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¿Qué sentido tiene la belleza?

Hoy día parece que lo inmediato, lo urgente, se impone por doquier. Las prisas y una constante inquietud febril parece que lo rige absolutamente todo. Los medios de comunicación, por ejemplo, proporcionan tal cantidad de información que es prácticamente imposible estar al día con todo. El resultado a menudo es que al final poco espacio queda para el pensar meditado, para la ponderación y el análisis mesurado. Sin embargo existe otra opción: la de resistirse y procurar hacer de la reflexión una sana costumbre, para evitar así la entrega con facilidad a toda suerte de vientos.

Pensar, por tanto, envuelve reflexionar y examinar con cuidado algo para formar dictamen o intentar tomar decisiones correctas en la vida. Por otro lado, cultura (del latín: cultüra) incluye la idea de ‘cultivar’ conocimientos que permitan desarrollar un juicio crítico.

Como humanos, conocemos, progresamos, amamos, sufrimos y sabemos que vamos a morir. Somos, también, los únicos seres capaces de hacernos preguntas radicales sobre el sentido de la vida, sobre el origen del universo y la causa última de todo lo que existe. Cuestiones difíciles de responder como de evitar. Es cuando esa reflexión se hace a fondo que surge la filosofía.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define filosofía como,

“Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”.

José Ortega y Gasset se refería a la filosofía como “el estudio radical de la totalidad del Universo“.

De modo que los problemas o cuestiones vitales con los que trata la filosofía son:

CUESTIONES SOBRE LA REALIDAD.

Cosmología: El origen y las claves del universo.

Metafísica: Los principios del ser.

Antropología y Psicología: El análisis de la condición humana.

Teología natural: La existencia y la naturaleza de Dios.

CUESTIONES SOBRE EL CONOCIMIENTO.

Teoría del conocimiento: Nuestra posibilidad de conocer verdades y hacer ciencia.

CUESTIONES SOBRE LA ACCIÓN HUMANA.

Ética: La distinción entre el bien y el mal.

Política: Los criterios para organizar una sociedad justa.

Fue en la antigua grecia donde el hombre, arrinconando lo mitológico, empezó a usar solo la razón para poder entender el mundo que le rodeaba. Los primeros filósofos eran médicos y físicos. Desde entonces muchos han sido los pensadores que han tratado esos mismos problemas fundamentales y que son comunes a todas las épocas.

La importancia vital de la filosofía

Es verdad que hoy día, la filosofía no goza del predicamento que tuvo en otros tiempos. Incluso algunos, en su profunda ignorancia, han llegado a decir que no sirve para nada. Es como si se reconociera que buena parte de la sociedad se moviera más por el simple utilitarismo que por la reflexión pausada de las ideas. Sin embargo, a menudo se olvida que en gran medida la sociedad humana se ha movido siempre por las ideas, y que el progreso humano no hubiera llegado a ser lo que es hoy día sin la victoria del pensamiento: por ejemplo el Renacimiento, la Ilustración, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc. Por eso, es una contradicción y un suicidio intelectual colectivo que en algunos sectores se margine a la filosofía, cuando en realidad siempre han sido las ideas las que han movido y siguen moviendo a los hombres.

Aristóteles dijo que los seres humanos filosofamos porque nos admiramos ante lo que existe. En realidad, todos los seres humanos somos algo filósofos cuando nos hacemos preguntas sobre, por ejemplo, el sentido de la belleza, el misterio/milagro de la vida, la razón del mal, etc. Intentamos dar significado a todo a través de la razón, y es que en eso consiste precisamente la filosofía. Todos nos hacemos preguntas fundamentales; hasta los niños, a medida que van creciendo y teniendo uso de la razón, preguntan una y otra vez, “¿Por qué?

Jostein GaarderEl escritor y filósofo noruego Jostein Gaarder lo expresa muy bien cuando dice:

Aunque las cuestiones filosóficas conciernen a todo el mundo, no todo el mundo se convierte en filósofo. Por diversas razones, la mayoría se aferra tanto a lo cotidiano que el propio asombro por la vida queda relegado a un segundo plano.

“De repente, me pareció muy triste que los seres humanos nos acostumbremos a algo tan indescriptible como es el hecho de estar vivos. De pronto, un día vemos evidente que existimos, y luego no volvemos a pensar en ello hasta que estamos a punto de abandonar este mundo.

“Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas“.

– Jostein Gaarder (1952), “El mundo de Sofía” (1991).

El sufrimiento, muy a menudo, también puede conducir inexorablemente a la filosofía. Algunos conocidos filósofos del siglo XX surgieron del horror y el terrible sufrimiento de las dos guerras mundiales. Y es que una persona que ha sufrido puede llegar a ser mucho más proclive a la reflexión y al desarrollo de cualidades relacionadas con las grandes cuestiones del espíritu humano.

También se ha dicho que necesitamos la filosofía como la capacidad de pensar. Max Horkheimer decía además que la razón sirve “para que no nos timen“. Y bien pensado, no es esa una mala utilidad la que tiene aquí la filosofía, sobre todo cuando en tantos entornos se prescinde una y otra vez de la reflexión meditada. De modo que, mejorar nuestro conocimiento propio, no sucumbir fácilmente ante los tópicos, saber argumentar evitando las falacias habituales, estar atento para que no le den a uno apariencia por realidad, disfrutar con una novela o una teoría científica sin ser escritor o científico, poner los poderes que uno tiene en su mano para sacar lo mejor a la vida, son asuntos, sin duda, inmensamente útiles, vitales y de importancia dramática en nuestras vidas. Visto esto entonces, ¿de verdad que no sirve para nada la filosofía?

El conocimiento humano es tan rico y puede abarcar tantas materias, que es simplista y triste dividirlo entre ciencias y letras. Es absolutamente necesario verlo desde una prespectiva unitaria. La ciencia, por ejemplo, debe ser una aliada indispensable de la filosofía, y ésta, en la búsqueda de la verdad, propiciar el diálogo abierto y sincero también con la teología.

Se vé pues que la filosofía es toda una actividad que intenta poner en claro nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos. En potencia, es también una capacidad que todos tenemos. Kant decía que “no se aprende filosofía; se aprende a filosofar”. Por eso, cuando nos vemos obligados a pensar sobre el sentido de la existencia, ello implica que tenemos la capacidad de echar una mirada reposada al conjunto de lo que creemos y hacemos. En definitiva, adentrarse en el mundo de la filosofía es disponerse a pensar por uno mismo, uno de los aspectos vitales de los que se compone la existencia humana.

El “replicante” del film Blade Runner (1982) había sido programado para vivir solo cuatro años. Y de ningún modo quería morir. Y es que tenía ya atesorados en su memoria tantos recuerdos. En realidad su inquietud y sus preguntas son las mismas que todos nos hacemos, “de dónde vengo”, “a dónde voy”, “cuánto tiempo me queda”, en definitiva las cuestiones que siempre han inquietado al ser humano. Bien pensado, ¿debe ser la vida como un caramelo dado a un niño para después quitárselo?

Más allá de la filosofía

Por otro lado, las grandes preguntas existenciales no solo parten de la filosofía. También se hacen desde la religión. Y es que la filosofía, al estar basada solo en la razón, reconoce que no puede abarcarlo absolutamente todo aunque haya habido intentos. Por ejemplo, Robert S. Hartman (1910-1973), filósofo, lógico y profesor universitario, creador de una nueva forma de utilizar el pensamiento conocida como “axiología formal” (teoría del valor), cuya obra creativa ha sido comparada a otras grandes creaciones excepcionales como C.G. Jung, Immanuel Kant o Albert Einstein, reconoce la dificultad de la filosofía para describir qué es el bien con exactitud. Hartman escribe:

Robert-S-HartmanEl problema es que aunque se haya hecho esfuerzos, los filósofos – así como otros estudiosos y científicos de la vida – hasta ahora han fallado estrepitosamente en descubrir cómo ir cerrando la brecha que se ensancha cada día entre la naturaleza física y la naturaleza moral. Diversos filósofos, desde Platón y descendiendo a través de los tiempos, han tratado de establecer una ciencia de la moral, una ciencia del valor… pero estos esfuerzos bien puede decirse que han sido los más frustrantes en toda la historia de la filosofía. 

Hay un pasaje famoso en La República de Platón en el que Glaucón dice a Sócrates: ‘Venga, viejo, has hablado sobre este problema suficientemente – danos la solución’. A lo que Sócrates responde: Mi querido amigo Glaucón, la solución no pertenece a este diálogo. Para esto debemos tener otro diálogo. No puedo decirte lo que es el bien, solo puedo decirte cómo es: Es como el Sol que irradia todo, que hace a todo fértil y lleva a todo hacía adelante”. Y Glaucón como respuesta insinúa que ésta es una respuesta pobre. Nosotros, los estudiantes de filosofía de Northwestern, también pensábamos que era una respuesta pobre, y buscamos en ese otro diálogo en el que Platón da la respuesta, pero nunca fue escrito. No existe. Así que fuimos a Aristóteles. Aristóteles, en su Ética, dice que hay muchas cosas buenas y que tal vez tengan o no algo en común, que es el bien. En cualquier caso, es un problema que no pertenece a este tratado en particular, así que estamos otra vez atascados. Aunque cueste de creer, si se revisa por entero la filosofía, en ningún lugar se encuentra la solución al problema de qué es el bien en general”.

Hartman llega a la conclusión de que es solo Dios el único fundamento del bien completo y el valor supremo:

Dios es valorado… intrínsicamente por una persona que hace de Él su problema o su camino hacia la salvación personal. Dios es el valor supremo, el valor de los valores, no es imaginable nada más valioso”. – Libertad para vivir. La historia de Robert S. Hartman, La liebre de marzo, 2015.

edith_steinEdith Stein llegó también a la conclusión de que a la razón natural del hombre le falta el sentido de ultimidad y claridad, diferente a la razón inspirada por la fe. Afirma por ejemplo que Edmund Husserl había pretendido una justificación última de todo a través de su filosofía, pero ese objetivo es inalcanzable. El error de Husserl, explica, fue creer que los seres humanos son capaces de poseer cierta clase de conocimiento que solo corresponde a Dios. La razón natural humana nunca llega a la meta, solo se aproxima. De ahí el carácter fragmentario de la filosofía, muy distinto al carácter de plenitud que corresponde al conocimiento divino. – Edith Stein, La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de Aquino, Diálogo filosófico, Encuentro, Madrid 2001.

La mayor parte de la filosofía occidental proviene de la antigua Grecia. Pero como escribe el filósofo español Eugenio Trías en su libro  Pensar la religión (Galaxia Gutemberg, 1996):

EUGENIO TR{IAS

Hay además grandes culturas en la Antigüedad en que el marco de reflexión propio que despliegan no se articula en “modo filosófico”. Y esas culturas desarrollan, sin embargo, formas valiosísimas de reflexión, o formaciones ideales llenas de interés y relevancia, que resulta injusto ignorar. Pienso sobre todo, en las formaciones proféticas y sapienciales de culturas como la hebrea… que se despliega a través de la gran compilación que conocemos como el texto bíblico. Y es en ese marco donde comparece, en lugar de una reflexión filosófica… un orden de reflexión trascendental que en mi libro denomino “profético-sofiológica”.

HabermasTambién Jürgen Habermas, considerado el representante más sobresaliente de la segunda generación de filósofos de la Escuela de Fráncfort (de inspiración marxista) acabó con el tiempo reconociendo los límites de la filosofía cuando escribió:

La filosofía, aun después de haber asumido los impulsos utópicos de la tradición judeocristiana, se ha mostrado incapaz (¿o de dominar?) por medio del consuelo y la esperanza el sinsentido fáctico de la contingencia de la muerte, del sufrimiento individual y de la pérdida privada de la felicidad y, en general, la negatividad de los riesgos que acechan a la existencia individual, con el mismo buen suceso con que lo hizo la esperanza religiosa de la salvación”. – Jürgen Habermas, Perfiles filosóficos-políticos, 33. Cita de José María Mardones en Síntomas de un retorno, Sal Terrae, 99.

buber (1)Y Martin Buber, todavía muestra otro de los aspectos a los que puede haber contribuido la filosofía más reciente:

La filosofía moderna ha contribuido al proceso por el cual Dios se ha vuelto irreal para el hombre contemporáneo… La filosofía, al negar el carácter real de la idea de Dios, destruye la realidad de nuestra relación con Él. Esa es la diferencia entre la religión y el Dios de la filosofía. Un Dios examinado y sostenido desde la objetividad del pensamiento y de la abstracción no es expresión del encuentro religioso, y por tanto no es Dios. Un principio abstracto jamás puede ser el contenido de la fe, porque en el sentido más exacto del término, creer significa creer en un tú. La fe es la ‘decisión personal’ por el tú.

“La idea de un eclipse de Dios significa la reducción de Dios a un mero objeto de discusión, de duda, de reflexión; ese tratamiento que oculta a nuestros ojos su presencia real e impide que el hombre se relacione con Él como un yo con un tú, en vez de un yo con un ello. El eclipse de Dios es pues, la ausencia de la relación con Él. Esta es la enfermedad espiritual básica de nuestro tiempo”. – Martin Buber (1878 – 1965), Eclipse de Dios, Sígueme 2003.

Y es que Blaise Pascal lo expresó muy bien cuando escribió:

El último paso de la razón es reconocer que hay una infinitud de cosas que la superan… Hay dos excesos: excluir la razón y no admitir más que la razón”. 

Esteban López

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