llama

Es difícil asumir el aserto del filósofo alemán Gottfried Leibniz (1646-1716) de que éste es “el mejor de todos los mundos posibles“. Es verdad que puede asumirse cierto grado de dolor que sirva de aviso o que nos incentive a luchar contra él. Sin embargo, lo que es realmente difícil sobre todo, es intentar entender el dolor desmesurado, ingente y absolutamente falto de todo sentido.

Pero por si eso no fuera suficiente, existe el dolor que se podría haber evitado, el que los hombres nos hemos infligido unos a otros como culmen máximo de la estupidez humana. Es el dolor que, como dijo Aimé Césaire (1913-2008), poeta y político francés, es sin lugar a dudas uno de los que más contribuyen al horror en este mundo y que hace de él “un mundo inaceptable“.

Je suis

El día 7 de enero de 2015, dos hombres enmascarados y armados con rifles de asalto entran en las oficinas del semanario Charlie Hebdo, París, matando a once personas e hiriendo a otros once. Poco después matan también a un oficial de la Policía Nacional de Francia, cuyas imágenes dan la vuelta al mundo. Como respuesta simbólica, el día 11 siguiente, unos dos millones de personas, entre ellas más de 40 líderes mundiales, se reúnen en París para una marcha de unidad nacional y tres millones setecientas mil personas se unen a las manifestaciones en toda Francia. La frase Je suis Chalie (“Yo soy Charlie” en francés) es el lema común de apoyo a las manifestaciones en muchos medios sociales. Pero también Je suis por,

– los pacíficos 191 ciudadanos asesinados en Atocha, Madrid, en los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004.

– los también asesinados por atentados terroristas en París, Bruselas, Berlín, Londres, etc.

– las familias enteras e inocentes aniquiladas en Irak por los ataques indiscriminados de la aviación Aliada,

– los fallecidos por terrorismo en Kabul y todo Afganistán,

los veintiún cristianos coptos de Egipto y todos los demás cristianos asesinados por su fe,

los inocentes degollados por el mal llamado “estado Islámico“,

las mujeres golpeadas, violadas, secuestradas o asesinadas de todo el mundo,

– los hombres y mujeres que siendo fieles a su conciencia, fueron quemados por “herejes” o “brujas” por la mal llamada “Santa” Inquisición.

Miguel Servet, ejecutado y quemado vivo en la hoguera por orden del reformador protestante Juan Calvino en 1553, por no creer que Dios fuera parte de una trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta.

lidice

– los niños víctimas inocentes de toda clase de violencia,

los que venían para nacer pero que con horribles abortos no les dejaron,

los judíos por ser judíos,

los musulmanes pacíficos por ser musulmanes,

– los discriminados, apaleados o quemados en Estados Unidos solo por el color de su piel por injustas leyes racistas o durante el terror dominante del Ku Klux Klan,

– los asesinados por tiros, palizas o terribles torturas durante el inicuo sistema discriminatorio y racista del Apartheid en Sudáfrica,

– los palestinos inocentes muertos y masacrados por bombardeos indiscriminados del actual Estado de Israel,

las 829 víctimas de ETA en España, y de todo otro terrorismo,

monumento desaparecidos Argentina

los “desaparecidos” de Argentina, Chile, El Salvador o Honduras,

los que murieron de desesperación por no tener qué comer ni ellos ni sus familias o por mera pobreza,

los que mueren cada día en el África subsahariana,

los que se ahogan en pateras por huir del horror de la miseria,

los musulmanes inocentes de la matanza de Srebrenica en 1995,

los dos millones de armenios asesinados en horrible genocidio por el gobierno de “los jóvenes turcos” en 1915,

los hombres, mujeres y niños asesinados en Hiroshima, Nagasaki y Dresde,

víctimas del comunismo

los diez millones de disidentes políticos hechos “desaparecer” por el régimen comunista de José Stalin,

los más de diez millones de judíos, gitanos, presos políticos, discapacitados, homosexuales y testigos de Jehová asesinados durante el régimen nazi,

– los profesores, intelectuales y todos los inocentes de Camboya (tres millones), víctimas del genocidio propiciado por el atroz régimen de Pol Pot,

los inocentes asesinados el 11 de septiembre de 2001 en los atentados terroristas de las Torres Gemelas de Nueva York,

– los hombres, mujeres y niños víctimas inocentes de la guerra en Siria,

los hombres, mujeres y niños, muertos violentamente en Afganistán,

– los fallecidos víctimas de la prostitución o del imperio de la droga.

– Y Je suis por el resto de víctimas inocentes de la historia…

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti“. – John Donne, poeta inglés, “Devociones para ocasiones emergentes”, 1624.

El Adagio para cuerdas (en inglés «Adagio for Strings»). Samuel Barber, 1938. La pieza acompañó el anuncio radiofónico de la muerte de Franklin Delano Roosevelt y también una ceremonia celebrada en el World Trade Center para conmemorar la pérdida de miles de personas en los ataques del 11 de septiembre de 2001. Sirva también para todas las víctimas inocentes de la historia por la violencia…

Véase también Walter Benjamin, la memoria de las víctimas

Esteban López