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ayudar-enfermo-moribundoUna noticia de la publicación jurídica  Economist & Jurist rezaba así:

La sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de 22 de octubre (2015) confirma la condena a un médico de urgencias que no atendió a un enfermo frente a la puerta del hospital donde estaba de guardia. Será condenado a pagar 100.000 euros a la familia del paciente, el cual falleció en la calle“.

Puede leerse aquí el artículo completo.

No deja de estremecer que algo así pueda suceder. ¿Cómo es posible que un médico se niegue a atender a alguien que está moribundo en la puerta de un hospital? ¿Dónde queda su Juramento Hipocrático como deber ético de hacer todo lo posible por salvar una vida humana? ¿Dónde estaba su compasión por el prójimo, cuando cualquier persona común hubiera hecho todo lo posible, dentro de sus limitaciones, para auxiliar a alguien en aquellas tristes circunstancias? ¿Qué fue lo que lo cegó para no ver la gravedad de la situación? ¿Quizá razones ‘pragmáticas‘ o simplemente utilitaristas? Esgrimir razones legalistas para no atender a un ser humano que se muere, no es Derecho, ni Justicia, sino simple tiranía.

El tema no es nuevo. Incluso en el Evangelio se ilustra muy bien que el simple legalismo es siempre enemigo del ser humano:

“Luego Jesús se fue de ahí para la sinagoga. Había un hombre allí que tenía una mano paralizada, y como buscaban la manera de acusar a Jesús, entonces le preguntaron:

—No se debe sanar en el día de descanso, ¿verdad?

 Jesús les contestó:

oveja recuperada—Si alguno de ustedes tiene una oveja y en el día de descanso esta se cae en un pozo, ¿no es verdad que va y la saca del pozo? ¡Pues un ser humano vale más que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacerle bien a la gente en el día de descanso”.

– Mateo 12:9-12, LDP.

Jesús de Nazaret no tenía ninguna duda de que, antes que la ley mal aplicada, está el ser humano. Sin dudarlo ni un momento, sanó a aquel hombre relativizando y colocando en un segundo lugar la ley del sábado llevada a ridículos extremos por los líderes religiosos de su día. La Ley Mosaica decía que se descansara de trabajar el día del Sábado, no que se ignorara a los necesitados. La acción de Jesús colocaba al ser humano en el lugar que le corresponde: investido de plena dignidad delante de Dios y de los hombres. O como se diría hoy día, “sujeto pleno de derechos inalienables“.

Jesús de Nazaret obró en plena armonía con el sentir del profeta Oseas, quien unos setecientos años antes escribió expresando la voluntad de Dios:

“Lo que yo deseo de ti es fiel amor y no sacrificio. Quiero que ustedes me conozcan, no que me hagan ofrendas”. – Oseas 6:6, PDT.

Este es solo un ejemplo, pero que el legalismo se imponga por encima del ser humano puede encontrarse también en muchos otros entornos y sistemas. Queda en manos de cada uno de nosotros reflexionar sobre ello y procurar que sea la humanidad la que prevalezca sobre el simple absurdo.

Esteban López