Francesc Torralba, filosofía y espiritualidad

Tiene una larga trayectoria como docente y quienes le conocen siempre se refieren a él con afecto. Lees sus libros o le escuchas hablar, y uno se da cuenta con prontitud de que se trata de un sabio y de una buena persona. Su discurso es claro, diáfano, «engancha» e invita a la reflexión.

Francesc Torralba (15 de mayo 1967) es un filósofo, teólogo y ensayista español contemporáneo, muy influyente en el pensamiento ético actual en España. Su obra se mueve entre la filosofía, la antropología y la espiritualidad, con un enfoque profundamente humanista. Es catedrático de Ética en la Universidad Ramón Llull e imparte cursos en otras universidades de España y América del Sur. Estudió filosofía en la Universidad de Barcelona y Teología en la Facultad de Teología de Cataluña. Recibió el Premio Extraordinario de Licenciatura al mejor expediente académico. Posteriormente, amplió estudios en la Universidad de Copenhague donde estudió lengua danesa para realizar su tesis sobre el pensador Søren Kierkegaard. Sus logros académicos sorprenden sobremanera.

Pensamiento

Torralba insiste en que toda persona tiene un valor intrínseco que debe ser respetado en cualquier circunstancia. Esta idea guía su reflexión sobre temas como la bioética, la justicia social y los derechos humanos. Para él, la dignidad no depende de la utilidad, la edad o la condición de una persona.

Uno de sus aportes más conocidos es la defensa de una ética del cuidado, que pone énfasis en la atención al otro y en la compasión. Se inspira en tradiciones filosóficas y también en el pensamiento cristiano.

Torralba no separa filosofía y espiritualidad. Para él la vida humana tiene una dimensión trascendente. El silencio, la interioridad y la reflexión son esenciales. La conciencia de la finitud da profundidad a la vida.

Torralba promueve el entendimiento entre culturas y religiones, defiende el respeto a la diversidad, critica el fundamentalismo, busca puntos comunes entre tradiciones y defiende el diálogo interreligioso.

Algunos libros importantes de Torralba incluyen:

  • El sentido de la vida
  • La inteligencia espiritual
  • El arte de saber escuchar
  • La ética del cuidar
  • El camino espiritual de Soren Kierkegaard
  • Esos valores que nos unen
  • Explorar el sentido de la realidad
  • La lógica del don de la vida y de la muerte
  • El arte de saber escuchar
  • Inteligencia Espiritual
  • «Y, a pesar de todo, creer«, PPC (2018)
  • «La interioridad habitada«, Kahf (2019)
  • No hay palabras: Asumir la muerte de un hijo, Now Books (2024).
  • «La Palabra que me sostiene «, Now Books (2025)
  • Anatomia de l’esperança, Destino (2026)

En ellos desarrolla su visión de una vida más consciente, ética y profunda.

Una experiencia desgarradora

El 14 de agosto de 2023, Francesc Torralba perdió a su hijo Oriol de 26 años en un terrible accidente de montaña. Es de imaginar el trauma que significó para él y su familia la muerte de su hijo querido. Como resultado de tan dolorosa experiencia escribió el libro, «No hay palabras. Asumir la muerte de un hijo«.

En una entrevista Francesc mostraba con verdadero realismo sus sentimientos:

«Es una situación límite que uno no esperaTratamos de decir palabras y tenemos fórmulas, pero creo que no son suficientes porque no expresan el sufrimiento y el vacío que deja la persona querida.Tampoco las tiene quien quiere consolar, porque lo que dice no puede neutralizar la magnitud del dolor y el sufrimiento. Al fin y al cabo, las palabras son
entidades limitadas y llegan donde llegan. Pero sí hay algunas mejor dichas. Y por eso vamos a los poetas, porque transmiten con más precisión y profundidad lo que sentimos. Yo este año he leído mucha poesía. Luego estamos los que creemos en Dios. Porque no hay palabras pero está la Palabra, que para
mí ha sido un bálsamo, una fuente de consolación y esperanza. En ella he encontrado refugio, calor y hospitalidad. También está el lenguaje no verbal, el abrazo, la lágrima o la caricia, que se ponen en acción en un proceso de duelo. Yo este año he llorado como nunca, pero también he sido abrazado como nunca
«.

  • Alfa &Omega, del 7 al 13 de noviembre de 2024.

Sólo quien ha perdido un hijo sabe muy bien lo que se siente. Francesc suele decir que cuando se encuentra con algún padre o madre que también ha pasado por lo mismo, se miran y, sin apenas hablar, se comprenden. Es un dolor que queda ahí para siempre, y marca profundamente, se tenga fe o no. Aunque Francesc es un hombre de fe, casi se puede intuir que, a pesar de sus muchas actividades y de su confianza radical en Dios, «la procesión va por dentro«. Su rostro muestra en los últimos tiempos su profundo dolor interno, aunque su fe le sostenga y le insufle esperanza. Pero sigue percibiéndose en él su bondad y hombría.

En sus propias palabras

«En la sociedad de la velocidad, es fundamental crear esferas de pensamientos, ámbitos donde sea posible el ejercicio de la crítica, de la meditación y de la reflexión. La tarea del filósofo es pensar, dar que pensar y cuestionar lo que se presenta como obvio, evidente, o nítidamente claro. Su función, siempre difícil y arriesgada, es abrir intersticios en la cultura e introducir preguntas de fondo que tienen que ver con el sentido de existir«.

«Una persona espiritualmente sensible no se contenta con el conocimiento superficial de las cosas, del mundo, de lo que le rodea; no le basta con una visión panorámica; pretende ir a fondo y en este caminar descubre una serie de elementos y propiedades, de niveles de la realidad que a simple vista le habían pasado desapercibidos. La vida espiritual es profundidad, movimiento hacia lo desconocido, interés por lo que está oculto, por lo que es invisible a los ojos«.

– Francesc Torralba, «Inteligencia espiritual«, Plataforma Editorial, 2010.

No tenemos fórmulas para explicar el sentido de la vida, tenemos máximas de los grandes filósofos de la vida, que nos transmiten sus hallazgos. Son como luces en el camino, son como orientaciones, funcionan como brújulas morales, espirituales, emocionales… Nos ofrecen un camino, y luego debes determinar el tuyo. Pero eso es ser libreTodo se pasa, nada permanece. Todo fluye… la alegría, la tristeza, el duelo, el drama, el éxitoDebemos asumirlo. Cuando uno lo asume, se da cuenta que si eso es así, tiene que pensar muy a fondo qué es lo que va a hacer con este tiempo, que es muy limitado y además irreversible. Yo no puedo volver a mi infancia ni a mi adolescencia, simplemente he entrado en una etapa, que es la madurez. Y luego vendrá otra, si tengo años por delante, que es la vejez. Luego, se acabó. El círculo se paraA veces queremos inmortalizar un instante, pero también pasa, es fugaz. Otros son dolorosos, pero también pasan. Por tanto, todo depende de lo que hagas con el tiempo… Al tiempo hay que darle valor, sobre todo cuando es poco”.

  • Entrevista en La Vanguardia 17 de julio de 2025.

«La escritura, como dice Søren Kierkegaard, debe ser edificante. Debe edificar a quien escribe, pero también a quien tiene la generosidad de leerte. No se trata de ocultar la noche oscura, ni los desiertos que tenemos que cruzar durante nuestra existencia, porque ello no es verosímil. Existe el mal, el dolor, el caos, el abismo sin fondo, pero la escritura no puede hundir al lector. Debe ofrecer posibilidades, alternativas, bombas de oxígeno, estrategias para enfrentarse a la noche oscura, sin sucumbir a fórmulas artificiales o a frases de diseño que no soportan la mínima crítica intelectual. La escritura debe nutrir el alma, debe elevarla, ayudarla a entrever horizontes. Dice Platón que el filósofo es el médico del alma. Sin horizonte, la vida se convierte en una mecánica repetición de lo mismo, en puro aburrimiento. Escribir es forjar horizontes con voluntad de sentido«.

«La esperanza es enigmática. Existen motivos para la desesperación, para el desánimo, para tirar la toalla y entonar un discurso nostálgico. Existen sobradas razones para evadirse de la realidad y limitarse a cuidar el propio jardín, como decía Voltaire. La avalancha de estímulos negativos que consumimos a diario corroe el alma del ciudadano. Puede llegar a la conclusión de que no hay salida, que todo está definitivamente perdido. La esperanza linda, siempre, con la desesperación. Jesús se desesperó en Getsemaní. Experimentó la soledad radical, la impotencia, el abandono infinito de Dios y gritó. Es el episodio donde se manifiesta más radicalmente la humanidad del Hijo de Dios«.

«He conocido la desesperación en primera persona del singular y experimentado con profunda empatía la experiencia del abandono, la soledad radical y el silencio de Dios. No sabemos cómo se nutre la esperanza. Es un enigma. Cuando uno constata la inconsistencia de su ser, su fragilidad ontológica, se rinde. Es entonces cuando enigmáticamente se siente empujado a seguir luchando. Una fuerza que no procede de él, le sostiene y le propulsa a seguir«.

«La comunidad juega un papel clave en las situaciones-límite. Necesitamos estructuras de ayuda mutua porque el desierto por el que transitamos es largo, difícil y oscuro. No es fácil prestar ayuda, pero todavía es más difícil solicitarla, porque uno debe vencer su arrogancia, su soberbia y reconocer la fragilidad de su yo. Cuando todo parece estar perdido, debemos estrechar los lazos, romper las rutinas habituales y dejarnos cuidar por los demás. Necesitamos también nutrientes espirituales. Podemos hallar inspiración en los textos sagrados, en las máximas de la tradición estoica, en la Palabra que Dios ha revelado en la historia. Meditarla, asumirla, repensarla, aferrarse a Ella como el náufrago a su tabla es un modo de sostenerse cuando todo se derrumba«.

«Pecamos de derrotismo. La mirada apocalíptica cala en muchos entornos culturales, en el ámbito escolar y universitario. Se repiten máximos del estilo: “No hay nada que hacer” o “Todo está perdido”. Los que forjamos un discurso sobre la esperanza somos etiquetados de ingenuos, pueriles, bienintencionados, pero mal informados. La cuestión clave es cómo articular un discurso sobre la esperanza que tenga legitimidad intelectual, que sea verosímil, que pueda responder, racionalmente, a las objeciones de nuestro tiempo. Para no naufragar en esta tentativa, tenemos que releer con lupa a Ernst Bloch, a Gabriel Marcel, a Albert Camus, a Emmanuel Mounier, a Simone Weil, también a Pedro Laín Entralgo, verdaderos apóstoles de la esperanza en tiempos de penetrante oscuridad».

 «Sin horizonte, no es posible edificar una vida humana. Necesitamos un propósito, un sentido, una razón de ser. Cuando este se volatiliza, adviene el vacío y, en consecuencia, el nihilismo práctico. Mientras hay propósito, hay tensión, hay lucha, hay compromiso, hay vitalidad. Cuando el horizonte ha sido borrado, solo queda la nada, y la nada es irresistible. Para escapar del horror vacui, el sujeto postmoderno dispone de miles de mecanismos de evasión que le permiten entretenerse y ocupar su tiempo vital hasta la última hora».

«Necesitamos reconstruir horizontes. El esperanzado puede ser criticado de ingenuo, pero la última metamorfosis del desesperado es el cínico, el que ya viene de vuelta de todo y ya no cree en nada, ni siquiera en sí mismo. En nuestra sociedad, sobran cínicos y faltan testigos de esperanza«.

  • Vida Nueva, 6 de febrero 2026

Esteban López

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