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ShoahEl 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó asignar el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración de las víctimas del HolocaustoSe eligió el 27 de enero porque fue ese mismo día de 1945 cuando el Ejército Soviético liberó a los presos del campo de concentración de Auschwitz. La fijación de esta fecha tiene como objetivo lograr que los Estados miembros elaboren programas educativos para mostrar a las futuras generaciones la realidad histórica de unos hechos lamentables y repudiables como los acontecidos durante el Holocausto, con el fin de evitar actos de genocidio en el futuro.

Sobre el documental que se expone aquí, “Shoah“, Miguel Ángel Palomo del Diario El País, escribió:

Monumental trabajo en el que el cineasta francés Claude Lanzmann invirtió 11 años de su vida, un terrible acercamiento documental al holocausto. ‘Shoah’ supone para el espectador un viaje al centro mismo del exterminio judío, una cadena que lo ata ante la pantalla para impedir que pueda mirar hacia otro lado. Algo de eso es ‘Shoah’: la historia de personas que miraban hacia otro lado; también la de seres humanos que se acostumbraron a convivir con el horror hasta que se convirtió casi en algo cotidiano; también la de quienes sucumbieron ante la mano nazi y la de quienes vivieron para contarlo, marcado para siempre. Ante la cámara de Lanzmann desfilan supervivientes, oficiales, civiles ucranianos y polacos… Todos ellos se convierten en símbolos de la Europa que callaba ante la tragedia que vivían en el Este: en Treblinka, más tarde en Auschwitz… Quizá sea fácil hablar de películas imprescindibles. ‘Shoah’ lo es por encima de cualquier otra”.

Con motivo del fallecimiento de Claude Lanzmann, el 5 de julio de 2018 a la edad de 92 años, Luis Martínez escribía sobre Shoah en el diario El País:

Tras más de una década de preparación y con centenares de horas de rodaje, lo que surge en las nueve horas largas que dura Shoah (estrenada en 1985) es la puntual descripción de lo indescriptible, la perfecta narración de lo indecible. Decía Jorge Semprún que lo verdaderamente traumático del Holocausto es que no hubo testigos. «Nadie podrá decir jamás: yo estuve ahí. De ahí la angustia de no ser creíble». Y, sobre esa aporía, se levanta un atormentado, pausado y brutal ejercicio de memoria. El barbero cuenta cómo cortaba el pelo a los que iban a morir. El superviviente relata el sabor diario de la muerte siempre aplazada. El guardián se ufana del bajo precio de los muertos. El verdugo aún ríe. «La película trata de la muerte», sentenciaba rotundo y hasta iracundo cada vez que le preguntaban por ella. Y, sin embargo, allí no hay cadáveres. «Aquello era un crimen perfecto. Por primera vez en la Historia del hombre, la muerte se convirtió en industria; una industria que aniquilaba, quemaba y eliminaba los rastros», continuó”. 

Desde su estreno en 1985, Shoah se ha convertido en todo un referente tanto desde el punto de vista histórico como cinematográfico, haciendo que se produzcan multitud de libros y seminarios en todas las universidades del mundo. Este documental supera por mucho a cualquier otro filme que haya tratado sobre el genocidio judío bajo la Alemania nazi, porque no es ficción representando el Holocausto, sino el testimonio vivo de algunos supervivientes. Se sugiere que se vea sin prisas y que se medite bien, aunque sea poco a poco porque dura 10 horas. No aparecen imágenes escabrosas de aquella barbarie, sino solo el testimonio de personas que lo vivieron o lo sufrieron y que más tarde estaban vivas para contarlo. Debería pasarse en todas las escuelas de manera periódica para que las nuevas generaciones supieran con exactitud todo el horror que aquello significó, y para que nuevos genocidios semejantes no vuelvan a suceder jamás. Al menos debería verse una vez en la vida.

Esteban López