Un comienzo maravilloso

Con lo sucedido en el Pentecostés, lo que pareció un triste final con la muerte de Jesucristo se tornó en un comienzo maravilloso. El Espíritu de Dios impulsaba con una fuerza irresistible la buena noticia acerca de Cristo. Aquellos galileos en principio temerosos, hablaban ahora fuerte y claro acerca de la resurrección de Jesús y de su bendito significado para toda la humanidad. La oscuridad deja por fin de serlo y se establece para siempre la luz de la esperanza. Y no era para menos. Sus enseñanzas y ejemplo habían sido de calidad, un contraste con el legalismo existente entonces. Como escribió Juan Ramón Capella, profesor de filosofía política y social de la Universidad de Barcelona, en su libro Fruta Prohibida, (Trotta, 1997):

Esta doctrina, que sus discípulos entendieron oscuramente, ponía el énfasis no ya en los ritos externos de la religión judaica, sino en un cambio fundamental en las relaciones entre las personas: éstas debían pasar a basarse en el desprendimiento y en la generosidad, en la rectitud de conducta con los demás y no en la estrechez del legalismo. Señalaba sabiamente que se conoce a los seres humanos no por sus afirmaciones sino por sus acciones. Negaba que hubiera un pueblo particularmente elegido. Afirmaba la igualdad de todos -incluido él mismo- como hijos de la divinidad. Pretendía la paz y la fraternidad. Fundamentaba una moral de la comprensión del otro”.

Por tanto, la gente en Jerusalén, tanto los vecinos como los que han viajado a ella con un profundo aprecio por las cosas de Dios, está alborotada y profundamente sorprendida: resulta que unos galileos hablan, pero como indican estas palabras, todo se les entiende. No son necesarios intérpretes:

«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» (7-11), Biblia de Jerusalén.

Los partos entienden exactamente el mismo mensaje que los peregrinos de Roma, y los cretenses asienten también junto con los árabes. Dios estaba asegurándose de que todo aquello se entendiera bien desde el principio, que todo el mundo viera que él tenía un plan específico que bendeciría a todos los seres humanos. El texto bíblico no da ninguna indicación de que los ciento veinte discípulos reunidos en Jerusalén se llenaran de «la tercera persona de la trinidad», sino nada más y nada menos que del poder directo de Dios o Espíritu Santo, la misma energía poderosa que intervino en la creación del mundo y en todos los milagros mencionados en las Escrituras.

Ese interés para que se le entendiera bien, lo ha seguido manteniendo desde entonces, porque siempre ha habido personas que “fulgurando en el espíritu”, han llevado el evangelio a muchos lugares de la tierra. Otros lo han vivido día a día. Con un misterioso impulso irresistible, misioneros de muchas iglesias diferentes no solo proclamaron aquella luz con palabras, sino que abnegadamente se entregaron por los pobres del mundo. Hubo hombres que arriesgaron su vida para poder traducir la Biblia a los idiomas de la gente. Distintas sociedades bíblicas lograron distribuir la Biblia o porciones de los evangelios a cientos de países del mundo entero. El resultado ha sido que “las buenas nuevas acerca de Jesucristo” se han escuchado en casi todo rincón de la tierra. La luz de la esperanza sigue ahí como una llamada al corazón y a la razón, y parece que es solo cuestión de abrir los ojos para poder verla y atesorarla para siempre.

Se diría que Dios sigue muy interesado en que se le siga entendiendo bien, como lo hicieron los partos, los cretenses y los de la Libia Cirenaica.

Esteban López

2 comentarios sobre “Un comienzo maravilloso

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  1. “Exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen”. (Hechos 2:33)

    El texto que encabeza este comentario revela el papel vital que está jugando Jesús en la realización de la Voluntad Divina. La declaración de Pedro es bien clara al afirmar que Jesús es quien sirve de canal para el derramamiento fenomenal de su Espíritu Santo.

    Esto de ninguna manera contradice los vers. anteriores, 17 y 18, donde el mismo Dios dice “derramaré mi Espíritu”. Él es quien lo hace, pero es mediante Cristo.

    De hecho el versículo 22 hace uso de un argumento similar al hablar de los milagros que Jesús ejecutó: “Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él.”

    Con el acontecimiento que describe este capítulo quedó cumplida la promesa hecha por el mismo Jesús, la noche antes de su muerte en sacrificio, según Juan la recoge en su evangelio: “Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes”. (Juan 16:7). (Este “Consolador” sería el Espíritu Santo).

    En el evangelio de Lucas se confirma la declaración de Juan, cito textualmente: “Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lucas 24:49).

    Estas afirmaciones que hago en este comentario parecieran como elementales, pero existen movimientos religiosos que han disminuido el papel de Jesús. Hasta lo colocan a un nivel de igualdad con sus dirigentes “glorificados”. De ahí que sea necesario seguir destacando la verdad sencilla que se nos ha ocultado o difuminado. Pedro la refirió con esta contundente declaración: “a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.” (vers. 36)

    Esta última declaración concuerda con lo que Jesús mismo dijo al despedirse de sus discípulos: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.”, y hace que entendamos, sin ninguna contradicción la experiencia que narra el apóstol Pablo en 2 Corintios 12: 8 y 9, cito el texto: “Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo”.

    Está claro entonces quien es el que administra el Poder de Dios desde el Pentecostés hasta la fecha. No permitamos que se nos desvíe la atención de Aquel que constituye el Amén, el realizador por excelencia de los Propósitos Divinos.

    Atentamente,

    Apolo

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  2. “Desconcertados y perplejos, se preguntaban: « ¿Qué quiere decir esto?» Otros se burlaban y decían: «Lo que pasa es que están borrachos.”

    “Éstos no están borrachos, como suponen ustedes. ¡Apenas son las nueve de la mañana! En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel: »»Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano.” (12,13, 16,17)

    Poco tiempo antes, solo unas pocas semanas, Pedro había negado a Jesús. Ahora, producto del derramamiento del Espíritu Santo, aquí estaba el junto a otros comenzando a declarar un mensaje poderoso y a la vez esclarecedor.

    Si hubiéramos estado allí presentes cuando la muchedumbre los oía hablar en sus propias lenguas, seguramente hubiéramos pensado como ellos: “a esta gente ¿Qué les sucede?”

    Si, ha sucedido y sucede aun hoy en día, que cuando no se comprende, cuando algo causa asombro, cuando algo parece ilógico, se cae en el pre-juzgamiento, en la idea pre-concebida, en la descalificacion. Notemos las distintas maneras de reaccionar. Algunos, desconcertados y perplejos, se preguntaban: ¿Qué quiere decir esto? Perplejidad, según el diccionario de la Real Academia Española es: “Irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo”. Desconcierto tiene que ver con desorientación. La desorientación tiene que ver con: “Hacer que alguien pierda la orientación o el conocimiento de la posición que ocupa geográfica o topográficamente.” “Confundir, ofuscar, extraviar.” Ahora bien, aun así, estos tenían el deseo, el interés sincero, de saber de qué se trataba todo eso. Eran de mente abierta. Además, notemos que los que escuchaban eran personas “piadosas” como muestra el versículo 5.

    Los demás se burlaban y no solo eso, los acusaban de estar “borrachos”, ebrios.

    Me pregunto: ¿Cómo reaccionaria Pedro? ¿Copiaría a los que se burlaban, o se entregaría a responder llevado por espíritu? El relato dice que se puso de pie y “a voz de cuello” les dio la respuesta que ellos querían saber. Luego, Pedro, aquel que había sido receptor de la misericordia de Cristo, con vigor renovado gracias al Espíritu Santo, les suministro el mensaje que ellos necesitaban saber.

    Durante su mensaje, mostrando la realidad de la resurrección de Jesucristo, cito a David con estas hermosas palabras:

    “En efecto, David dijo de él: »»Veía yo al Señor siempre delante de mí, porque él está a mi derecha para que no caiga. Por eso mi corazón se alegra, y canta con gozo mi lengua; mi cuerpo también vivirá en esperanza.” (25,26)

    Si, al dejarse llevar por espíritu, logro ser equilibrado y cumplir con el propósito por el cual había sido ungido. Buena lección, creo, para todos.

    El resultado fue, además de los muchos que abrazaron el cristianismo… la paz.

    Termino con los siguientes versículos que son una prueba de que se puede vivir en paz y con paz, mientras allí comenzaba a latir nuevamente el corazón del cristianismo:

    “Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.” (44-47)

    ¡Gran recompensa al interés genuino y a darle una oportunidad real a Cristo y a la esperanza!

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