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Cuando hace ya algunos años cierto periodista de la televisión española me entrevistó para un programa que trataría sobre los testigos de Jehová, expresó admiración por lo muy organizados que estaban los testigos. Parece que le sorprendió sobremanera la construcción de salones del reino en dos o tres días. Sin embargo, en cierto momento de la conversación no pude evitar decirle que también los nazis estaban muy bien organizados. Y es que la organización de algo nada tiene que ver con que el resultado final sea positivo, sobre todo cuando el autoritarismo sectario produce daño a personas inocentes.

Herodes el Grande por ejemplo construyó un hermoso templo en Jerusalén. Para ello se necesitó también mucha organización. Pero Herodes el Grande no solo era un gran arquitecto. También resultó ser un rey déspota y sanguinario. En cierta ocasión los discípulos de Jesús quisieron mostrarle la gran magnificencia de aquel templo. Sin embargo, la respuesta de su maestro no indicó que todo aquello fuera el resultado de la bendición de Dios. En absoluto. Porque de nada sirvió tanta organización y esplendor cuando aquel templo y todo lo que ello representaba fue destruido por el ejército romano en el año 70 de nuestra era común.

La organización de los testigos de Jehová tiene solo un interés primordial: mantener el control espiritual de sus miembros y su uniformidad doctrinal aún a sabiendas de que muchas de sus creencias y reglas internas carecen por completo de firme base bíblica. Y la experiencia muestra además que las personas importan solo si su lealtad a la organización es absoluta. La mínima disensión se paga bien caro: “señalamiento”, desprecio, comités judiciales semejantes a los existentes en los regímenes más dictatoriales, ignominia, expulsión y la perspectiva de ser tratado como un paria siendo ignorado como si se estuviera muerto. De nada sirve que la persona lo haya sacrificado todo durante buena parte de su vida para “servir a la organización“. Súbitamente aparece el verdadero cariz frío y autoritario de esa organización en la que la persona pasa a ser un simple número, un “recurso humano” como el de las grandes corporaciones, en las que se puede despedir a las personas sin la menor contemplación.

Ante semejante perspectiva, solo es lógico que muchos se lo piensen mucho antes de mostrar abiertamente sus quejas u objeciones. Eso crea un entorno de asfixia y opresión espiritual que hace que, o se estalle porque ya no se puede más, o se pase a un anonimato crítico y beligerante. Solo hay que echar un vistazo a los foros de ex testigos para poder observar el profundo grado de desilusión existente con una organización religiosa que olvidando el cristianismo sencillo y amoroso de Jesús de Nazaret, se ha convertido en una eficaz y formidable fábrica de agnósticos y ateos.

 El constante adoctrinamiento en ideas y conceptos alejados del respeto a la dignidad humana suele ser el causante de opresión dentro de muchos colectivos. Por ejemplo, el ensayista inglés Adoux Huxley (1894-1963), escribió:

La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea”.

Como en el caso de otras organizaciones sectarias, los testigos son responsables de inculcar desprecio y odio a todo el que no piense igual que ellos. Hay personas por ejemplo que no reciben ningún trato desde hace años, incluso por parte de otros miembros de su familia que también son testigos. Y cuando por ejemplo asisten al funeral de algún familiar común, son ignorados completamente por método. Todo eso es el resultado de un adoctrinamiento constante en superioridad religiosa y moral, y en el sentido de que “solo nosotros somos el único pueblo escogido de Dios“. Olvidan que los fariseos del tiempo de Jesús adolecían precisamente de todo eso, siendo desenmascarados una y otra vez por él mismo.

Cabe preguntarse de qué sirve tanta “organización” para ir a buscar a otras personas si se desprecia y “mata” a todo el que hace preguntas sinceras. Hasta ETA se llama a sí misma “organización”  e incluso ha asesinado a sus propios disidentes. Pero bien pensado,  ¿qué tiene que ver realmente todo eso con el cristianismo?

Un antiguo profeta de Dios lo expresó muy bien cuando escribió:

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos“. – Oseas 6:6, 7, VV.

O también este esclarecedor pasaje del evangelio:

Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?  Al oír esto Jesús, les dijo: ‘Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento“. – Mateo 9.10-13, VV.

De modo que una organización debería ser solo un medio pacífico para lograr algún fin bueno y positivo. Pero una organización no tiene por qué ser un fin en sí mismo, y mucho menos un instrumento para maldecir o castigar a otros. En ningún lugar del Evangelio se enseña eso. Por otro lado, el centro del cristianismo es Cristo Jesús mismo, quien enseñó que los hombres deberían amarse, ayudarse mutuamente y comportarse como hermanos los unos con los otros. Eso dependería del Espíritu de Dios implantado en el corazón de los hombres, no de una organización humana, fría, implacable, opuesta a la dignidad humana, y por eso mismo opuesta a Dios mismo.

Esteban López