Suele afirmarse que nuestra sociedad actual en Occidente se sustenta en tres pilares básicos: la filosofía griega, el Derecho Romano y el Cristianismo. Para conocer los comienzos de este significativo movimiento religioso impulsado por Jesús de Nazaret, nada mejor que adentrarse en la lectura y meditación de un registro sorprendente y original que ha cautivado el corazón de millones de personas en todo el mundo: Hechos de los Apóstoles.
Hechos de los Apóstoles es el quinto libro del Nuevo Testamento en la Biblia cristiana. Funciona como una continuación directa del Evangelio de Lucas y narra los primeros años del cristianismo después de la vida y resurrección de Jesús. Su lectura es apasionante y fuente de reflexión, esperanza y ánimo para toda persona interesada en los comienzos del cristianismo.
El libro describe cómo el mensaje de Jesús se expande desde Jerusalén hacia otras regiones del mundo antiguo, impulsado por la acción del Espíritu Santo de Dios. Muestra el paso de un movimiento pequeño y local a una comunidad más amplia. Recuerda a una semilla pequeña que se transforma finalmente en un árbol grande y frondoso.
Fue el médico Lucas quien escribió tanto el evangelio que lleva su nombre como Hechos de los apóstoles, y ambos los dirige a Teófilo, sobre quien la nota al pie de página de la Versión Valera de la Biblia dice: “Teófilo: personaje a quien Lucas dedica su obra (cf. también Hechos 1.1) y de quien no poseemos más información. Por su medio, estos escritos debían llegar a muchos otros lectores».
El libro se suele dividir en dos grandes partes:
- Capítulos 1–12:
Se centran en la iglesia en Jerusalén y en figuras como Pedro. Incluyen eventos clave como el Pentecostés, donde los discípulos reciben el Espíritu Santo de Dios como fuerza impulsora de todo aquel movimiento.
- Capítulos 13–28:
Narran los viajes misioneros de Pablo de Tarso, quien lleva el cristianismo a regiones fuera del mundo judío, especialmente al ámbito grecorromano.
El libro de Hechos de los Apóstoles, llama la atención por la gran cantidad de nombres de lugares geográficos que se mencionan y que siguen estando ahí hoy día. A diferencia de la conocida expresión en El Quijote de «en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme«, el libro nombra a personas y a lugares específicos, como por ejemplo:
Jerusalén, centro religioso del judaísmo donde se inició la predicación de los apóstoles.
Roma, capital del Imperio Romano y residencia del César a quien Pablo apeló para ser juzgado.
Cesaréa Marítima, capital administrativa de Judea y residencia del gobernador romano como fue Poncio Pilato.
Antioquía (actual Antakya, Turquía) donde por primera vez se llamó ‘cristianos‘ a los seguidores de Jesús.
Chipre, primer viaje misionero de Pablo y Bernabé.
Damasco, hoy capital de Siria y lugar cercano a la conversión de Saulo de Tarso.
Atenas, capital de Grecia. Fue en el Areópago que Pablo dialoga con filósofos epicúreos y estoicos.
Malta, donde Pablo es rescatado de un naufrágio cuando se dirigía apresado a Roma por haber apelado al César.
Creta, isla mencionada en el viaje de Pablo a Roma.
Corinto, Grecia. Había sido una comunidad cristiana influyente fundada por Pablo.
Éfeso, ruinas en Turquía, y que había sido centro importante de la predicación de Pablo
Filipos, ruinas en Grecia, primera comunidad cristiana en Europa.
El siguiente comentario quizá también pueda servir como una buena introducción a los Hechos de los apóstoles. Está tomado de la Biblia de Jerusalén:
“’El perdón de los pecados y la conversión se predicarán a todas las gentes’ (Lucas 24,47). A partir de esta indicación se desarrolla la otra obra de Lucas: los Hechos de los Apóstoles. Es el testimonio de cómo el anuncio de la salvación cristiana, partiendo de Jerusalén con el don del Espíritu de Dios a los Doce y a los demás discípulos, alcanza progresivamente Samaria, Siria (Antioquía), Asia Menor, Grecia y hasta Roma, centro del imperio. Por medio de Pedro y Pablo, el mundo judío y el pagano escuchan el anuncio de Cristo y su reino: quien lo acoge, sea de la raza que sea, se convierte en miembro del pueblo de Dios, la Iglesia, en una real continuidad entre la promesa confiada a Israel y su cumplimiento en el mismo Israel y en los pueblos paganos. El tercer Evangelio y los Hechos fueron escritos por Lucas probablemente alrededor del año 80 d. C«.
Impronta del cristianismo
Sobre el impacto que tuvo el cristianismo en la sociedad, el profesor Juan-Ramón Capella, escribe:
“Esta doctrina, que sus discípulos entendieron oscuramente, ponía el énfasis no ya en los ritos externos de la religión judaica, sino en un cambio fundamental en las relaciones entre las personas: éstas debían pasar a basarse en el desprendimiento y en la generosidad, en la rectitud de conducta con los demás y no en la estrechez del legalismo. Señalaba sabiamente que se conoce a los seres humanos no por sus afirmaciones sino por sus acciones. Negaba que hubiera un pueblo particularmente elegido. Afirmaba la igualdad de todos -incluido él mismo- como hijos de la divinidad. Pretendía la paz y la fraternidad. Fundamentaba una moral de la comprensión del otro”.
– Juan-Ramón Capella (Barcelona, 1939 – Barcelona, 23 de enero de 2024), «Fruta Prohibida», (Trotta, 1997). Filósofo y profesor de filosofía política y social de la Universidad de Barcelona.
Otra buena reflexión sobre lo que ha significado el advenimiento del cristianismo, es la del prestigioso escritor Thomas Stearns Eliot:
«La fuerza dominante en la creación de una cultura común entre distintos pueblos es la religión. No cometan aquí, por favor, el error de anticiparse a lo que quiero decir. Esto no es una charla religiosa y no me propongo convertir a nadie. Estoy simplemente constatando un hecho. En la actualidad estoy poco interesado en la comunión de los creyentes cristianos. Yo hablo de la tradición cristiana común que ha hecho de Europa lo que es, y de los elementos culturales comunes que ese cristianismo ha traído consigo… Nuestras artes se ha desarrollado dentro del cristianismo, en él se basaban hasta hace poco las leyes europeas. Todo nuestro pensamiento adquiere significado por los antecedentes cristianos. Un europeo puede no creer en la verdad de la fe cristiana, pero todo lo que dice, crea o hace, surge de su herencia cultural cristiana y solo adquiere significado en relación con esa herencia. Solo una cultura cristiana ha podido producir un Voltaire o un Nietzsche. No creo que la cultura europea sobreviviera a la desaparición completa de la fe cristiana. Y estoy convencido de ello, no solo como cristiano, sino como estudiante de biología social. Si el cristianismo desaparece, toda nuestra cultura desaparecerá con él. Tendríamos entonces que comenzar penosamente de nuevo«.
– Thomas Stearns Eliot (1888-1965), «Notas para la definición de la cultura», p.185. Poeta, dramaturgo y crítico literario británico-estadounidense, una de las cumbres de la poesía en lengua inglesa del siglo XX. Premio Nobel de Literatura (1948).
Hechos de los Apóstoles es, sin duda, un excelente testimonio de aquel maravilloso comienzo.
Esteban López

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