MirandolaGiovanni Pico della Mirandola (1463-1494), fue un humanista y filósofo italiano, uno de los hombres más cultos de todos los tiempos y con una mente privilegiada. Por sus tesis sobre la superioridad y el protagonismo del hombre en el universo (dejando en un segundo plano la autoridad objetiva de la Iglesia), la libertad de conciencia y la voluntad humana, es considerado una de las figuras centrales del Renacimiento y del Humanismo.

De gran inteligencia precoz y ansia por saber, llegó a conocer lenguas como el griego, árabe, hebreo y caldeo con el deseo de poder entender la Cábala y el Corán. Estudió en profundidad a Averroes, Platón y Aritóteles, Tomás de Aquino y  Juan Duns Escoto, entre muchos otros pensadores de todos los tiempos. Se opuso vehementemente a toda forma de magia y de astrología contra la cual escribió una obra.

Defendía que el hombre era un ser lleno de dignidad y nobleza, y que debería esforzarse por responder a la alta misión por la que había sido creado:  comprender la unidad del cosmos y la unidad de lo divino. Este último concepto  tuvo a partir de entonces una gran influencia tanto en la filosofía y como en la religión.

Otra de sus tesis consistía en intentar demostrar que el cristianismo era el lugar de convergencia de los saberes culturales, religiosos, filosóficos y teológicos de todas las épocas y procuró un gran consenso filosófico entre los principales pensadores de su día. También estudiaba y efectuaba exégesis del libro bíblico del Génesis para encontrar su significado, y de las obras de Platón y Aristóteles con el fin de encontrar confluencias entre sus respectivas filosofías. Sin embargo, recibió una gran oposición a su obra por parte de los teólogos de su día y buena cantidad de sus escritos fueron considerados como herejías por la Iglesia oficial.

En 1486 escribe su Oratio de hominis dignitate (Discurso sobre la dignidad humana), basado en la Cábala judía, la teología y la filosofía, con el que pretende fundamentar las posibles similitudes existentes entre el pensamiento de Platón, Aritóteles, el pensamiento caldeo, el judío, el árabe y el cristiano. El escrito se encontró con la oposición papal, que forzó que una comisión llevara a cabo un análisis del escrito encontrando afirmaciones contrarias a la ortodoxia católica de su día. El texto no pudo publicarse hasta después de su muerte gracias a la intervención de un pariente suyo. Este texto, formado por un total de 900 tesis se le llegó a conocer como el “Manifiesto del Renacimiento“, ya que ponía al hombre como centro (atropocentrismo) en lugar de a Dios (teocentrismo) como había estado sucediendo durante la Edad Media, y que ponía además todo el énfasis en la potencia del intelecto. Así mismo, consideraba la inteligencia como “libertad” del hombre dada por Dios para pensar y que le diferencia del resto de los seres vivos. Todos esos conceptos fueron determinantes en la aparición del humanismo español (Juan Luis Vives, 1492-1540; Fernán Pérez de Oliva, 1494-1531).

Pico llegó a reunir una de las bibliotecas más extensas del Renacimiento, y que al morir legó a un amigo en lugar de donarla a algún convento; lo que muestra su deseo de independencia de pensamiento lejos de todo control eclesiástico.

En cierta ocasión escribió:

“Nunca estudié filosofía por otra razón que la de poder llegar a ser un filósofo, jamás esperé remuneración por mis estudios, por mi trabajo a la luz de la lámpara, ni busqué otra recompensa que el cultivo de mi mente y el conocimiento de la verdad, que siempre he ansiado por encima de todas las cosas. Siempre estuve tan deseoso, tan enamorado de esto, que perdí todo interés por cualquier otro asunto privado o público y me entregué por completo a mi vida, de la que ni el menosprecio de quienes me odian ni la execración de los enemigos de la sabiduría pudieron en el pasado o podrán en el futuro disuadirme”.

Puede entenderse perfectamente ese profundo interés de Giovanni Pico della Mirandola por la filosofía. Porque se ha dicho de ésta que puede mejorar nuestro conocimiento propio, puede hacer que no sucumbamos fácilmente ante los tópicos, saber argumentar evitando las falacias habituales, estar atento para que no le den a uno apariencia por realidad, disfrutar con una novela o una teoría científica sin ser escritor o científico, en definitiva, poner los poderes que uno tiene en su mano para sacar lo mejor a la vida. Estos son asuntos, sin duda, inmensamente útiles, vitales y de importancia dramática en nuestras vidas. De modo que nadie puede afirmar sin faltar a la verdad que ‘de nada sirve la filosofía‘.

Sin embargo, con veintiocho años, su inmensa inquietud llevó a Giovanni Pico della Mirandola a una más intensa búsqueda de Dios y a un profundo sentir religioso, lo que hizo que renunciara a sus inmensas posesiones materiales y a ingresar en un convento de la Orden de los Dominicos. Solo vivió treinta y un años porque fue envenenado según parece por su propio secretario y cuando ya había sido exonerado por el papa Alejandro VI de sus posibles herejías. Su saber fue tan inmenso que en el epitafio de su tumba puede leerse:

Aquí yace Pico della Mirandola: el Tajo, el Ganges, aun las Antípodas saben el resto”.

Una vez más, el ser humano, ese ser único en busca de su propia trascendencia, de la verdad y de Dios mismo.

Esteban López