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Gustav Radbruch (Lübeck, 21 de noviembre 1878-Heidelberg, 23 de noviembre 1949), fue un jurista alemán y profesor universitario. Es considerado uno de los más importantes filósofos del Derecho del siglo XX.

Fue ministro de Justicia en Alemania en los primeros tiempos de la República de Weimar, entre los años 1922 y 1923. Participó en la creación de importantes leyes, como la de que las mujeres pudieran tener acceso a la carrera judicial. Con la llegada de los nazis al poder en 1933, Radbruch es destituido de su cátedra “por no ser garantía de entrar sin reservas al servicio del Estado nacional“.  Empieza así la etapa más dura de su vida, tanto a nivel personal como a nivel académico.

Vivencias personales

Radbruch amaba profundamente a su hija Renata, quien decidió estudiar historia del arte en Maburgo, Viena y Munich. Él era también un apasionado del arte y del pensar filosófico. Eso hizo que llegara a haber una gran afinidad espiritual entre ambos. Sin embargo, mientras ella todavía estaba preparando su tesis doctoral, el 22 de marzo de 1939 sufrió un accidente mientras esquiaba en las montañas de Baviera que le costó la vida. Solo tenía 23 años. Este fue uno de los más dolorosos golpes de su vida. Sin embargo, Radbruch decidió acabar él mismo la tesis doctoral que su hija había comenzado por amor y respeto a ella. Pero por dolorosa que fue esa tragedia, no fue la única.

A la muerte de Ranata, el matrimonio Radbruch centra su vida en su hijo Anselmo. Al acabar el bachillerato tuvo que hacer el servicio militar y cuando estalló la guerra fue movilizado primero a Francia y después al frente ruso. Aunque inicialmente tenía la intención de estudiar literatura y periodismo, más tarde cambió de idea y decidió estudiar derecho. Eso alegró mucho a Radbruch, sobre todo por el hecho de que él nunca forzó la que fue una  decisión personal de su hijo. Estaba ilusionado con enseñarle todo lo que sabía y más tarde poder colaborar juntos. Pero una vez más los planes de Radbruch no pudieron realizarse. El 26 de noviembre de 1942 Anselmo fue herido de gravedad en Stalingrado muriendo tres días después en un hospital de campaña cuando contaba con 23 años, casualmente los mismos que tenía su hermana Ranata cuando murió.

Tanto infortunio y tragedia podrían haber hecho que cualquier otro se hubiera sumido en la más profunda depresión. Pero es precisamente en esos momentos más duros cuando Radbruch demuestra cómo su amor al trabajo, su vocación intelectual y su fuerza interior, son las únicas armas que puede esgrimir contra el destino.

Legado filosófico jurídico

Las horribles experiencias de la Segunda Guerra Mundial llevaron a Radbruch a postular que si una ley manifiesta un grado de injusticia extrema o flagrante (como las leyes nazis), entonces no puede considerarse verdadero derecho, pues éste debe propiciar más la verdadera justicia que ninguna otra característica. Lo contrario sería mero orden de fuerza o tiranía. Es decir, que cuando una ley escrita sea incompatible con los principios de justicia sustancial, a un nivel intolerable, o cuando se encuentre explícitamente en abierta contradicción con el principio de igualdad que constituye el fundamento de toda justicia, el juez debe de abstenerse de aplicar esa ley, por razones de justicia sustancial.

Para Radbruch la expresión “una orden es una orden“, debe carecer de obligatoriedad para un soldado si lo que ordena es un crimen o un delito. Esa forma de entender la justicia causó profunda repercusión en juicios posteriores, sobre todo en los que tuvieron que ver con los soldados que vigilaban el muro de Berlín, quienes tenían órdenes de disparar contra cualquiera que intentara huir y atravesarlo. Este principio del derecho de Radbruch fue acogido por el Tribunal Constitucional de la Alemania Federal en varias sentencias.

Peter Fechter es la víctima más conocida del Muro de Berlín. Este joven de 18 años se desangró tras intentar huir por la frontera berlinesa al ser disparado desde los puestos fronterizos de la República Democrática Alemana. El caso cambió la política entre ambos países para siempre.

Otra de las aportaciones de Radbruch fue el concepto de las leyes injustas, que cuando éstas existan se les debe negar su validez porque atentan contra el bien común. “Es derecho solo lo que beneficia al pueblo”, escribía. Es verdad que en derecho la seguridad jurídica es importante (el cumplimiento de la ley), pero mucho más importante es que al final lo que se alcance sea justicia. Para Radbruch, existe un derecho supralegal (o derecho natural) que está por encima del derecho escrito positivo. Éste debe basar su fuerza no en que se pueda imponer, sino en que lo que logre sea verdadera justicia. Por eso escribió que durante el régimen nazi, “las leyes que declaraban caducada la propiedad de los judíos frente al Estado se hallaban en contradicción con el derecho natural y eran nulas desde su promulgación”.

Radbruch reconoce también que existe un derecho natural que se ha ido perfilando a través de los siglos y que finalmente se ha plasmado en las declaraciones de derechos del hombre; ese derecho natural justo aflora a veces a través de la conciencia de los hombres y tiene como fuente suprema a Dios mismo.

Al finalizar la II Guerra Mundial Radbruch es restituido a su cátedra de la Universidad de Heidelberg después de que los nazis se la hubieran quitado tan injustamente. También es nombrado decano de la Facultad de Derecho. Desde entonces no cesa de escribir teniendo la sensación constante de que “hay mucho todavía por hacer”. En 1948, con setenta años de edad, es nombrado doctor honoris causa por las universidades de Heidelberg y Götinga. Los mejores penalistas y filósofos del momento le rinden todo el reconocimiento y cariño que se merecía. El 29 de noviembre de 1949, a los dos días de cumplir los 71 años, fallece en su casa de un infarto. Es enterrado junto a su hija Renata en el cementerio de Heidelberg y al lado de su maestro al que siempre admiró, Franz Von Liszt.

Algo de su pensamiento

La ciencia del derecho debe de nuevo recordar la milenaria sabiduría común de la antigüedad, a la Edad Media cristiana y a la época de la Ilustración, esto es, que hay un derecho más alto que la ley, un derecho  natural; un derecho divino, un derecho racional, en una palabra, un derecho supralegal, ante el cual lo injusto permanece injusto, aunque sea promulgado en forma de ley, ante el cual también una sentencia pronunciada con fundamento en semejante ley, no es administración de justicia, sino más bien injusticia”.

La independencia del juez no es otra cosa que manifestación de la autonomía del derecho frente a cualquier interés estatal. La más eficiente base del Estado de derecho es la ética profesional del estamento jurídico“.

Yo me declaro en favor de la idea fundamental de la histórica sentencia de Nuremberg… la violación de las obligaciones de derecho internacional deben en el futuro ser penadas en la persona del culpable, conforme a un nuevo derecho penal internacional establecido por la jurisprudencia“.

Mediante dos principios supo el nacionalsocialismo encadenar a sus adeptos, los soldados de una parte y los juristas de la otra: ‘una orden es una orden’ y ‘la ley es la ley’. El principio ‘una orden es una orden’ jamás fue ilimitadamente válido. El deber de obediencia cesa para el inferior en caso de un mandato con fines criminales (art. 47 del C.P.). El principio ‘la ley es la ley’ no conoce por el contrario, ninguna limitación. Fue la expresión del pensamiento jurídico positivista, que dominó casi sin discusión entre los juristas alemanes a lo largo de muchas décadas“.

Ningún juez puede invocar la ley y dictar sentencia sirviéndose de una norma no solo no jurídica sino criminal. Nosotros apelamos a los derechos humanos, que están por encima de todas las disposiciones escritas; al derecho inmemorial irrevocable, al que las órdenes de tiranos niegan validez… Partiendo de esas consideraciones, pienso yo, que deben ser acusados los jueces que han pronunciado sentencias incompatibles con los mandamientos humanitarios y que han dictado condenas a muerte por insignificancias (‘bagatelas’). – Radbruch cita aquí las declaraciones de J. N. Schroeder, procurador general de Sajonia, en la publicación ‘Rundschau’ del 14 de marzo de 1946.

De ninguna manera es derecho todo lo que es ‘útil al pueblo’, sino que en último término solo es útil al pueblo lo que es derecho, lo que crea seguridad jurídica y tiende a la justicia“.

Hitler… puesto que carecía de todo amor a la verdad, pudo él darle al efectismo oratorio el acento de verdad, sin escrúpulo ni vergüenza; puesto que carecía de todo sentido del derecho, pudo sin consideración erigir la más crasa arbitrariedad en ley“.

Democracia es con certeza un bien loable; pero Estado de derecho es como el pan diario, como el agua de beber y el aire para respirar; y lo mejor de la democracia es precisamente esto, que ella es solo apropiada para garantizar el Estado de derecho“.

‘La ley vale porque es ley cuando tiene el poder de imponerse’… Esta concepción de la ley su validez (la denominamos doctrina positivista), dejó a los juristas y al pueblo inermes frente a las leyes más arbitrarias, crueles y criminales. En resumidas cuentas, equipara al derecho con el poder: solo donde hay poder, hay derecho“.

Cuando los derechos humanos son arbitrariamente conculcados, carecen tales leyes de validez, el pueblo no está obligado a obedecerlas y los juristas deben tener el coraje de negarles el carácter de derecho… en la conciencia del pueblo y de los juristas debe estar completamente grabado que puede haber leyes en tal grado injustas y nocivas para la comunidad, que ellos deben negarles el carácter jurídico”. 

En el lenguaje de la fe, los mismos pensamientos se expresan en dos citas de la Biblia. de una parte está escrito: ‘Debéis obediencia a la autoridad que tiene poder sobre vosotros’. Pero en otra parte también está escrito: ‘Debéis más obediencia a Dios que a los hombres’ y este no es solo un deseo piadoso, sino un principio de derecho válido (‘dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios‘”.

– Gustav Radbruch, “Relativismo y derecho”, Editorial Temis, Santa Fe de Bogotá, Colombia, 1999, basado en su obra original de 1946.

Sirva el siguiente corte del film “Vencedores y Vencidos” de Stanley Kramer (1961), como ilustración de lo que se quiere decir, donde un juez, un hombre bien formado en leyes, reconoce con plena sinceridad la gran maldad que él mismo cometió al aplicar leyes nazis y aún sabiendo que eran injustas.

Esteban López

  • Bibliografía: Gustav Radbruch, Introducción a la filosofía del derecho,  Fondo De Cultura Enconómica, 2002.