexión con el matar animales y posteriormente con el matar humanos. En el caso de los animales, su sangre era vertida para hacer un reconocimiento implícito de que la vida que había sido sacrificada (para obtener alimento) era tomada solamente por permiso divino, no por derecho natural. Con relación al hombre, el derramar su sangre exigía la vida del que hacía tal derramamiento, puesto que la vida humana es un don de Dios y El de ninguna manera ha autorizado al hombre para que quite la vida humana cuando quiera.

La sangre derramada de animales y humanos matados, representa la vida que ellos han perdido.(22) Lo mismo es cierto con relación a los textos de la ley mosaica que se citan regularmente, requiriendo que la sangre sea “derramada. “En todos los casos, esto se refiere muy claramente a la sangre de animales que han sido matados. La sangre representa la vida tomada, no la vida que todavía está activa en la criatura.(23)

Las transfusiones de sangre, no obstante, no son el resultado de matar a animales o humanos; la sangre proviene de un donante vivo que continúa vivo. En vez de representar la muerte de alguien, tal sangre se emplea para un propósito totalmente contrario, a saber, la conservación de la vida. Digo esto, no para declarar a las transfusiones de sangre como una práctica deseable o con propiedades incuestionables, sino simplemente para demostrar que no hay una conexión real o parecido legítimo entre el mandato del Génesis con relación al matar y después comerse la sangre del animal matado, y el uso de la sangre de una transfusión. Simplemente no hay ninguna correspondencia verdadera.

En diciembre de 1981 un hombre que por entónces estudiaba con los Testigos de Jehová, escribió a la Sociedad Watch Tower comentando las dificultades que tenía para armonizar la normativa sobre las transfusiones de sangre, con los textos que se utilizan como base para la normativa. Su comentario de los textos muestra unas conclusiones parecidas a las que se han presentado:

Así estos pasajes mencionados arriba parece que me indican que las prohibiciones con relación a comer sangre en la Biblia, se refieren solamente a la situación en que el hombre mata a la víctima y entonces utiliza la sangre sin devolverla a Dios, el que es quien únicamente tiene el derecho de tomar la vida.

Sin embargo lo que especialmente me impresionó, fue la expresión que utilizó él al final de su carta:

Otro punto en relación con este mismo tema que me ha molestado, es que los Testigos de Jehová dicen que Dios prohibe comer sangre porque representa la vida, la cual es de gran valor a los ojos de Dios, y que él desea inculcar en el hombre el valor de la vida a través de la prohibición de comer sangre. Y esto me parece muy razonable. No obstante, no logro ver como el símbolo puede ser de más grande valor gue la misma realidad que representa, Admitiendo que, en la mayoría de los casos, las transfusiones de la sangre sean de poco valor o incluso dañinas, no obstante en un pequeño porcentaje de casos la sangre es el único medio posible de mantener la vida hasta que se puede utilizar otro tratamiento, como por ejemplo, una hemorragia interna masiva que no pueda ser detenida inmediatamente. Me parece que en este tipo de casos dejar que una persona muera por mantener el símbolo de la vida es una contradicción en sí misma así como el hecho de colocar más importancia sobre el símbolo que en la realidad que simboliza, … Yo creo, y tan firmemente como lo hacen los Testigos de Jehová, que si se le presenta la situación de tener que hacerlo, un cristiano verdadero debe estar preparado para dar su vida por su fe en Dios. Pero dar la vida de uno cuando Dios en realidad no lo requiere o no lo desea, no me parece que sea de valor alguno.(24)

Finalmente, el utilizar las leyes que mandan que se derrame la sangre, como una base para condenar el almacenamiento de sangre es ignorar el propósito explícito de esas leyes. De acuerdo con el contexto, a los israelitas se les mandó que derramaran la sangre de los animales sacrificados para asegurarse de que la sangre no se comiera, y no para asegurarse de que ésta no se guardara. El almacenamiento simplemente no entraba en cuestión en el arreglo. Es ilógico y una pura manipulación de la evidencia, el emplear tales leyes de la forma en que se hace, así como el imponer un significado que ni siquiera estaba envuelto ni se mencionó por asomo.

Estos puntos merecen ser pensados y que se medite en ellos seriamente, puesto que los cristianos no están bajo el código de la ley sino bajo la “ley real del amor” y la “ley de la fe.”(25) ¿Es mostrar aprecio por el valor inapreciable de la vida el administrar normas arbitrarias que dictan lo que se tiene que hacer en momentos cruciales? ¿Es una manifestación de amor a Dios o al prójimo el hacer esto sin tener un mandato preciso de la Palabra de Dios para apoyar tal cosa?

Sin duda, el texto que utiliza la Watch Tower principalmente en su exposición es el de Hechos 15:28, 29. Estos versículos contienen la decisión de un concilio reunido en Jerusalén e incluyen las palabras “que se abstengan de cosas sacrificadas a los ídolos y de sangre y de cosas estranguladas y de fornicación.” Más adelante, en este capítulo, se presentará la evidencia bíblica con relación a que esto no fue dicho como una forma de declaración con implicaciones legales. Este asunto es de suma importancia puesto que es la base principal de la Sociedad para declarar que las ordenanzas en la ley mosaica son transportables al cristianismo. Aunque este punto se tratará más adelante, hay que decir que en la exhortación de “abstenerse de sangre,” la evidencia señala que se refiere al comer sangre. La Atalaya del 1 de noviembre de 1978 (página 23) de hecho, menciona al catedrático Eduard Meyer diciendo que el significado de “sangre” en este texto era “el participar de sangre que fue prohibida a través de la ley (Gén. 9:4) impuesta a Noé y por consiguiente a toda la humanidad.” Tal “participar” era por medio de comer.(26)

Queda como cuestión principal, pues, si se puede demostrar que el transfundir la sangre es lo mismo que el “comer” sangre como afirma la Sociedad Watch Tower. En realidad, no hay ninguna base sólida para hacer tal declaración. Por supuesto que hay métodos médicos de “alimentación intravenosa” por medio de los cuales los líquidos especialmente preparados, conteniendo nutrientes, tales como la glucosa, son introducidos en las venas y proveen la nutrición necesaria. No obstante, como reconocen las autoridades médicas, y como también ha reconocido a veces la Sociedad Watch Tower, una transfusión de sangre no es alimentación intravenosa; de lo que se trata en realidad, es de un transplante (de un tejido fluído), no la infusión de un nutriente.(27) En un transplante de riñón, el riñón no se come como un alimento por el cuerpo que lo recibe. El riñón permanece tal y como está, con su misma forma y ejecutando sus mismas funciones.

Con la sangre pasa exactamente lo mismo. Cuando se “transplanta” en otro cuerpo no es comida como un alimento. La sangre permanece exactamente lo mismo, como un tejido fluído, con la misma forma y función. Las células del cuerpo no pueden de ninguna manera utilizar la sangre trasplantada como si fuera un alimento. Para servir como “alimento”‘ la sangre tendría que pasar por el sistema digestivo, ser disuelta en partículas de tal manera que las células del cuerpo las pudieran absorber-y para lograr esto la sangre tendría que ser tomada literalmente como un alimento cualquiera. (28)

Cuando los facultativos médicos creen que hay necesidad de una transfusión de sangre no es porque el paciente esté mal nutrido. En la mayoría de los casos, es porque al paciente le falta, no nutrientes, sino oxígeno, y esto es debido a la falta de transportadores para llevar el abastecimiento adecuado de oxígeno, es decir, de glóbulos rojos, que son las células portadoras del oxígeno en la sangre. En algunos otros casos la sangre se administra debido a otros factores, como puede ser el necesitar agentes coagulantes (tales como las plaquetas), inmunoglobulinas portadoras de anticuerpos, u otros elementos, pero al igual que los anteriores, estos no se administran con el fin de proveer “nutrición”.

Ante la evidencia de que una transfusión de sangre no es lo mismo que comerla, y que ésta no se utiliza para “nutrir” al cuerpo, la Sociedad Watch Tower se esfuerza para tapar la evidencia que lo demuestra, por medios arbitrarios de ampliar el tema, haciendo esto por medio de juntar o hasta reemplazar el término “nutrir,” con la expresión “sostener la vida.”(29)Esta táctica de desviación sólo sirve para confundir la cuestión en disputa. El nutrir el cuerpo por medio de comer, y el sustentar la vida, no son ideas equivalentes o idénticas. El comer es sólo uno de los medios para sustentar la vida. Nosotros sustentamos la vida de muchas otras formas que son igualmente vitales, tales como por medio de respirar aire, beber agua u otros líquidos, el mantener la temperatura del cuerpo dentro de los límites razonables que éste requiere, o por medio de dormir y descansar. Cuando las Escrituras hacen referencia a la sangre, no lo hacen con referencia al aspecto tan extenso como es el “sostener la vida” sino al acto específico de comer sangre y de una forma muy clara con referencia al comer la sangre de los animales que son matados para alimento. Cuando un israelita comía carne que tenía sangre, él no dependía de la sangre para que ésta “sustentara” su vida-pues la carne por sí sola cumpliría ese objetivo, con sangre o sin ella. El hecho de que su vida fuera o no “sustentada” por medio de comer sangre no tenía nada que ver con la cuestión envuelta. En las leyes sobre la sangre era el acto de comer sangre lo que estaba prohibido, no los motivos ni las últimas consecuencias de ese comer.

El embrollo del tema efectuado por la injustificable introducción del concepto “sostener la vida,” le permite a la organización Watch Tower, imponer sobre sus miembros la idea de que cualquiera que acepte una transfusión de sangre, muestra desdén por el rescate dador de vida llevado a cabo por el poder salvador de la sangre derramada en sacrificio por Cristo. La duplicidad inherente en esta manera de razonar se ve por el hecho de que las fracciones de sangre que la organización Watch Tower permite aceptar a sus miembros, son administradas a menudo precisamente para salvar o “sustentar” la vida de la persona, como en el caso del Factor VIH, administrado a los hemofílicos, o el de las inmunoglobulinas, que se inyectan para protegerse en contra de ciertas enfermedades. que amenazan la vida o para prevenir la muerte de un recién nacido debido a las incompatibilidades del Rh.(30) Es desamorado e injusto el impugnar la motivación de aquellos que buscan preservar su vida, o la vida de sus seres queridos, porque ellos no mantengan ciertas regulaciones y prohibiciones provenientes de una organización religiosa, haciéndolo por medio de imputar a su motivación, una negación de la fe, cuando simplemente no hay ninguna base válida, ni bíblica ni de ningún otro tipo, para hacer tal cosa. Constituye un intento de cargarlos con un sentido de culpa, impuesto, no por normas divinas, sino por normas humanas.

‘Que se abstengan de sangre’

La carta enviada por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, registrada en Hechos capítulo quince, utiliza el término “abstenerse” en conexión con cosas sacrificadas a los ídolos, la sangre, cosas estranguladas y fornicación”. El término griego que ellos utilizaron (apékomai) tiene el significado básico de “apartarse de.” Las publicaciones de la Sociedad Watch Tower dan a entender que, con relación a la sangre, esto tiene un sentido abarcador completo, total. Así pues, la publicación Usted puede vivir para siempre en el Paraíso en la Tierra, página 216, dice: “‘abstenerse de la sangre’ significa no introducirla en su cuerpo de ninguna manera”. De forma similar La Atalaya del 1 de mayo de 1988, página 17, dice: “El seguir los pasos de Jesús significaría no admitir sangre en el cuerpo, ni por la boca ni de ninguna otra manera”. Pero, en realidad ¿tiene este término, tal como se utiliza en la Biblia, el sentido absoluto que estas publicaciones dan por sentado? O ¿puede tener un sentido relativo, limitado, asociado a una aplicación específica?

El que puede aplicar, no en un sentido abarcador completo, total, sino en sentido limitado, y específico, se puede ver por el uso que se hace del mismo en 1 Timoteo 4:3. Allí el apóstol Pablo nos advierte de que algunos que decían ser cristianos llegarían a introducir enseñanzas de una naturaleza nociva, “prohibiendo el casarse, mandando abstenerse de alimentos los cuales Dios creó para que [se] participen de ellos con acción de gracias”. Es evidente que él de ninguna manera quiso decir que estas personas les ordenarían a otros que se abstuvieran totalmente, de forma alguna, de todos los alimentos creados por Dios. Eso significaría un ayuno total que les llevaría a la muerte. Él obviamente, se estaba refiriendo al prohibir algunos alimentos específicos, y evidentemente, a aquellos prohibidos bajo la ley mosaica.

De manera similar, en 1 Pedro 2:11 el apóstol amonesta:

“Amados, les exhorto a ustedes como residentes forasteros y temporales a que sigan absteniéndose de los deseos carnales, los cuales son los mismísimos que les acarrean un conflicto en contra del alma”.

Si tuviéramos que tomar esta expresión literalmente, en un sentido absoluto, esto significaría que no podríamos satisfacer ningún deseo carnal. Pero por supuesto, éste no es el significado de las palabras del apóstol. Todos tenemos muchos “deseos carnales,” incluyendo el deseo de comer, de respirar, de dormir, de disfrutar de recreo y una multitud de otros deseos, los cuales son buenos y perfectamente apropiados. Así que el “abstenerse de los deseos carnales” aplicó solamente en el contexto de lo que el apóstol escribió, lo cual estaba relacionado, no con todos los deseos de la carne, sino solamente con los deseos dañinos y pecaminosos que en verdad “acarrean un conflicto en contra del alma”.

Por consiguiente, la cuestión es: ¿en qué contexto utilizaron Santiago y el concilio apostólico la expresión “abstenerse” de la sangre? El concilio trató específicamente del esfuerzo que estaban haciendo algunos pidiendo a los cristianos gentiles no sólo que se circuncidaran sino que también “observaran la ley de Moisés”. Este fue el asunto del cual habló Pedro, de la observancia de la ley mosaica, la cual describió como un pesado “yugo.” (33) Cuando Santiago habló delante de la reunión y expuso su recomendación de las cosas que a los cristianos gentiles debería de instarse a abstenerse -de las cosas contaminadas por los ídolos, de la fornicación, de las cosas estranguladas, y de la sangre- continuó dando más detalles diciendo:

“Porque desde tiempos antiguos Moisés ha tenido en ciudad tras ciudad quienes lo prediquen, porque es leído en voz alta en las sinagogas todos los sábados”.(34)

Por consiguiente queda patente que en su recomendación tomó en cuenta lo que la gente oía cuando ‘Moisés era leído’ en las sinagogas. Santiago sabía que en la antigüedad hubo gentiles, “gente de las naciones,” que vivían en la tierra de Israel, morando con la comunidad judía. ¿Qué requisitos les había impuesto la ley de Moisés? No se requería que se circuncidasen, pero en cambio sí se les exigía que se abstuviesen de ciertas prácticas y éstas fueron delineadas en el libro de Levítico, capítulos 17 y 18. Aquella ley especificaba que, no sólo los israelitas, sino también los “residentes forasteros” que estuvieran entre ellos, se tenían que abstener de involucrarse en sacrificios idolátricos (Levítico 17:7-9), de comer sangre, incluyendo la de animales no sangrados (Levítico 17:10-16), y de prácticas sexuales calificadas como inmorales (incluyendo el incesto y las prácticas homosexuales).-Levítico 18:6-26.

Aunque la tierra de Israel estaba ahora bajo control gentil, habiendo grandes cantidades de judíos que vivían fuera en diferentes países (los cuales se calificaban como los de la “Diáspora,” la cual significaba “los esparcidos”), Santiago sabía que en muchas ciudades a través del Imperio Romano la comunidad judía era como un microcosmo reflejando la situación de la Palestina de tiempos antiguos, en el sentido de que era bastante común el asistir los gentiles a las reuniones de las sinagogas judías, y de esa forma mezclarse con ellos.(35) Los primeros cristianos, tanto cristianos judíos como cristianos gentiles, continuaron frecuentando las reuniones de las sinagogas, así como Pablo y otros hicieron mucha de su predicación y enseñanza en estos lugares.(36) La referencia de Santiago a la lectura de Moisés en la sinagoga en ciudad tras ciudad ciertamente suministra la base para creer que, al enumerar las cosas que había mencionado precisamente antes, él tenía en mente las abstenciones que Moisés había establecido para los gentiles dentro de la comunidad judía en tiempos antiguos. Como hemos visto, Santiago alista no solo las mismas cosas encontradas en el libro de Levítico, sino incluso en el mismísimo orden: el abstenerse de los sacrificios idolátricos, de la sangre, de cosas estranguladas (por consiguiente no desangradas), y de la inmoralidad sexual. El recomendó la observancia de estas mismas abstenciones de parte de los creyentes gentiles y la razón evidente para esta abstención fue la circunstancia que prevalecía entonces, a saber, la mezcla de judíos y gentiles en las reuniones cristianas y la necesidad de mantener la paz y la armonía dentro de esa circunstancia. Cuando a los cristianos gentiles les fue requerido que se ‘abstuvieran de sangre,’ ello, obviamente fue entendido, no en un sentido absoluto, sino en el sentido específico de evitar el comer sangre, lo cual era aborrecible entre los judíos. El llevar el asunto más allá de esto, e intentar asignar a la sangre por sí misma un tipo de condición tabú, es sacarlo del contexto bíblico e histórico, e imponerle un significado que en realidad no tiene.(37)

Es interesante que Santiago no alistó tales cosas como el asesinato o el robo entre las abstenciones requeridas. Estas cosas fueron ya condenadas tanto entre los gentiles en general como entre los judíos. Pero los gentiles sí toleraron la idolatría, toleraron el comer sangre y el comer animales desangrados, y toleraron la inmoralidad sexual, hasta tuvieron “templos de prostitutas” relacionados con lugares de adoración. Las abstenciones recomendadas, pues, se enfocaron en aquellas zonas de la práctica gentil donde había más probabilidad de que resultara en una ofensa para los judíos y ello resultara a su vez en roces y perturbaciones.(38) La ley mosaica no exigió la circuncisión para los residentes forasteros como una premisa para vivir en paz dentro de Israel, ni tampoco Santiago dijo que se hiciera.

La carta resultante de la recomendación de Santiago fué dirigida específicamente a los cristianos gentiles, “gente de las naciones,” en Antioquía, Siria y Cilicia (regiones adyacentes que se extienden al norte de Israel), y como hemos visto, este asunto trató la cuestión específica de un intento de pedir a los creyentes gentiles que “observaran la ley de Moisés.”(39) Trató aquellos aspectos de conducta más probables de crear dificultades entre los creyentes judíos y gentiles. Y como se demostrará más adelante, no hay nada que indique que la carta tenía que ser aceptada como “ley,” como si las cuatro abstenciones instadas formaran un “Cuadrílogo” reemplazando el “Decálogo” o los Diez Mandamientos de la ley de Moisés. Fue un consejo específico para una ocasión específica imperante en aquel período de la historia.

 Normas preferentes

A lo largo del tiempo que estuve en el Cuerpo Gobernante no pude dejar de pensar que había una discriminación en la aplicación de las normas, la cual favorecía a los que ocupan una buena posición como profesionales. Por ejemplo, los profesores pueden enseñarla evolución como una asignatura haciéndolo desde “un punto de vista puramente objetivo,”y preferiblemente iniciando el tema explicándole a la clase su punto de vista diferente.(40) Y como ya hemos visto (en otro capítulo), a los abogados se les permite servir en centros de elecciones políticas. No obstante, quizás lo más sobresaliente de todo sea que los doctores no sólo puedan estar asociados a organizaciones médicas las cuales aprueban prácticas tales como las transfusiones de sangre y el aborto, sino que también se les dice que ellos mismos pueden administrar una transfusión de sangre al paciente que lo pida siempre que no sea Testigo.”(41) ¡Esta última posición se justifica diciendo que la ley de Moisés permitía a los israelitas vender a los extranjeros carne de animales que no habían sido sangrados!(42) Pero la sangre de aquellos animales todavía estaba en sus cuerpos donde siempre había estado, nunca había sido extraída ni almacenada- proceso que la organización condena como un acto de desprecio para con la ley de Dios.”(43) Todo el intenso requerimiento a mostrar “profundo respeto por la santidad de la sangre,” toda la alarma de culpabilidad de sangre asociada a cualquier mal uso de ella, todo el debate condenando cualquier almacenamiento de la sangre como una muestra de desprecio de las leyes de Dios, repentinamente pierde su fuerza cuando quienes están envueltos son Testigos médicos.(44)

Cuando se examinan los diferentes requisitos, ordenanzas, normas, y tecnicismos que han sido considerados, sinceramente, y sin ánimo de menospreciar a nadie, no puedo dejar de pensar que si un individuo utilizara en los asuntos más “corrientes” de su vida diaria, el mismo tipo de razonamiento reflejado en estas posiciones y normativas, la gente se sentiría impelida a cuestionar la cordura de esa persona.

¿Por qué acepta esto la gente?

En los días del apóstol Pablo, él hablé de aquellos “que quieren estar bajo ley” (Gálatas 4:21) Muchos hoy en día también quieren estar bajo ley. Contrario a los judaizantes del día de Pablo, hoy en día tal vez no se invoque sumisión a la ley de Moisés, sino que con un punto de vista legalista del cristianismo algunos hombres lo convierten en un código de leyes, en un conjunto de normas. Crean a su vez un tipo de esclavitud a las reglamentaciones, a las normativas tradicionales, y éstas dominan la relación con Dios de parte de sus adherentes.

Pero, ¿por qué se someten otros a tales imposiciones? ¿Qué es lo que hace que ciertas personas renuncien a la libertad tan preciosa de ejercer sus propios juicios morales, aún en las áreas más privadas de sus vidas? ¿Qué es lo que les impele a someterse a las interpretaciones y normativas de hombres imperfectos, aún hasta el riesgo de perder su empleo, sufrir encarcelamiento, someter sus relaciones familiares a una gran tensión, y hasta arriesgar la vida misma, ya sea la propia o la de sus seres queridos?

Muchos factores entran en el cuadro. Puede haber presiones familiares y sociales, y el comprometer se ofrece como fórmula para evitar desacuerdos o, peor, conflictos. También puede ser el puro temor, temor paralizante, del rechazo divino y con el tiempo la destrucción, si es que uno se hallara fuera del “arca” organizacional. Pero hay otra razón que quizás es más simple, pero que a menudo es la clave del asunto.

A la mayoría de la gente le gusta que las cosas sean blancas o negras, les gusta tener los asuntos claramente delimitados como correctos o incorrectos. Es difícil el tener que tomar decisiones basadas en la propia conciencia de uno mismo, a veces eso es angustioso. Y muchos prefieren no tener que hacer ese esfuerzo, prefieren dejar que otros se lo hagan, que los demás sirvan como sus conciencias. Fue esto precisamente, lo que permitió el desarrollo del control rabínico y el que se desarrollara un conjunto de tradiciones rabínicas en los días de Jesús. Más bien que decidir sobre la base de la Palabra de Dios y la conciencia personal, era una cuestión de “preguntar al Rabí.” Y, sin ninguna duda, entre los Testigos de lehová, esto ha llegado a ser, “Preguntemos a la organización,” o simplemente, “preguntemos a Brooklyn”.

Otra razón es la sutileza con la que tales explicaciones reglamentarias e interpretaciones son introducidas e impuestas. El énfasis en la ley, en las reglamentaciones, por fuentes religiosas consistentemente ha sido remarcado por el uso de tecnicismos y de sofismas, razonamiento que no sólo es sutil sino también plausible, a veces hasta ingenioso-pero a la misma vez, falso. Desenredar tal argumentación y ver lo que ésta es en realidad, exige esfuerzo, un esfuerzo que a muchos no les importa hacer pero que a otros les parece imposible de llevar a cabo.

Considere sólo dos ejemplos de fuentes rabínicas antiguas. En tiempos antiguos, “los maestros de la ley” tomaron la resolución de hacer más explícito el mandato de Éxodo 16:29 (“Que nadie salga de su localidad en el día séptimo’). Establecieron la normativa de que un hombre pudiera caminar en sábado sólo cierta distancia (algo más de un kilómetro) fuera de los límites de su pueblo o ciudad. A esto se le llamó “un camino sabático” (una expresión en uso en los días de Jesús; vea Hechos 1: 12). No obstante, había una manera para que un hombre hiciera un viaje más largo que éste, y desde el punto de vista rabínico, todavía sería “reglamentario”. ¿Cómo?

Por medio de “crear” un segundo domicilio en alguna casa o lugar fuera de su localidad (pero dentro del ldlómetro de límite), efectuando esto simplemente por medio de depositar en ese lugar el día anterior al sábado, suficientes provisiones para al menos dos comidas. Entonces en el día del sábado él podía caminar a ese segundo “domicilio” y después abandonarlo y seguir su viaje otro kilómetro más.

La declaración de Jeremías 17:22, que prohibe “sacar carga alguna de sus hogares en día de sábado” fue igualmente amplificada. Los maestros de la ley recurrieron al razonamiento de que no había ninguna prohibición en contra de transportar cosas de una a otra parte de la casa, aun cuando la casa estaba ocupada por más de una familia. Así que, decretaron que la gente viviendo en casas dentro de cierto sector (tales como aquellos que vivían en casas construidas alrededor de un patio común), podían construir una puerta de entrada para toda la sección, con quizás una viga por encima, como dintel. Ahora, toda la agrupación de casas era contemplada como si fuese un solo domicilio y por consiguiente las cosas podían ser transportadas de una casa a la otra dentro del área sin violar la ley.(45)

Compare ese tipo de tecnicismos y método de argumentación, con el método que emplea la Sociedad Watch Tower al aplicar sus normas con relación a ciertos aspectos de la práctica médica. La Atalaya del 1 de marzo de 1989, en la sección de “Preguntas de los lectores,” considera el sistema de extraer sangre de un paciente algún tiempo antes de una operación y almacenaría para utilizarla luego durante o después de la operación. A continuación dice categóricamente que los Testigos de Jehová “NO aceptan este procedimiento”. ¿Cuál es la razón? El que la sangre “ya no es parte de la persona.” A continuación se cita el texto de Deuteronomio 12:24, el cual dice que la sangre del animal matado debe ser derramada sobre el suelo. Así, por alguna forma de razonamiento el mandato que aplica al matar animales se ve como situación paralela al caso de almacenar la sangre de una persona viva de la manera que se ha descrito.

Pero a continuación el artículo sigue y presenta otro sistema, por el cual, durante la operación, la sangre del paciente se desvía a una bomba cardio-pulmonar, o máquina de hemodiálisis (riñón artificial) para oxigenarla o filtrarla antes de que vuelva al cuerpo del paciente. El artículo informa a sus lectores que, contrario a otros métodos, éste puede ser visto como aceptable por no cristiano. ¿Por qué? Porque el cristiano puede considerarlo como “un alargamiento de su sistema circulatorio de manera que la sangre pueda pasar a través de un órgano artificial,” y sentir así que “la sangre en este circuito cerrado ha seguido siendo parte de él mismo y no ha tenido que ser ‘derramada”‘.

¿Qué diferencia hay en este “alargar” el sistema circulatorio en sentido técnico, del reglamento rabínico que permitía “alargar” la distancia permitida del camino sabático a través del tecnicismo de un segundo domicilio artificial? Y ¿en qué difiere el clasificar la sangre como el estar técnicamente en un “circuito cerrado” del antiguo reglamento legalista de hacer un “circuito cerrado” de un número determinado de casas pormedio de una puerta principal artificial? En ambos casos se emplea el mismo tipo de argumentación casuística, y uso de tecnicismos ordenancistas tanto en el caso antiguo como en el moderno.

En su fuero interno, muchos Testigos tal vez consideren que el primer método, el de almacenar la sangre propia, en realidad no es más antibíblico que el segundo método, el circular la sangre a través de una máquina y una bomba cardio-pulmonar. Aún así, no se sienten libres de seguir sus propias conciencias. La vida de un individuo puede estar en balanza, pero las normas interpretativas y tecrúcismos de la Watch Tower tienen que obedecerse, porque éstas son parte del “gran conjunto de leyes Teocráticas.” El dejar de obedecerlas, sería a riesgo de ser expulsados.

La debilidad de la ley y el poder del amor

A menudo la ley produce una conformidad exterior que emnascara lo que las personas son interiormente. En los días de Jesús, esta actitud les pennitió a los líderes religiosos, por su escrupuloso ‘vivir las normas,’ aparecer ante la gente ‘como hombres justos por fuera, y por dentro estar llenos de hipocresía y desafuero.'(46) Lo mismo sucede en nuestro tiempo. Por consiguiente, la ley, es menos efectiva en aquellas áreas que están más íntimamente relacionadas con el corazón. La ley puede identificar y castigar a un ladrón. Pero no puede hacer lo mismo con un hombre que es cumplidor de la ley, pero que también es avaro, y cuya avaricia y mezquindad hacen sufrir a otros. La ley puede condenar e incluso ejecutar al asesino. Pero es muy poco lo que puede hacer para procesar al hombre que odia, que alberga celos, envidia o rencor y que busca venganza, especialmente si tiene cuidado de hacerlo por medios “legítimos.” Yo he conocido a hombres de ese tipo, que incluso están en altas esferas.

Se puede ver un impresionante contraste entre la forma legalista de control que utiliza “procedimientos,” reglamentos y ordenanzas, y el medio que utilizó el apóstol Pablo al dar su admonición en contra de la injusticia. En su llamamiento, consistentemente hizo hincapié no en la ley sino en el amor. Así, en su carta a los Romanos, él dijo:

“No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse los unos a los otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido la ley. Porque el código de la ley: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar,” y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber-. “Tienes que amar a tu prójimo como a tí mismo.” El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto el amor es el cumplimiento de la ley”.(47)

Con este enfoque Pablo puso el ejemplo al tratar con problemas. Un ejemplo notable de ello lo vemos en la cuestión de comer carne sacrificada a los ídolos (una de las cuatro cosas alistadas en la carta registrada en Hechos, capítulo 15). En Corinto, algunos cristianos hasta iban a los templos idolátricos donde la carne sacrificada después de ser cocinada era servida (a base de pagar) en los recintos del templo pagano. Para un cristiano el comer allí era, sin duda, a los ojos de muchos compañeros discípulos (particularmente entre los de origen judío), comparable a la forma en que los testigos de Jehová verían a uno de sus miembros hoy en día compartiendo una cena ofrecida bajo patrocinio religioso, que previamente había sido bendecida por sacerdotes y servida en la catedral católica de S. Patricio en Nueva York, y con el dinero de la cena recaudado por la iglesia. Aunque la situación pudiese ser comparable, la cuestión era muchísimo más seria. ¿Cómo pues trató el asunto el apóstol?

¿Amenazó él a aquellos que estaban comiendo carne de esa fuente, por medio de advertirles de procedimientos judiciales y de que probablemente se les iba a expulsar? ¿Hizo él un llamamiento a la ley, es decir, a un conjunto de reglas, como medios para reprimir tal práctica? Muy al contrario, él mostró que la acción por sí misma no era condenable. Pero podía traer consecuencias indeseables e incluso trágicas. Teniendo pues como base, no la ley, sino el amor, él escribió:

“Es fácil pensar que “conocemos” en cuanto a problemas como estos, pero debemos recordar que mientras que este “conocimiento” puede hacer que un hombre se crea grande, es sólo el amor lo que hace que crezca hasta que su estatura sea completa. Porque si un hombre piensa que “sabe,” puede que todavía sea bastante ignorante acerca de lo que tendría que saber en realidad. Pero si él ama a Dios, entonces es conocido por Dios”.

En este asunto, pues, de comer alimento que ha sido ofrecido a los ídolos, estamos seguros que ningún ídolo existe realmente, y que no hay más Dios que uno … Pero este conocimiento nuestro no es compartido por todos los hombres. Pues algunos, que hasta ahora han estado acostumbrados a los ídolos, comen el alimento como si hubiera estado realmente sacrificado a un dios y por consiguiente al ser su conciencia frágil se hiere …. Deben de tener mucho cuidado para que su libertad de comer alimento, de ninguna manera moleste a cualquiera que no tenga una fe tan robusta como la de ustedes. Porque si ustedes, con su conocimiento de Dios, son vistos comiendo en un templo de ídolos, ¿no están ustedes animando al que los ve, con una conciencia frágil, a hacer lo mismo? Seguramente no querrán ustedes que su conocimiento superior les cause el desastre espiritual a un hermano más débil por quién Cristo también murió. Y cuando ustedes pecan de esta manera [es decir, por un mal uso de la libertad cristiana] y dañan la conciencia débil de su hermano, ustedes de hecho pecan contra Cristo.(48)

El que uno comiera o no comiera, por consiguiente, no dependería de alguna ley y de una preocupación por no ser culpable de violarla. Dependería del amor y el interés en no dañar a un hermano “por el que Cristo también murió” Esto verdaderamente era un enfoque muy superior que hacía que el cristiano revelara lo que había en su corazón, y no simplemente su adhesión a una regla.

Asu vez el consejo del apóstol revela también que él no consideraba como una “ley” la decisión alcanzada por los apóstoles, y otros en Jerusalén (registrada en Hechos capítulo quince). Si hubiera sido una ley, Pablo nunca habría escrito de la forfna en que lo hizo a los cristianos en Corinto, diciendo frontalmente que el comer la carne ofrecida a los ídolos era un asunto de conciencia, siendo el factor determinante el que el comer le causara o no tropezar a otros. El contemplar la carta de Jerusalén como una ley y, sobre esta base, insistir que su referencia a la sangre indica que los cristianos permanecen bajo las ordenanzas de la ley de Moisés con relación a la sangre, es indicación clara de que se ignoran las declaraciones del apóstol Pablo mostrando que tal razonamiento es nulo, como lo hace al considerar el asunto relacionado de la “carne ofrecida a los ídolos.”(49)

Al no ser probable el tropiezo, nadie tenía derecho de juzgar a Pablo ni a ningún otro cristiano por comer tal carne. Como dice Pablo:

“Pues, ¿por qué debería ser que se juzgue mi libertad por la conciencia de otra persona? Si estoy participando con gracias, ¿por qué ha de hablarse injuriosamente de mí por aquello por lo cual doy gracias?“(50)

La libertad cristiana nunca debería hacernos insensibles a los escrúpulos y la conciencia de los demás. A la misma vez, nadie tiene derecho de imponer su conciencia sobre otros, y de este modo poner límites a la libertad en Cristo que estos disfrutan. Ni tampoco le pertenece a ningún grupo o cuerpo selecto de hombres ponerse en el lugar de los apóstoles ejerciendo su papel de autoridades apostólicas, y luego imponer su conciencia colectiva a otros, transmitiendo decretos.

En el capítulo anterior se presentó la diferencia que hay entre ley y precepto, que la primera deriva su fuerza por medio de la imposición de la autoridad, y el otro expresa principios a través de la enseñanza. Jesús enseñó con frecuencia por medio de parábolas, las cuales eran narraciones que no contenían ninguna ley, pero que traían a colación de manera contundente preceptos, los cuales a su vez era lecciones morales de vital importancia. La parábola del hijo pródigo no impone una ley exigiendo que uno tenga que traer a casa a los hijos descarriados y hacerles un banquete y así por el estilo. Más bien, el énfasis se coloca en un espíritu amoroso, generoso, y en tener un punto de vista misericordioso. En las Escrituras encontramos una combinación de métodos empleados- hay amonestaciones directas e imperativos categóricos, es cierto, pero también hay relatos exponiendo modos de vida correctos (como el vivir con amor, y el mantener relaciones pacíficas con otros). También hay respuestas a preguntas altamente contextualizadas-, Pablo, por ejemplo, responde a varias de estas, pero no lo hace como quien establece leyes sino lo hace como quien da consejo espiritual sano, adecuado para la pregunta particular en cuestión.

¿Cuán real es la unidad lograda?

Es cierto que el establecer un control legalista sobre otros produce un tipo de unidad y se logra cierto orden. Pero, ¿cuán auténtico es? ¿No es en realidad una unidad y un orden basados en la uniformidad y la conformidad? Por otro lado, ¿es el resistir el que hombres impongan (a través de una interpretración legalista) su control sobre la vida personal de otros algo que esté en contra de la verdadera cohesión y unidad? ¿Es que esto ha de resultar en que cada persona vaya en su propia dirección, obstinada e independientemente, satisfaciéndose sólo a sí misma? No tiene que ser así y no lo será, si es que la persona acepta de corazón la dirección de Aquel que da tal libertad.

Así como uno no puede amar al Dios invisible y a la misma vez odiar a su vecino, de igual manera uno no puede estar unido al Hijo de Dios y tener malas relaciones con, o estar aislado de todos y cada uno de aquellos que están igualmente unidos y sometidos humildemente a la misma jefatura”. Según las Escrituras, es el amor lo que es un “vínculo perfecto de unión,” y no el ser miembro de una organización, porque el amor es sufrido, es amable, no es celoso, no se hincha ni busca sus propios intereses, sino que procura el bien de los demás.(52)

El amor no coacciona a la gente para que tengan una relación estrecha; más bien, los atrae y los une de manera afectuosa. Cualquier supuesta unidad cristiana que se encuentra fundada en otra base, es, en realidad, ficticia, no genuina, y tal pretendida unidad sólo puede ser mantenida por medios anticristianos.

La bendición de la libertad cristiana

Hoy en día existe un conjunto de reglas entre los Testigos de Jehová que es increíblemente complejo, y éste a su vez les priva el poder ejercer su conciencia personal en una gran parte de su conducta y de su vida, y hace que tengan que estar sujetos a un cuerpo legislativo y tribunal supremo eclesiástico compuesto de unos cuantos hombres falibles.(53) Como antiguo miembro de ese cuerpo legislativo y tribunal supremo, estoy convencido de que la raíz del problema fundamental subyace en no reconocer la verdad de que, como cristianos, ya no estamos bajo ley sino bajo la bondad misericordioso de Dios por medio de Cristo. A través del Hijo de Dios, podemos disfrutar de la libertad de estar libres de una observancia según ley, y regocijarnos en una rectitud que es el producto de tener fe y amor y no de guardar ciertas reglas.

El dejar de apreciar esta provisión divina, el dudar de que en realidad es posible para una Persona invisible ejercer una jefatura y dirección efectiva sobre sus seguidores en la tierra, sin tener una estructura de autoridad visible y altamente organizada sirviendo como un tribunal religioso, y el retraerse a creer que la gente puede estar protegida en contra del mal sin estar rodeada por una “cerca” de leyes, reglas y decretos, esto es lo que hace que muchos, quizás la mayoría, se escandalicen ante el pensar que no están bajo ley, y que rechacen esto no solo como poco práctico sino como peligroso, pernicioso y conducente al libertinaje. Tal modo de pensar les hace vulnerables ante los argumentos de aquellos que desean introducir e imponer- utilizando términos de la Watch Tower, “un conjunto de reglas para la conducta cristiana,” uno que es humanamente “aplicable” por un sistema judicial religioso.

Puesto que el Espíritu santo de Dios, dado a través de Jesucristo, tiene una fuerza superior a la de cualquier ley (debido a su poder para motivar al cristiano a amar a Dios y a amar a su prójimo), el apóstol pudo decir:

“Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo sistema de ley…. el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley”.(54)

Esta es la grandeza de la libertad cristiana, el saber que uno puede poner en práctica libre y espontáneamente aquellas cualidades divinas sin que ninguna autoridad religiosa tenga el derecho de intervenir y restringir o contramandar expresiones de amor, bondad o humildad o de cualquier otra de tales cualidades. Uno puede hacer esto libre de ansiedad, sabiendo que “no hay ley,” ni ningún conjunto de reglas que los obstaculice o que les pone trabas en hacer aquello de lo que, en lo más recóndito de su corazón, están convencidos que es lo correcto y lo bueno, lo amable y lo amoroso que han de hacer, aprobado por Dios, aunque esté desaprobado por ciertos hombres.

Sin duda, entonces, el no estar bajo ley, sino bajo la bondad inmerecida de Dios de ninguna manera disminuye nuestro sentido de responsabilidad como personas libertadas por Cristo. De hecho, esto lo aumenta. Porque se nos amonesta: “Hablad y obrad tal como corresponde a los que han de ser juzgados [no por algún código de la ley, o por un conjunto de reglas humanas, sino] por la Ley de la libertad. Porque tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia, pero la misericordia se siente superior [aventaja, NCI al juicio.”(55) Esa “ley de la libertad” es la que el discípulo Santiago acababa de mencionar en su carta como la “ley regia” o la “ley suprema” a saber, “tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. (56)

Hay un efecto limpiador, uno que fortalece al corazón, al saber que el estar agradando a nuestro Padre celestial se determinará, no por si hemos vivido nuestra vida según ley, o de acuerdo con un “conjunto de reglas” sino si hemos vivido nuestras vidas de acuerdo con el amor. El Hijo de Dios es nuestro Cabeza y Amo, y es quien nos concede la libertad de mantenemos libres de un sistema de ley- y de los que formulan leyes religiosas y obligan a cumplirlas- y asimismo nos puso el ejemplo de tal amor. Por consiguiente, no hay necesidad de que enfoquemos nuestra atención a aprender de memoria complejos conjuntos de normas organizativas y reglamentos, ni siquiera pensar en términos de ley. Más bien enfocamos nuestra atención en el Hijo de Dios y en lo que hemos aprendido de él por medio de la Palabra de Dios y buscamos vivir nuestra vida de manera que refleje fielmente la de él.

— Raymond Franz, A la búsqueda de la libertad cristiana, capítulo 9, Commentary Press, Atlanta, Georgia, EEUU, 2007.

Notas:
1. Romanos 14:22,23, VP.

2. Estas posiciones están expuestas en la revista ¡Despertad! del 8 de noviembre de 1982, la cual lleva la reimpresión de un artículo publicado en The Journal of the American Medical Association (nº de noviembre 1981). El “artículo fue preparado por la Sociedad Watch Tower y desarrolla la posición de los Testigos de Jehová sobre la sangre

3. El Dr. Lowel Dixon, anteríor doctor de la planta médica, es autor o coautor de varios artículos sobre el tema de la sangre publicado en las publicaciones de la Watch Tower

4. ¡Despertad! del 22 de febrero de 1995, página 21.

5. Información provista por la Cruz Roja de Atlanta el 22 de enero de 1990 reveló que sólo el 6 por ciento de toda la sangre donada va a los hospitales como sangre completa el 94 por ciento restante se divide en sus componentes.

6The Encyclopadia Britannica, Vol. 3 (1969), página795; The Encyclopedia Americana, Edición Internacional, Vol. 4 (1989). página 91.

7. Es interesante, que el agua, de la cual está compuesto el plasma en su mayor parte, libremente “circula dentro y fuera de la corriente sanguínea con gran rapidez’ y se mezcla con el agua de las células del cuerpo, y los fluídos extracelulares. Así que nunca es un componente constante de la corriente sanguínea. (The New Encyclopedia Britanica, Macropadia, VoLl5 (1987), páginas 129,131.
8The New Encyclopedia Britannica,Macropoedia, Vol. 15 (1987), página 135,señala que “La mayor parte de los leucocitos está fuera de la circulación, y los pocos que están en el torrente sanguíneo están en tránsito de un lugar a otro.” Así pues, el clasificarlos como “componentes mayores de la sangre” es como decir que los pasajeros de un tren constituyen o son una parte integral del personal de servicio del tren. El Dr. C. Guyton, en el libro The Texbook of Medical Physiology, (7th ed., Saunders Company, Filadelfia), página 52, explica que la principal razón del porqué están los leucocitos presentes en la sangre “es simplemente para ser transportados desde la médula espinal o el tejido linfoide a las áreas del cuerpo donde sean necesitados.”

9. Hay evidencia de que la cifra presentada en el gráfico de la ¡Despertad! no es exacta y que el porcentaje de leucocitos pudiera aproximar cerca del 1% del volumen total de la sangre. De todos modos, la fracción es tan pequeña que ¡Despertad! ni siquiera lo muestra en el tubo de prueba del gráfico, y está incluida con las plaquetas, las cuales, nótese, constituyen por sí mismas, aproximadamente, sólo el 2/10 del 1 por ciento del total de la sangre. También están éstas en la lista de los componentes prohibidos.

10. The New Encyclopadia Britannica, Macropedia, Vol. 15 (1987), página 135; J. H. Green,An Introduction to Human Physiology, 4thed. (Oxford: Oxford University Press, 1976). Sobre la cantidad de leucocitos en la leche humana, vea Armond S. Goldman, Anthony J. Ham Pong, and Randall M. Goldblum, “Host Defenses: Development and Matemal Contributions,” Year Book of Pediatrics (Chicago: Year Book Medical Publisbers, Inc., 1985), página 87.
11. Génesis 9: 3, 4 ; Levítico 7: 26, 27; 17:11-14; Deuteronomio 12:22-24.

12. Hay aproximadamente 50 gramos de albúmina en un litro de sangre. Por consiguiente, para obtener 6OO gramos de albúmina, se necesitan aproximadamente 12 litros de sangre.

13. Se obtiene esta cantidad por medio de dividir la cantidad de gamma-globulina en una jeringa, con la cantidad que hay en un litro de sangre.

14. En 1990 era de sólo 11 años.

15. Este cálculo es muy moderado. La cantidad real es, con toda probabilidad, mucho más alta en la mayoría de los casos. La Atalaya del 15 de junio del 1985 comenta que “cada partida del Factor VIII está compuesta del plasma que se reúne de hasta 2500 donantes de sangre”.

16. La posición de la organización sobre esto está expuesta con muchos tecnicismos y razonamientos en La Atalaya del 15 de marzo de 1989, páginas 30 y 31.

17. Vea¡Despertad!del 8 de noviembre de l982, página 25;La Atalaya del l de noviembre de 1978, página 30. Esta normativa se realizó durante el tiempo en que el riesgo de contraer SIDA-aunque entonces no se sabía-era alto, las pruebas analíticas y el tratamiento térmico han reducido de forma extraordinaria el riesgo de infección asociada a la sangre.

18. Vea ¡Despertad! del 8 de noviembre de 1982 página 25.

19. Elisabeth Rosenthal, artículo intitulado “Blinded by the Light” -Cegada por la luz- en la revista Discover de agosto de 1988, páginas 28-30.

20. En el 1970, mi esposa se desangraba casi hasta el punto de morir, cuando su cantidad de plaquetas bajó del nivel normal de entre 200.000 a 400.000 por milímetro cúbico, hasta quedar alrededor de 15.000 por milímetro cúbico. Después de vanos días de drástica hemorragia, fue hospitalizada en un hospital de Brooklyn, y ambos hicimos patente nuestra objeción a las plaquetas o a otros productos derivados de la sangre (incluso aquellos que, desde entonces, la organización ha decretado como “permisibles’). Afortunadamente, después de dos semanas de estancia y luego de terapia continua de prednisona, ella recobró una salud esencialmente normal. Por consiguiente, lo que digo en este libro no es evidencia de algún retraimiento personal a encararme a la pérdida de la vida de una persona querida si creyera que mi adhesión a la voluntad de Dios lo exigiera.

21. Romanos 6:14; 10:4; Hebreos 8:6, 13.

22. Contrario a las afirmaciones de la Sociedad Watch Tower, en la Biblia la sangre por sí sola representa consistentemente, no la vida, sino la muerte al representar figurativamente la vida perdida o sacrificada. Compare Génesis 4:10, 11;37:26;42:22; Exodo 1 2.5-7 (compare esto con 1 Pedro 1: 18. 19); Exodo 24:5-8; Mateo 23:35; 26:28; 27:24, 25, y así por el estilo. Cuando la sangre está funcionando como parte de una criatura viva entonces se puede decir que la sangre representa la vida o un “alma’ viviente.

23. Levítico 17:13,14; Deuteronomio 12:15,16, 24,25.

24. Como ha señalado George Christoulas, colocar la importancia de la sangre corno símbolo por encima de la vida misma es semejante a que un hombre le dé más importancia a su anillo de bodas (símbolo de su estado matrimonial) que a su matrimonio mismo, o que a su esposa. Sería como una situación en que, encarado con la alternativa de tener que sacrificar o a su esposa o al anillo de bodas, optara a favor de salvar al anillo de bodas.

25. Romanos 3:27; 6:14; 10:4; Gálatas 3:10, 11, 23-25; Santiago 2:8, 12.

26. La Atalaya del 1 de agosto de 1959 (página 479) comenta que: “Cada vez que la prohibición de la sangre se menciona en las Escrituras es en conexión con el tomarla como alimento, y por lo tanto es como nutritivo que nos concierne en lo de ser prohibida.” Esta parece ser la posición básica todavía así que la Sociedad todavía afirma que una transfusión de sangre es lo mismo que comer sangre, como si se introdujera en el cuerpo corno un alimento cualquiera.

27. ¡Despertad! del 22 de octubre de 1990 página 9. En su esfuerzo por aportar apoyo médico que sostenga sus puntos de vista sobre la sangre transplantada como un alimento’ para el cuerpo, las publicaciones de la Watch Tower siempre han recurrido a citas de alguna fuente médica de siglos pasados, tales como las del francés Denys del siglo XVII. (Vea por ejemplo, La Alalaya del 15 de abril de 1985, página 13.) No pueden citar a una sola autoridad moderna en apoyo de sus ideas.

28. A veces la Sociedad Watch Tower, ha comparado una transfusión con el transfundir alcohol en las venas. Pero el alcohol es un líquido muy diferente, puesto que su composición natural permite que las células del cuerpo lo puedan absorber como un nutriente. En este sentido, el alcohol y la sangre son totalmente diferentes.

29. Vea, por ejemplo, La Atalaya del 1 de marzo de 1989, página 30; la del 15 de abril de 1985, página 13.

30. Vea, por ejemplo, La Atalaya, del 1 de junio de 1990, páginas 30, 31. El apóstol Pedro dice que Cristo “sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados”-.” (1 Pedro, 2:24, BJ; compare con Isaías 53:4,5. Hechos 28:27). Seguramente, esto no justifica el atribuir a alguien que se esté curando heridas u otras dolencias físicas por medios medicinales, que eso sea equivalente a que esté mostrando una falta de aprecio por el poder curativo de Cristo en estos aspectos espiritualmente vitales.

31. Hechos 15:20, 29.

32. Hechos 15:5. 33 Hechos 15:10.

34. Hechos 15:19-21.

35. Compare Hechos 13:44-48; 14:1;17:1-5,10-12,15-17; 18:4.

36. Compare Hechos 18:1-4, 24-28.

37. De nuevo, aquí, si uno le diera un sentido absoluto a la expresión ‘abstenerse de sangre’ como si fuera un tipo de prohibición total, general, ello significaría que uno no podría someterse a un análisis de sangre de ningún tipo, no podría tampoco tener ninguna clase de intervención quirúrgica, a menos que fuera una sin ninguna efusión de sangre, y de cualquier manera uno tendría que no “acercarse a” la sangre bajo ningún concepto. El contexto no dá ninguna indicación de tal prohibición absoluta, sino que en vez de eso el mandato fué dirigido específicamente al mismísimo acto de comer sangre.

38. Tan atrás en el tiempo como el 15 de abril de 1909, The Watch Tower (La Atalaya en inglés) reconoció esto como el intento de la carta, diciendo (página 117): “Las cosas que se recomendaron aquí fueron necesarias para preservar la asociación del ‘cuerpo’ compuesto de judíos y gentiles con su diferentes sentimientos y educación.”

39. Hechos 15: 5. 23-29.

40. Esto se expone en Correspondence Guidelines (Guía para La correspondencia) bajo el tema “Escuelas, educación seglar”.

41. Vea La Atalaya del 15 de mayo de 1965, páginas 295,296; vea también The Watchtower (en inglés) del 1 de abril de 1975, páginas 215, 216, acerca del aparear la sangre según su tipo para las transfusiones. El libro Correspondence Guidelines (tal y como se ofreció en su forma original) dice que el doctor o la enfermera puede administrar tal transfusión si se “lo ordena un superior.”

42. Deuteronomio 14:21.

43. Nótese que la misma Atalaya del 15 de mayo de 1965, deja como asunto de conciencia el que un carnicero o un tendero venda embutidos con sangre a una “persona del mundo.” Parece que, ya que se había decidido utilizar esta porción de la ley mosaica para justificar la posición clemente adoptada para con los que ejercen la profesión médica, el escritor del artículo se sintió obligado a añadir este comentario respecto a los tenderos y los carniceros. No obstante, es de notarse que esto no es el vender la carne de un animal que no se había sangrado, sino es el vender un producto producido por medio de recoger y almacenar y preparar por procedimiento especial la sangre-conducta prohibida por la normativa de la Watch Tower en otros casos.

44. En los Estados Unidos, los Testigos que son médicos y abogados han acostumbrado reunirse anualmente para discutir tales asuntos como “confidencialidad y privilegio’ en sus relaciones con sus compañeros Testigos, así como otros tomas similares. Dudo muchísimo que otros testigos con trabajos de menor prosapia o relevancia, pudieran tener reuniones similares sin que éstas no fuesen vistas con recelo e incluso desaprobadas por la organización.

45. Vea Judaism (en inglés), Vol. U, por George Foot Moore (Cambridge, Hayard University Press, 1954), páginas 31, 32.

46. Mateo 23: 27, 28.

47. Romanos 13: 8-10, NM.

48. 1 Corintios 8:1-12, PME.

49. Con relación a la inmoralidad sexual (o “fornicación,” según algunas traducciones) que también aparece en la lista en la carta de Jerusalén, el apóstol en ningún sitio presenta tal conducta como algo que pueda ser correcto o incorrecto dependiendo de si podía hacer tropezar o no. Él evidentemente lo consideró como algo que no tenía factores algunos que lo justificaran. Al mismo tiempo, no se representa como necesario el que haya algún mandato de ley para que los cristianos reconozcan la necesidad de evitar la inmoralidad sexual. Como Pablo comenta en 1 Corintios 6:13-19, si la persona se guía por la ley del amor, lo verá como inadmisible, reconociendo que es un uso impropio de su cuerpo, el cual está unido a Cristo. (Vea también 1 Tesalonicenses 4:3-6).

50. 1 Corintios 10:29, 30, NM

51. 1 Juan 4:20; 1 Corintios 12:12-26; Efesios 4:15, 16.

52. Colosenses 3:14; 1 Corintios 13:4-7.

53. En una carta escrita por el abogado de la Watch Tower, Leslie R. Long, con fecha del 29 de marzo de 1987. se refiere al comité judicial de la congregación como “un tribunal eclesiástico.” Si el término aplica a nivel de congregación, con mucho mayor razón es aplicable al nivel más alto, donde el Cuerpo Gobernante actúa como un “tribunal eclesiástico” supremo.

54. Gálatas 5:18, 22, 23, VM.
55. Santiago 2:12, 13, BJ.
56. Santiago 2.8, BJ, VP