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A veces es muy difícil aceptar la verdad de las cosas, sobre todo si conocerla pone en tela de juicio algunas de nuestras creencias más arraigadas. Eso nunca es cualquier cosa porque como dijo Ortega y Gasset, “nuestras creencias son las columnas de nuestra existencia”. Sin embargo, si la evidencia es sólida y las pruebas suficientes, entonces quedan ante nosotros dos opciones: no dar crédito alguno y adoptar la posición de “mi patria tenga razón o no“, o con valentía y humildad analizar y contrastar todo convencidos de que en realidad la búsqueda de la verdad no tiene por qué ser destructiva de la fe. Como concepto teórico es verdad que todos afirmamos que amamos la verdad, pero cuánta razón tenía Simone Weil (1909-1943) cuando expresó,

No hay posibilidad alguna de satisfacer en un pueblo la necesidad de verdad si para ello no pueden encontrarse hombres que la amen”.

La historia del cristianismo está llena de grandes luces, pero también de oscuras sombras. Conocerla mejor hará que podamos verlo todo con mayor perspectiva y entendimiento, haciendo incluso que nuestra relación personal con Dios se convierta en lo más importante. Como escribió el historiador Paul Johnson en su obra Historia del Cristianismo, 1976,

Paul JohnsonEl cristianismo, al identificar la verdad con la fe, debe enseñar- y bien entendido, en efecto enseña- que la interferencia con la verdad es inmoral. Un cristiano dotado de fe nada tiene que temer de los hechos; un historiador cristiano, que limita en un punto cualquiera el campo de la indagación está reconociendo los límites de su fe. Y por supuesto, está destruyendo también la naturaleza de su religión, que es una revelación progresiva de la verdad. De modo que, a mi entender, el cristiano no debe privarse en lo más mínimo, de seguir la línea de la verdad. Más aún está realmente obligado a seguirla. En realidad, debe sentirse más libre que el no cristiano, que está comprometido de antemano por su propio rechazo”.

La mayor parte de la información que sigue está entresacada del libro de Hans Küng, “El judaísmo, pasado, presente y futuro,”  Trotta 1993.

Alemania y el nazismo

Adolf Hitler no fue un ‘accidente laboral’ de la historia alemana ni una “jugarreta del destino”. Adolf Hitler subió al poder por una amplísima mayoría del pueblo alemán, y, a pesar de todas las críticas, contó hasta el final con la aterradora lealtad de la mayor parte de la población.

“La dictadura nazi no podría haber nacido ni permanecido sin el fallo interesado del “hombre de la calle”, sin el fascismo cotidiano… ese régimen criminal no habría podido abrirse paso al poder sin la tolerancia o promoción de las élites – mayoritariamente conservadoras- que dominaban en la burocracia alemana, en la industria, en la justicia, en la medicina, en el periodismo y en el ejército… heideggerEsto vale igualmente para las universidades, para los estudiantes y los profesores. Los “casos” más sonados fueron el filósofo y dócil rector nazi Martin Heidegger (¡miembro del partido hasta 1945!) y Carl Schmitt, especialista en derecho público y miembro del partido. Como muchos otros que ocuparon puestos de responsabilidad, ninguno de los dos consideró necesario, una vez terminada la guerra, admitir su fracaso, decirse arrepentido y confesar su culpa.

“La discusión reciente ha sacado a la luz lo que los llamados “posmodernos” franceses, junto con algunos admiradores alemanes de Heidegger, no habían percibido: que la implicación de Martin Heidegger en el nacionalsocialismo fue mucho más seria y duradera de lo que se supuso durante largo tiempo”. – Pág. 226.

Lutero y los judíos

Lutero, que un cuarto de siglo antes había escapado de la Inquisición romana y de la consiguiente hoguera por la intervención de su príncipe, exige ahora para los judíos nada más y nada menos que la quema de las sinagogas, la destrucción de las casas, la requisa de las Sagradas Escrituras; exige incluso la prohibición de la enseñanza y del culto so pena de muerte, la supresión del derecho a circular libremente, confiscación del dinero y de las joyas, trabajos luterofísicos forzados, y si todo esto no surte efecto, la expulsión de los países cristianos… Lutero no podía ni sospechar hasta qué punto llegarían a realizarse sus exigencias.

“El viejo Reformador se convierte en el abogado de la violencia frente a los judíos. Tres años antes de su muerte, publicó -amargado por los resultados altamente ambivalentes de su Reforma, por el incremento de las conversiones al judaísmo y en la Espera del Juicio final- aquel escrito famoso y funesto, apasionado y antijudío, un escrito polémico (que no misionero), llamado a tener una repercusión terrible no tanto en sus días, sino en los de Hitler y Mimmler: “De los judíos y sus mentiras”. – Pág. 181.

El protestantismo

Las iglesias protestantes de Alemania, en virtud de su tradición germano-nacional más fuerte, fueron desde el principio mucho más propensas al nacionalsocialismo que la Iglesia católica… Mientras que el catolicismo capituló ante Hitler, sobre todo a causa del ‘concordato del Reich,’ y luego asintió con bastante entusiasmo, una gran parte del protestantismo dio desde el principio un ‘sí’ manifiesto al movimiento nacionalsocialista, sobre todo porque esto significaba un ‘no’ al marxismo, al liberalismo y al ateísmo. La prometida ‘Iglesia del Reich’ fue para muchos protestantes el ‘concordato del Reich para los católicos… Esta dinámica llegaría a tener repercusiones nefastas en la cuestión judía, pues el Estado exigió muy pronto a la Iglesia adhesión total en este asunto”. – Págs. 239, 240.

“Cuando la situación se hizo crítica … se fundó -a pesar de todos los intentos de coordinación de parte del Estado y a pesar de la persecución- la Iglesia Confesante, inspirada en el suizo Karl Barth, profesor de teología reformada, que enseñaba entonces en Bonn. Él y los defensores de la “teología dialéctica” querían hacer valer la “soberanía de Cristo” sobre todos los ámbitos, también el del Estado.

martin-niemoller“Todo esto tuvo su expresión visible en el Sínodo Confesante de Barmen, celebrado en mayo de 1934, donde se pronunció una clara confesión de Jesucristo como “Señor” único de la Iglesia, lo que equivalía a un rechazo nítido del “principìo del Führer” en el sentido nacionalsocialista”. Pero la Iglesia Confesante no quiso manifestarse entonces sobre la cuestión judía, sobre todo porque su elevada cristología dogmática no sabía qué hacer muy bien con el judío Jesús. Karl barth fue alejado entonces de su cátedra y vivió entonces en Basilea. Y solo en mayo del 1936, la dirección eclesiástica provisional de la Iglesia Confesante redactó un memorandum contra la política racial y contra las arbitrariedades del régimen. Martin Niemöller fue deportado en 1937 a un campo de concentración. Y Dietrich Bonhoeffer, aladid de la lucha contra la persecución Dietrich Bonhoeffery exterminio de los judíos, a quien se le prohibió hablar y escribir, se unió en 1940, cenit del poder alemán, a un grupo de oposición política y fue ejecutado tras el atentado que sufrió Hitler el 20 de julio de 1944. Pero esa Iglesia Confesante que se apoyaba solo en el evangelio, pudo mantenerse en pie hasta el final de la guerra, a pesar de todas las tensiones cada vez más graves, entre la Iglesia y el régimen. En aquel tiempo, ella fue un apoyo no solo para muchos párrocos, sino también para innumerables creyentes. en el censo de 1940, el 95% de los alemanes declararon -para decepción de los que dominaban- su fidelidad a sus respectivas Iglesias, a la evangélica o a la católica”. – Págs. 241, 242.

 Carta de Konrad Adenauer

 “En una carta que Konrad Adenauer alcalde católico de Colonia depuesto por los nazis y futuro primer canciller de la República Federal de Alemania, escribió el 23 de febrero de 1946 al Dr. Bernhard Custodis Pastor de Bonn. Dice así:

Adenauer2“En mi opinión, el pueblo alemán, los obispos y el clero tienen mucha culpa en los acontecimientos que han ocurrido en los campos de concentración. Es posible que luego no se pudiera hacer gran cosa, pero la culpa se contrajo con anterioridad. El pueblo alemán, también los obispos y el clero en su mayor parte, condescendieron con la agitación nacionalsocialista. Se permitió ser manipulados casi sin oponer resistencia; a veces con entusiasmo. Ahí reside su culpa. Por otro lado, aunque no se pudo tener un conocimiento precisó de lo que sucedía en los campos de concentración, que la Gestapo, nuestras SS y, en parte, también nuestras tropas procedieron contra pa población civil polaca y rusa con una crueldad sin precedentes. Los pogromos judíos de 1933 y 1938 tuvieron lugar a plena luz del día. Se dieron a conocer públicamente los asesinatos de rehenes en Francia. Por consiguiente, no se puede afirmar que la opinión pública ignoraba que el Gobierno nacionalsocialista y la dirección del ejército transgredían por principio el derecho natural, la Convención de La Haya y los preceptos humanos más elementales … Opino que muchos obispos podrían haber evitado muchas cosas si todos juntos, en un día determinado, hubieran condenado públicamente, desde el púlpito todos aquellos desmanes. No se hizo eso, y la omisión no tiene disculpa posible. Si como consecuencia de una postura valiente, los obispos hubieran ido a parar en la cárcel o los campos de concentración, eso no habría sido dañoso, sino todo lo contrario. Nada de eso se hizo y por consiguiente, lo mejor es callar”. – Pág. 237.

La iglesia católica

Pío XII, desde un principio era extremadamente reservado en cuanto a la conveniencia de hacer una condena pública del nacionalsocialismo y del antisemitismo. ¿Por qué?

1. Era declaradamente germanófilo y estaba rodeado totalmente de colaboradores alemanes.

2. Pensaba sobre todo en categorías jurídico-diplomáticas, no en términos teológico-evangélicos.

3. Tenía pánico a todo contacto físico y al comunismo, mantuvo una actitud profundamente autoritaria y antidemocrática.

4. Estaba dispuesto a una alianza pragmático-anticomunista con el nazismo totalitario… en el fondo “derechos humanos” y “democracia” fueron dos temas ajenos a este papa.

Como papa tuvo en cuenta principalmente los intereses de la institución eclesiástica y del Vaticano. Por eso se encontró en un conflicto de conciencia respecto del nacionalsocialismo y del judaísmo.

Pacelli fue el primero en firmar… el infastuo “concordato del Reich, el 20 de julio de 1933 (más tarde vendrían los concordatos con Franco en España y Salazar en Portugal). Pacelli consiguió que ese tratado reportara a Hitler el reconocimiento internacional y la integración de la parte católica del pueblo en el sistema nazi.

pio XIIEs falso afirmar que Pío XII “no hizo nada por los judíos”, que fue racista o antisemita o que guardó silencio por cobardía o para salvaguardar intereses del Vaticano. La verdad es que Pacelli hizo gestiones diplomáticas y prestó ayudas sobre todo al final de guerra para salvar a individuos judíos o grupos judíos… Pero la pregunta de fondo sigue siendo la de si esto sigue siendo suficiente en aquella hora histórica, si bastaba aquello para uno que dice ser el “representante de Cristo en la tierra”. Indudablemente no. Pues, ¿qué es esto comparado con lo que ese mismo papa dejó de hacer? El trasfondo personal de este papa ayuda a comprender muchas cosas:

1. En todas sus tomas de postura, el papa utilizó expresiones absolutamente generales. Hablaba de “gente desdichada”, pero marcado por la teología tradicionalista y antijudía habitual en Roma, nunca pronunció en publico la palabra ‘judíos’. La revista de los jesuitas de Roma, sometida a la supervisión directa de la secretaría de Estado, publicó en ese tiempo artículos antijudíos.

2. Al parecer Pacelli no consideró necesario pronunciar ni siquiera una palabra de condena de la invasión alemana de Polonia, hecho que atentaba contra los principios más elementales del derecho publico internacional y que sumía a todo un pueblo (y, además, católico) en la desgracia.

– ni una protesta contra el pogromo del Reich de la llamada “Noche de los cristales rotos del 9/10 de noviembre de 1938,

– ni una protesta conjunta con los dirigentes de otras iglesias cristianas contra el irrefenable afán de conquistas de Hitler tras anexionarse éste Bohemia y Moravia, como el arzobispo de Canterbury Dr. Lang propuso al papa el 20 de mayo del 1939.

– ni una protesta contra el estallido de la Segunda Guerra Mundial provocado por los criminales nacionalsocilaistas el 1 de septiembre de 1939.

– prefiríó callar incluso durante la guerra… guardó silencio también acerca del exterminio judío, el mayor asesitato masivo de todos los tiempos y sobre el que él estaba mejor informado que cualquier otro estadista de Occidente. Y ni siquiera cambió de actitud cuando el obispo berlinés Konrad von Preysing, las organizaciones judía, incluso el presidente Roosevelt y otros estadistas occidentales, le pidieron con creciente insistencia que tomara postura públicamente.

– se abstuvo no solo de excomulgar, sino incluso de condenar públicamente a ‘católicos’ y asesinos de masas tan prominentes como Hitler, Himmler, Goebbels y Bormann (Göering, Eichmann y otros dirigentes nazis eran protestantes de nombre).

El Vaticano ignoró una gran parte de los sufrimientos de la gran masa del pueblo judío. “La diplomacia vaticana respecto de los judíos durante el holocausto fracasó por completo, pues no hizo de este terreno lo que había sido posible para ella. También fracasó ante sí misma, pues al descuidar a los judíos y al adoptar al respecto una postura de moderación en lugar de adoptar un compromiso humanitario, traicionó los ideales que ella misma se había fijado. Los nuncios, el secretario de Estado y, sobre todo, el papa mismo son los responsables de esta situación fatal.” -John F. Morley, “Vatican Diplomacy and the jews during the Holocaust 1939-1949.”

El papa guardaba silencio; a pesar de las crecientes informaciones sobre el Holocausto. Esto fue bastante más que un error político, fue todo un fracaso moral.

KolbePero hubo excepciones de oposición valiente a aquella barbarie. Por ejemplo el caso de Maximiliano María Kolbe. Nació el 7 de enero de 1894 en Zdunska Wola, Polonia. Hombre inteligente y con formación universitaria. La historia de su vida hubiera pasado inadvertida si no hubiera sido por un acto lleno de valor que llegó a ser la culminación de su fe radical en Dios, y que mantuvo durante toda su vida. Cuando los nazis iban a ejecutar a un prisionero padre de familia, él dijo, “Soy sacerdote católico y quiero ocupar su lugar. Yo ya soy viejo, pero él tiene mujer e hijos.” Aunque sorprendidos, los nazis aceptaron el canje. Le encerraron, dejaron a Maximiliano casi al borde de la inanición y finalmente fue ejecutado con una inyección letal.

Véase también: Maximiliano María Kolbe

 Juan XXIII

Roncalli2Hasta Eugenio Pacelli (Pío XII), la teología romana había sido claramente antijudía. Aquel papa siempre se había negado, por ejemplo, a cambiar la oración referida a los ‘pérfidos judíos’ en la liturgia del Viernes Santo. Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII. sin embargo, la cambia por otra oración más amistosa para los judíos. Además en 1960 recibe a un grupo de más de cien judíos americanos, a los que, para sorpresa de éstos saluda con las palabras del José bíblico: “Sono io, Giuseppe, il fratello vostro – Soy José vuestro hermano.” Y otro día, de manera espontánea manda parar el automóvil enfrente de la sinagoga romana para saludar y bendecir a los numerosos fieles judíos que salían de ella. No fue de extrañar por tanto que la noche que Juan XXIII agonizaba, tanto el gran rabino de Roma como muchos fieles judíos acudieran a la Plaza de San Pedro para orar por él junto a los fieles católicos. Algo profundamente significativo estaba cambiando.

Véase también: Angelo Giuseppe Roncalli

En el concilio Vaticano II, con la oposición de la tradicionalista y antijudía curia romana, se pudo sacar adelante la siguiente declaración: “Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que es su pasión se hizo, no  puede se imputado ni indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy… el hecho de que la iglesia sea el nuevo pueblo de Dios no se puede concluir que los judíos,”sean réprobos de Dios y malditos”.

– Bibliografía: Hans Küng, “El judaísmo, pasado, presente y futuro,” Trotta 1993

Otro ejemplo de resistencia al nazismo fue el de los Bibelforscher (estudiantes de la Biblia-ahora se conocen como testigos de Jehová. Fue la única comunidad religiosa cristiana que se opuso firmemente y en bloque al régimen nazi, aunque la mayoría sufrió lo indecible por ello.  

Franz Wohlfahrt Franz Wohlfahrt era un Bibelforscher (escudriñador de la Biblia). Acababa de cumplir los 20 años y se negó a ser reclutado en el ejército nazi. Delante de cientos de reclutas y oficiales se negó a saludar la bandera nazi. Le arrestaron el 14 de marzo de 1940 y le encarcelaron. Posteriormente, en aquél mismo año, lo enviaron a un campo penal en Alemania. El nuevo comandante se apiadó de él y le libró tres veces de la ejecución entre 1943 y 1945. Le impresionó que prefiriera morir a transgredir el mandamiento de Dios de amar a nuestro prójimo y no matar. Franz permaneció en el Campo Rollwald Rodgau hasta el 24 de marzo de 1945. Fue liberado por el ejército de Estados Unidos y regresó a su hogar en Austria. Sin embargo, varios miembros de su familia habían sido ejecutados así como otros cientos o quizá miles de Bibelforscher.

Véase también Bibelforscher: el valor y la dignidad

Esteban López

Bibliografía:  “El judaísmo, pasado, presente y futuro”, Hans Küng, Trotta 1993.