No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”. 2ª Corintios 6:14, Valera 1995.

Segunda carta de Pablo a los CorintiosLa pregunta sería: ¿a quién aplicamos el término “incrédulo”? ¿aplicaría a toda persona que no forma parte de la religión de uno?

La misma expresión “incrédulo” hace referencia a quien no cree con facilidad o que simplemente no tiene fe religiosa. Es muy posible que en los días en que Pablo escribió esta carta, los “infieles” o “incrédulos” se movieran por valores morales y religiosos muy diferentes a los que habían puesto fe en Jesucristo. De ahí que se les recomendara que tuvieran cuidado con su “injusticia.” Pero hoy día, ese texto no puede usarse como pretexto para que se descalifique o se menosprecie a quienes no forman parte de la religión de uno, y menos si se trata de personas que reconocen a Jesús como su salvador, tienen fe en él y se esfuerzan por llevar vidas rectas.

En ocasiones esas palabras se usan con facilidad para realzar el exclusivismo del grupo al que se pertenece. La verdad es que escuchar de boca de unos y de otros lo “exclusivos” que son, que solo ellos están en posesión de la verdad ‘revelada’, resulta cuanto menos chocante además de triste. No es extraño que desde un punto de vista racional, muchas personas no quieran saber nada de religión, pues pueden observar que los mismos creyentes son incapaces de respetarse unos a otros.

En cierta ocasión, escuché decir a un sacerdote católico:

Amo a los testigos de Jehová y a otros, pero la verdad la tengo yo por estar en la única iglesia verdadera, la iglesia católica.

Palabras como esas pueden escucharse también en boca de personas que pertenecen a otras confesiones. Mantienen un profundo sentido de exclusividad. La razón de esa división suele ser siempre la misma: los dogmas divisivos e inamovibles, los que se supone que son respaldados por Dios, pero que en realidad contradicen la misma esencia de su amor .

Por supuesto, no todo creyente que pertenece a alguna iglesia mantiene parámetros de juicio como los del sacerdote antes citado. Muchos otros son personas que ven también con respeto a quienes no forman parte de su misma comunidad religiosa. Por ejemplo, el historiador Paul Johnson quien ha manifestado en más de una ocasión su adherencia a la iglesia católica, escribió:

No solo creo que la salvación es posible dentro de la Iglesia a la que pertenezco, sino que también pienso que es mucho más probable que algunos encuentren la vía de la salvación fuera de mi Iglesia, en otras Iglesias o en ninguna de ellas.” –La búsqueda de Dios. Una peregrinación personal, Planeta, 1997.

En realidad el problema no está en que existan muchas iglesias. La humanidad es diversa, y toda persona es libre de compartir su fe con el grupo o comunidad religiosa que desee. Como dijo Jesucristo, “en la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Juan 14). El sentir religioso hoy día en la gente, lejos de estar extinguiéndose, sigue creciendo. Lo que se necesita realmente es un cambio de mentalidad, uno que contribuya al acercamiento entre los creyentes en todo aquello que los una y se entienda que el cristianismo no se basa en dogmas divisivos, sino en “la fe, la esperanza y el amor” (1ª Cor.13:13). Esto puede parecer en principio una utopía, porque es verdad que en principio el cristianismo debería haber logrado menos división y más hermandad entre los seres humanos.

Sin embargo, un vistazo reflexivo al espíritu de las enseñanzas de Jesús, pone claramente de relieve que su acento es el interés solidario y altruista entre los seres humanos, así como la fe y la esperanza. Eso por sí mismo ya debería contribuir a la unidad de los que han aceptado a Cristo como su guía. Si las distintas iglesias y grupos cristianos que existen llegan a entender eso, si sus respectivos líderes asumen una posición más abierta, dialogante y ecuménica que contribuya al acercamiento espiritual de todos los creyentes, entonces sí que habría alguna opción para que el cristianismo fuera una referencia seria para muchas personas y llegara a ser de verdad “luz del mundo” (Mateo 5:14-16).

Esteban López