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panes y pecesEl cristianismo tiene como centro a Jesús de Nazaret, persona excepcional que vivió hace dos mil años en Palestina y que se hace presente en el mundo a través de sus testigos. A diferencia de los mitos, las noticias sobre Jesús y el cristianismo especifican tiempos y lugares concretos; hablan de sucesos ocurridos en la historia, tal y como se ejemplifica, por ejemplo, en las palabras introductorias del capítulo tercero del evangelio de Lucas:

“En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilinia;  el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás. En aquel entonces, la palabra de Dios llegó a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”.

Sin embargo, a veces se suele cuestionar a las fuentes cristianas, como es el caso de los evangelios y otros, porque se dice que son solo el testimonio de cristianos para cristianos y que Jesucristo mismo no escribió nada personalmente. No obstante, y si se piensa bien, habría que decir lo mismo de los testimonios que existen sobre el filósofo griego Sócrates, y que fueron transmitidos por sus discípulos Jenofonte y Platón. Él no dejó ningún escrito que se conozca, pero sus discípulos sí. No obstante, veamos de cuánta documentación se dispone cuando se trata del cristianismo.

Papiro Rylands p52

Existen unos cinco mil manuscritos griegos antiguos del Nuevo Testamento o Escrituras Griegas Cristianas. El manuscrito más antiguo que se conserva de los poemas de Homero procede del siglo XIII. El texto de las tragedias de Sófocles se basa en un único manuscrito del siglo VIII o IX. Para el Nuevo Testamento la distancia es mucho más corta, los manuscritos conservados mucho más numerosos, su concordancia mucho mayor que en cualquier otro libro de la Antiguedad.

Lo que se muestra a la izquierda es un pequeño fragmento del papiro Rylands p52. Corresponde a Juan 18:31-33 y 37 y 38. Es el fragmento de manuscrito del Nuevo Testamento más antiguo que existe. Se encontró en Egipto y data de alrededor del 125 A.D. y por lo tanto escrito aproximadamente solo un cuarto de siglo después de la muerte del apóstol Juan. Actualmente se encuentra en la biblioteca de John Rylands, Manchester, Gran Bretaña.

El manuscrito más antiguo que existe de las Escrituras Griegas cristianas es el Chester Beatty Papyrus No. 2 hallado en 1930 en Egipto por el estadounidense A. Chester Beatty. Data, según las últimas investigaciones, del año 80 d.C, es decir, muy próximo a los escritos originales. El hallazgo completo data de los siglos II al IV. Consta de porciones de ocho libros del Antiguo Testamento en griego, y porciones de quince libros del Nuevo Testamento, entre ellos fragmentos de nueve de las cartas del apóstol Pablo: Romanos, Hebreos, Primera a los Corintios, Segunda a los Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, y Primera a los Tesalonicenses. Hoy día se conserva parte en Dublín, Irlanda, y otra en la universidad de Michigan, Estados Unidos.

Papiro Bodmer (Papiro Bodmer (P66, P72-75P66, P72-75). Colección compuesta por unos cincuenta manuscritos en griego descubierta en Egipto por M. Martin Bodmer entre 1955 y 1956. La mayor parte se conserva en la bibliotheca Bodmerianasi, Colonia, cerca de Ginebra y el resto en la Biblioteca Vaticana. Contiene partes de los evangelios de Juan y de Lucas así como las cartas de Pedro. Es la aportación más importante a la colección de papiros bíblicos desde el descubrimiento de los papiros de Chester Beatty. El papiro p75, que contiene los evangelios de Lucas y Juan, es textualmente idéntico al manuscrito Vaticano 1209 del siglo IV y que contiene tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.

Manuscritos muy cuidados de los evangelios datan ya de los siglos III y IV. Las ampliaciones y reinterpretaciones míticas (en los evangelios apócrifos, etc.) solo se encuentran a partir del siglo II. Evidentemente, pues, el camino condujo de la historia al mito y no del mito a la historia.

Algunas fuentes no cristianas

Cornelio Tácito (55-125)

Tácito: (55-125), abogado, senador y proconsul, en sus Anales (115-117) relata la historia de Roma desde el año 14 al 68 a partir de documentos oficiales. Cuando narra el intento de Nerón de culpar a los cristianos por el incendio de Roma, escribe:

“Para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, aborrecidos por sus ignominias. Aquel de quien tomaban el nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no solo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen”.

Plinio el Joven: (61-113), escritor romano, legado Imperial para la provincia de Bitinia. En correspondencia con el emperador Trajano (98-117) le pregunta cómo tratar con el asunto de la persecución de cristianos en documento oficial:

Plinio el Jóven (62-113)

Jamás he participado en investigaciones sobre los cristianos; por tanto no sé por qué motivo o en qué medida haya de castigarlos o buscarlos. He dudado mucho si hacer alguna discriminación por motivo de edad o si tratar del mismo modo a jóvenes y a adultos; si quien se arrepiente merece indulgencia o si a uno que ha sido cristiano le sea de alguna utilidad el haber abandonado el cristianismo… Hasta ahora éste ha sido mi proceder cuando me traían personas acusadas de ser cristianas. Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos. A quienes respondían afirmativamente les repetía dos o tres veces la pregunta bajo amenaza de suplicio; si perseveraban, les hacía matar. Porque no dudaba, fuera lo que fuese lo que confesaban, que tal persistencia e inflexible obstinación debía ser castigada”.

Respuesta de Trajano:

Trajano

Trajano (53-117)

“Caro Segundo, has seguido acendrado proceder en el examen de las causas de quienes te fueron denunciados como cristianos. No se puede instituir una regla general, es cierto, que tenga, por así decir, valor de norma fija. No deben ser perseguidos de oficio. Si han sido denunciados y han confesado, han de ser condenados, pero del siguiente modo: quien niegue ser cristiano y haya dado prueba manifiesta de ello, a saber, sacrificando a nuestros dioses, aun cuando sea sospechoso respecto al pasado, ha de perdonársele por su arrepentimiento. En cuanto a las denuncias anónimas, no han de tener valor en ninguna acusación, pues constituyen un ejemplo detestable y no sin dignas de nuestro tiempo”.

Suetonio: (69-140), contemporáneo de Tácito, tenía dos cargos al servicio del emperador: secretario para la correspondencia imperial y responsable de las bibliotecas imperiales. Escribió las biografías de los primeros emperadores romanos, Julio César, y desde Augusto hasta Domiciano. En su libro De Vita Caesarum se lee:

“Explusó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente a instigación de Cristo”. (Divus Claudius 25,4; Vidas de los doce césares).

Algunas fuentes judías sobre el cristianismo

Las Dieciocho Bendiciones se rezaban en las sinagogas, según el Talmud de Babilonia, y fue adaptada contra los cristianos durante los años del rabí Gamaliel II alrededor del año 80. Ésta decía:

“No haya esperanza para los apóstatas… y perezcan los nazarenos y los herejes. Sean borrados del libro de la vida”.

Justino, en sus diálogos con Trifón, finales del siglo I, ratifica esa maldición a los nazarenos, al decir:

“Vosotros, en vuestras sinagogas madecís a los que se han hecho cristianos”.

Flavio Josefo: (37-100), historiador judío muy leído en la Edad Media, a quien el emperador Vespasiano le otorgó la ciudadanía romana, escribió en su libro Antiguedades Judías, lo que se conoce con el nombre de Testimonio Flaviano:

“Por ese tiempo vivió Jesús, un hombre sabio. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Y aunque Pilatos lo condenó a morir en la cruz por instigación de las autoridades de nuestro pueblo, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Y hasta el día de hoy existe el linaje de los cristianos, que se denominan así en referencia a él” (18,63s).

Esteban López