Albert Camus decía que «Prevalece el absurdo. Sólo el amor nos salva de ello«. Lúcidas y certeras palabras que parece que siempre han estado vigentes, en medio de una historia y de un mundo donde a menudo lo que ha primado ha sido el desamor y la oscuridad.
A veces se dice que lo que mueve el mundo es el dinero. A mí siempre me ha parecido esa una expresión demasiado fría. Aunque quizá sea así hasta cierto grado, y a pesar de que haya tantas voces que se alzan hoy día en contra del amor romántico y verdadero entre un hombre y una mujer, nada debería evitar que ese bello sentimiento pudiera durar, todavía más cimentado, para toda la vida.
Eso es precisamente lo que ilustra la trilogía de la película, «Un hombre y una mujer» (Un homme et une femme), un clásico del cine francés dirigido por Claude Lelouch en 1966 y que también escribió el guion de la película. El filme narra la historia de dos personas que se encuentran y se enamoran, ambas lidiando con las cicatrices de sus pasados. Anne Gauthier (interpretada por Anouk Aimée) es una guionista cuyo esposo falleció trágicamente, mientras que Jean-Louis Duroc (interpretado por Jean-Louis Trintignant) es un piloto de carreras que también lidia con la pérdida de su esposa. Ambos son padres solteros y se conocen cuando llevan a sus hijos al internado. A través de encuentros melancólicos y románticos, desarrollan una relación que enfrenta los desafíos de sus recuerdos y emociones pasadas.
La película es conocida por su innovadora narrativa, el uso en imágenes de intercalado de color y blanco y negro, y la banda sonora icónica compuesta por Francis Lai, que se volvió mundialmente famosa. Su bella melodía es una de las más reconocidas en la historia del cine. El tema principal («Dabadabada») se convirtió en un icono cultural, evocando romanticismo y nostalgia. La banda sonora fue todo un éxito comercial y sigue siendo recordada como una de las más bellas de la época y quizá de todos los tiempos. Fue versionada en múltiples idiomas, apareció en comerciales y se convirtió en un símbolo del romanticismo cinematográfico.
La película fue un gran éxito tanto de crítica como comercial, convirtiéndose en una de las obras más emblemáticas del cine francés de los años 60. Obtuvo importantes premios, entre ellos:
- Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes (1966).
- Oscar a Mejor Película Extranjera en 1967.
- Oscar a Mejor Guion Original en 1967.
- Fue nominada también al Oscar a Mejor Dirección y Mejor Actriz (Anouk Aimée).
Claude Lelouch jugó con las técnicas visuales, combinando escenas en blanco y negro, sepia y a color, lo cual era innovador para la época. Esto no solo servía para diferenciar el pasado, el presente y las emociones de los personajes, sino que también reforzaba el tono poético y melancólico de la película.
«Un hombre y una mujer» trata temas tan universales como el duelo y la forma en que las personas lidian con la pérdida, el renacer del amor en medio de la fragilidad emocional o la conexión humana y el poder de los pequeños momentos cotidianos. La película no busca resolver todos los conflictos de los personajes, sino explorar cómo se sienten y viven esas emociones, algo que conectó plenamente con la audiencia de la época y así sigue siendo hoy día.
Como director de cine, Claude Lelouch es conocido por su capacidad de captar la esencia de la vida cotidiana con un toque poético. En «Un hombre y una mujer«, empleó varias técnicas innovadoras que lo diferenciaron de otros directores como,
Narrativa Fragmentada: Utilizó flashbacks para mostrar los recuerdos de los personajes, dándole un aire íntimo y psicológico a la historia.
Visuales Experimentales: La mezcla de blanco y negro, sepia y color no era común en los años 60. Lelouch explicó que esta decisión nació más de las limitaciones presupuestarias que de una elección estética, pero resultó ser un acierto artístico.
Diálogos Naturales: En lugar de grandes discursos, Lelouch apostó por conversaciones auténticas, muchas veces sencillas y cargadas de silencios, lo que reforzó la conexión emocional de la audiencia con los personajes.
«Un hombre y una mujer» sentó precedentes para las películas románticas modernas. Influenció a generaciones de cineastas, destacando la importancia del realismo emocional en las historias de amor.
La película también sirvió como puente entre el cine europeo y el cine de Hollywood. Su éxito en los Oscar y su distribución internacional ayudaron a posicionar al cine francés como una fuerza importante en la industria global.
La protagonista del filme y bella Anouk Aimée se convirtió en un ícono de elegancia francesa gracias a esta película. Su estilo minimalista y sofisticado sigue inspirando tendencias, dando muestra de lo que se podría catalogar como el elegante estilo francés.
La trilogía
A la primera película Un hombre y una mujer (1966) le siguió Un hombre y una mujer: 20 años después que está ambientada dos décadas después, y muestra a Anne y Jean-Louis reencontrándose. Jean-Louis sigue enamorado, pero Anne no está segura de querer revivir el pasado. Y Los mejores años de una vida, donde los personajes ya son ancianos. Jean-Louis, con problemas de memoria, es visitado por Anne, lo que revive su historia de amor con una melancolía conmovedora.
Hay que decir que en la trilogía Lelouch no sólo cuenta una historia de amor, sino que también aborda temas como,
La Fragilidad Humana: Los personajes no son héroes perfectos; son vulnerables, cometen errores y cargan con traumas, lo que los hace profundamente humanos.
El Tiempo como Protagonista: En toda la trilogía, Lelouch utiliza el tiempo como un elemento narrativo, destacando cómo el pasado influye en el presente y cómo las emociones evolucionan con los años.
El Amor como Motor de Vida: En cada película, el amor, con todas sus complejidades, es presentado como una fuerza transformadora, capaz de sanar y también de herir.
La capacidad de «Un hombre y una mujer» para capturar emociones genuinas y universales la ha mantenido relevante a lo largo de las décadas. A diferencia de muchas películas románticas que dependen de giros dramáticos, esta obra se apoya en momentos cotidianos y pequeños gestos que calan en cualquier espectador. Una obra maestra que invita a disfrutar y a percibir lo bella que puede ser la vida cuando hay verdadero amor entre Un hombre y una mujer.
Esteban López

Amor omnia vincit!
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