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arroganciaEn la parte inferior de este escrito, aparece una conferencia del teólogo católico Hans Küng en la Asamblea Conciliar de Frankfurt, Alemania, en el año 2012. Podrá observarse que tiene bastante audiencia y que de tanto en tanto el auditorio aplaude expresando su conformidad con lo que se dice. En cierta ocasión le pregunté a un sacerdote católico qué pensaba de Hans Küng. Me dijo que “Hans Küng ya hace tiempo que no es católico“. Küng sin embargo, afirma que sí es católico en el sentido de ser “universal“, ya que ese es precisamente uno de los significados de la palabra.

Este ejemplo quizá muestre que no se puede decir con rotundidad que exista solo un “catolicismo“. Oficialmente solo hay uno pero con una gran variedad de “movimientos” internos, los cuales y salvo alguna excepción, apenas tienen trato entre sí. Por ejemplo, sería muy extraño que personas próximas al Opus Dei tuvieran alguna relación en sentido espiritual con miembros de la llamada “teología de la liberación” o con jesuitas. Y viceversa, los llamados cristianos “progresistas” poco soportan aspecto alguno que esté relacionado con “la Obra“. Y el caso es que, ese trato indiferente o a veces incluso condenatorio, suele observarse también ente católicos y evangélicos, entre ortodoxos y católicos, entre adventistas y mormones, o entre testigos de Jehová y el resto de grupos cristianos.

Por otro lado, hay que reconocer que al día de hoy, sería muy difícil que una conferencia como la que se ve en ese vídeo pudiera tener lugar en otras denominaciones cristianas diferente a la católica, sobre todo en aquellas donde se tiene la convicción de tener la verdad absoluta en sentido doctrinal. Por lo menos, y todo hay que decirlo, dentro del catolicismo se permite que haya distintos movimientos y cierta libertad de expresión. En otros lugares sin embargo, tan solo disentir, aunque sea en aspectos mínimos, puede significar el estigma, el juicio adverso y hasta la misma expulsión, en la que además se conmina al resto de miembros a no tener ningún trato con los disidentes de por vida.

Y es que existe la tendencia a pensar o decir “este no es de los nuestros” cuando se trata de cristianos de otros movimientos o iglesias. Incluso en cierta ocasión, hasta un apóstol usó esa expresión cuando la aplicó a ciertas personas que no solían estar con ellos. Sin embargo, la contestación de Jesús muy esclarecedora:

Maestro —dijo Juan—, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo impedimos porque no es de los nuestrosNo se lo impidan —replicó Jesús—. Nadie que haga un milagro en mi nombre puede a la vez hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor de nosotros. Les aseguro que cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre por ser ustedes de Cristo no perderá su recompensa”. – Marcos 9:38-41, NBD.

Pablo de Tarso también escribió sobre este asunto cuando dijo:

Quiero decir, que algunos de ustedes afirman: “Yo soy de Pablo”; otros: “Yo soy de Apolo”; otros: “Yo soy de Cefas”;  y otros:  “Yo soy de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Fue crucificado Pablo en favor de ustedes? ¿O fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo”?

Mientras haya entre ustedes envidias y discordias, es que todavía son débiles y actúan con criterios puramente humanos. Porque cuando uno afirma: “Yo soy de Pablo”, y otro: “Yo soy de Apolo”, están manteniendo criterios puramente humanos. A fin de cuentas, ¿qué es Apolo?, ¿qué es Pablo? Simplemente servidores, por medio de los cuales ustedes han llegado a la fe”. – 1 Corintios 1:12,13; 3:2-5, DHH.

Igualmente hoy día muchos dicen “Yo soy de Roma“, “Yo del patriarca de Constantinopla“, “Yo de Lutero“, “Yo de Wesley“, Yo de White“, “Yo de Russell“, etc, etc. Pero una vez más se podría preguntar, ¿debe estar dividido Cristo? Porque si se piensa bien, todas esas divisiones mantienen a los cristianos del todo el mundo en una situación permanente de pecado delante de Dios, sobre todo porque ignoran premeditadamente el deseo expreso en Getsemaní del que se supone que es el Maestro de todos, Jesucristo,

Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste“. – Juan 17:21,22, NTV.

Esteban López

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