Etiquetas

, , ,

EDiccionario de la Real Academia de la Lengua  española, mantiene para el término “Apostatar” las siguientes acepciones:

1. Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo.

2. Dicho de un religioso: Abandonar irregularmente la orden o instituto a que pertenece.

3. Dicho de un clérigo: Prescindir habitualmente de su condición de tal, por incumplimiento de las obligaciones propias de su estado.

4. Abandonar un partido para entrar en otro, o cambiar de opinión o doctrina.

La Enciclopedia Británica explica el término “Apóstasía” como

“total rechazo del cristianismo por parte de una persona bautizada, que habiendo profesado una vez la fe, la rechaza públicamente. Se distingue de herejía, la cual se limita al rechazo de una o más doctrinas cristianas… El término apostasía se ha usado también para referirse a los que han abandonado su condición monástica o clerical sin permiso”.

Como suele ocurrir que cada iglesia tiene su propio cuerpo dogmático de creencias, el concepto que cada una tenga de lo que es apostasía o herejía puede variar también. Suele ocurrir que se aplique el término de apóstata a los que simplemente dejan su iglesia u organización religiosa o abandonan algunas de sus creencias; aunque es posible también que esas personas no hayan renunciado nunca al cristianismo como oferta de sentido. Ese es el caso, por ejemplo, de los testigos de Jehová. Sin embargo, bien pensado, hasta Jesús de Nazaret fue un apóstata del judaísmo de su día, así como todos sus primeros apóstoles y discípulos. Dejar por tanto la religión de los testigos para hacerse cristiano no parece que sea tan mal asunto al fin y al cabo.

El problema viene cuando no se respeta el derecho que toda persona tiene a cambiar de opinión o de creencia tal y como se mantiene en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

•Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. -Artículo 18.

•Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. -Artículo 19.

Prescindiendo de la carga más o menos peyorativa que pueda asignarse socialmente al término apóstata, existe el riesgo de que las organizaciones no se limiten a respetar esos derechos y apliquen sin pudor alguno políticas fundamentalistas de desprecio o extremo rechazo a quienes abandonan sus posiciones ortodoxas. Actitudes como esas pueden encontrarse no sólo en el campo de la religión sino en muchos otros entornos.

Fundamentalismo

Una de las acepciones que aparecen en el Diccionario de la Real Academia para la expresión “Fundamentalismo” es:

“Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”.

Quizá el modo más sutil de exigir sometimiento a una doctrina sea el miedo a las posibles consecuencias que puedan sobrevenir si se abandona. En el fundamentalismo islámico más extremo pueden encontrarse respuestas incluso violentas. En algunos grupos cristianos, un cortamiento social de por vida con familares y amigos. Y lo que más sorprende es la facilidad con que esos fundamentalismos justifican su intransigencia y su desprecio por los derechos humanos. Su posición intolerante ha hecho que siempre sea muy difícil abandonar el movimiento de manera honorable.

Una perspectiva diferente

En las Escrituras cristianas sí se habla de ‘falsos maestros,’ pero se les conocería sobre todo por sus frutos y por su conducta impropia. 2ª Pedro 2:2,3 lo indica así cuando dice:

“También entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató… Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas”. -Nueva Versión Internacional.

Si su vida transcurría alejada del espíritu cristiano, solía reflejarse también en sus enseñanzas. Eso sí era verdadera apostasía, porque por sus obras negaban a Cristo y su derrotero de vida era totalmente ajeno al espíritu de sus enseñanzas.

Las palabras de Pablo de Tarso en Gálatas 1:6-9, ponen el énfasis en cuán importante es que la comunidad de creyentes o iglesia de Cristo siga manteniedo el verdadero espíritu y sentido del mensaje inspirado por Jesús de Nazaret:

“Estoy asombrado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren alterar el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncia un evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema”. -Versión Valera, 1995.

Por tanto, en lo que se refiere a la relación que debería haber entre una comunidad de creyentes y “el evangelio de Cristo,” las palabras de arriba son sin duda una invitación permanente a la reflexión y al autoanálisis sincero, no fuera que al final se estuviera siguiendo ‘un evangelio diferente‘ al que Jesús de Nazaret inspiró.

Algo que también se observa en las Escrituras, es que eran los cristianos de experiencia y madurez los que procuraban reajustar las conductas inmaduras. Sin embargo, Jesús mismo mostró que al final el juez de todos es sólo Dios. -Mateo 7:1.

Esteban López