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spqrPoncio Pilato fue un procurador romano de la provincia de Judea entre los años 26 a 36 d.C. Cometió algunos errores políticos que mostró su poca sensibilidad en el trato con los judíos, como por ejemplo, llenar de estandartes romanos toda Jerusalén. Cuando los judíos se rebelaron, Pilato no dudó en reprimir enérgica y cruelmente sus manifestaciones. Críticos como Filón (Legatio ad Caium) o Flavio Josefo (Guerras de los Judíos) lo acusan de crueldad, injusticia y maltrato. Pero esas críticas también se aplicaban a muchos gobernadores romanos y no están exentas de parcialidad o influidas por cierto fanatismo nacionalista. Como gobernador romano, Pilato solo pretendía mantener el orden a toda costa; aun sus crueldades más despiadas obedecían a ese propóstito. Sin embargo, sí es cierto que le faltó sensibilidad a los escrúpulos de los judíos.

Poncio Pilato es conocido sobre todo por ser el cojuez de Jesús de Nazaret. El sanedrín judío podría juzgar, pero el juicio debía ser finalmente ratificado por Pilato. El proceso tuvo lugar temprano, muy de mañana y todos los evangelios indican que Pilato consideró completamente inocente a Jesús. Sin embargo, al final cedió por miedo a perder su puesto debido a las amenazas de los dirigentes judíos.

No se sabe muy bien la razón de la enemistad entre Herodes Antipas y Poncio Pilato. Pero hay una cosa que llama la atención, y es que mientras ante Herodes Jesús no abre la boca y se niega a contestar sus preguntas, con Pilato mantiene una interesante conversación acerca de la autoridad y el poder político. Cuando manifiesta su escepticismo preguntando a Jesús “qué es la verdad,” muy probablemente se debe a la influencia de la filosofía griega. Pilato lucha entre su convicción de que Jesús es inocente y la conveniencia de poder conservar su puesto de privilegio. Es todo un gesto dramático que Pilato se lave finalmente las manos en público y condene a Jesús a ser ejecutado en un madero. Por el título que Pilato hace colocar en su parte superior en tres idiomas, hebreo, latín y griego (Jesús de Nazaret, rey de los judíos), muestra claramente su resentimiento contra el sanedrín.

Este es el pasaje concreto de aquel encuentro tan especial:

“Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual y entonces no podrían comer la cena de Pascua. Por eso Pilato salió a hablarles. Les dijo:

—¿De qué acusan a este hombre?

—Si no fuera un criminal —le contestaron—, no te lo habríamos entregado.

Pilato les dijo:

—Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley.

Pero las autoridades judías contestaron:

—Los judíos no tenemos el derecho de dar muerte a nadie.

Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir.  Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús le dijo:

—¿Eso lo preguntas tú por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?

Le contestó Pilato:

—¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son los que te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

 Jesús le contestó:

—Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

Le preguntó entonces Pilato:

—¿Así que tú eres rey?

Jesús le contestó:

—Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.

Pilato le dijo:

—¿Y qué es la verdad?

Después de hacer esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos, y les dijo:

—Yo no encuentro ningún delito en este hombre. Pero ustedes tienen la costumbre de que yo les suelte un preso durante la fiesta de la Pascua: ¿quieren que les deje libre al Rey de los judíos?

Todos volvieron a gritar:

—¡A ése no! ¡Suelta a Barrabás!

Y Barrabás era un bandido.

Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro. Luego se acercaron a él, diciendo:

—¡Viva el Rey de los judíos!

Y le pegaban en la cara.

Pilato volvió a salir, y les dijo:

—Miren, aquí lo traigo, para que se den cuenta de que no encuentro en él ningún delito.

Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo:

—¡Ahí tienen a este hombre!

Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los guardianes del templo, comenzaron a gritar:

—¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

Pilato les dijo:

—Pues llévenselo y crucifíquenlo ustedes, porque yo no encuentro ningún delito en él.

Las autoridades judías le contestaron:

—Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios.

Al oír esto, Pilato tuvo más miedo todavía. Entró de nuevo en el palacio y le preguntó a Jesús:

Jesus_ante_Pilatos—¿De dónde eres tú?

Pero Jesús no le contestó nada.  Pilato le dijo:

—¿Es que no me vas a contestar? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, lo mismo que para ponerte en libertad?

Entonces Jesús le contestó:

—No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido; por eso, el que me entregó a ti es más culpable de pecado que tú.

 Desde aquel momento, Pilato buscaba la manera de dejar libre a Jesús; pero los judíos le gritaron:

—¡Si lo dejas libre, no eres amigo del emperador! ¡Cualquiera que se hace rey, es enemigo del emperador!

Pilato, al oír esto, sacó a Jesús, y luego se sentó en el tribunal, en el lugar que en hebreo se llamaba Gabatá, que quiere decir El Empedrado. Era el día antes de la Pascua, como al mediodía. Pilato dijo a los judíos:

—¡Ahí tienen a su rey!

Pero ellos gritaron:

—¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!

Pilato les preguntó:

—¿Acaso voy a crucificar a su rey?

Y los jefes de los sacerdotes le contestaron:

—¡Nosotros no tenemos más rey que el emperador!

Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.”

-Juan 18:28-19:16, Dios habla hoy, DHH.

Véase también el tema Inscripción hallada de Cesaréa

Esteban López