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Adela Cortina2Cuando la escuchas parece increíble que sea capaz de hablar durante tanto tiempo sobre un tema que en principio podría parecer algo árido: la ética. Pero lo curioso es que ella logra que sea un tema apasionante no solo porque explica con maestría el concepto, sino porque lleva tantos años lidiando con el tema que es capaz de concretar con las palabras apropiadas los conceptos más etéreos. Y es que parece una de aquellas profesoras entrañables de nuestra niñez que por su trayectoria, enseñanza y saber estar, la amábamos y respetábamos al mismo tiempo.

Adela Cortina (Valencia, 1947) es licenciada y doctorada en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia. Gracias a una beca realiza estudios de postgrado en las universidades de Munich y Frankfurt, donde entra en contacto con la filosofía de Jürgen Habermas y Karl Otto Apel. Su tesis doctoral versó sobre “Dios en la filosofía trascendental kantiana”. Ha sido profesora en el departamento de Filosofía práctica y catedrática de Filosofía Jurídica, Moral y Política en la Universidad de Valencia. En reconocimiento a su labor constante, el 2 de diciembre de 2008 es nombrada miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de ETNOR. En el año 2007 obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos.  En el 2014 se le concede también el premio nacional de ensayo con su obra “¿Para qué sirve realmente la ética?”.  

Adela es como un Don Quijote, como una luchadora incansable que, contra viento y marea, anuncia a todo el mundo que merece la pena que todos luchemos también para llevar una vida más ética, en definitiva más buena. No cesa de escribir obras y dar conferencias para invitar a la reflexión e intentar que las personas y la sociedad sean un poquito mejores. En 1986 obtuvo la Cátedra de Filosofía Moral, y los temas que siempre le han interesado han sido la economía, la empresa, la discriminación de la mujer, la guerra, la ecología, la genética, etc. En sus obras siempre ha mantenido que la vida, sometida a examen, ‘merece ser vivida‘.

Immanuel Kant es su referente, y cuando surge algún dilema ético en esta sociedad o algo que le preocupe, Adela no tarda en recitar desde lo más profundo de su corazón su imperativo categórico clave: El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio“, y “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”.  

Una de sus principales obras, de fuerte incidencia no solo en la comunidad académica sino también en el gran público, es “Ética Mínima” (Editorial Tecnos, 2010), y esta es su reseña:

ética mínimaNuestro tiempo es tiempo de modestia: época light. La reflexión huye de los grandes sistemas y la acción de las grandes empresas. ¿Quién ambiciona ya descubrir la verdad, alcanzar el bien, practicar la justicia? ¿Quién pretende poseer el secreto de la felicidad? Pequeñas verdades, minúsculos bienes, fragmentos de justicia, retazos de felicidad nos ayudan, si no a «vivir bien», en el hondo sentido de los clásicos, al menos a «pasarlo bien»: a pasarlo lo mejor posible. Y, sin embargo, las preguntas por la rectitud y la justicia, por la legitimidad del poder y la esperanza de salvación continúan pidiendo respuesta a una cultura que precisa contestarlas para recobrar su sentido. Abordar tales cuestiones es el propósito de este libro.

“Para ello se interna en ese ámbito del saber llamado «práctico», desde las cuatro dimensiones que lo configuran: moral, política, derecho y religión. Desde ellas se alumbra hoy, si no una ética de máximos —una ética del ethos y la felicidad, como la que Aranguren, prologuista del libro, nos regaló hace tiempo—, una ética de mínimos; si no una magna moralia, una ética mínima. Pero una ética que se resiste a renunciar a lo mejor que hemos aprendido tras siglos de historia: el valor de la autonomía humana y la necesidad de un consenso —entendido como concordia, no como estrategia— para la organización de la vida jurídica y política“.

Algo de su pensamiento

Hay moral porque en el universo existe un tipo de seres que tiene un valor absoluto, y por ello no deben ser tratados como instrumentos; hay moral porque todo ser racional es fin en sí mismo, y no medio para otra cosa. Hay moral porque las personas son seres absolutamente valiosos… De estos seres no diremos que tienen precio, sino dignidad, y que, por tanto, merecen un respeto del que se siguen obligaciones morales”. 

– Adela Cortina, Ética“, Ediciones Akal, tercera edición 2001.

Hablaba Hannah Arendt de “la banalidad del mal” al referirse a los campos nazis de concentración, pero tal vez habría que hablar en ese y en los demás casos de esa ceguera emocional por la que los individuos pierden el sentido de la compasión, acaban viendo atrofiada la capacidad  de padecer con otros su dolor y disfrutar con ellos su alegría. La capacidad de sufrir y gozar con otros, que brota del vínculo compasivo. 

Adela Cortina“Poco antes de su octogésimo cumpleaños – cuenta Habermas en “Perfiles filosóficos-políticos”- preparando una entrevista con este motivo, Marcuse y yo mantuvimos un largo diálogo sobre cómo podíamos y debíamos explicar la base normativa de la teoría crítica. No era fácil encontrar la respuesta. El profeta de Israel exigía justicia para el huérfano y para la viuda en el nombre de Yahvé, pero ¿qué mueve a un hombre en un mundo plural a buscar una base normativa para criticar las injusticias? La respuesta, – continúa Habermas – la dio el propio Marcuse dos años más tarde cuando, ya en un hospital de Francfort, se anunciaba el principio del fin. “¿Ves? – le dijo – ahora sé en qué se fundan nuestros juicios valorativos más elementales: en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de los otros”.

– Adela Cortina, Ética de la razón cordial (Ediciones Nobel, 2007).

A la altura de nuestro tiempo, la base de la cultura que se va extendiendo de forma imparable, hasta el punto de poder considerarse como sustento universal para legitimar y desligitimar instituciones nacionales e internacionales, es el reconocimiento de la dignidad del hombre y sus derechos; el techo de cualquier argumentación práctica continúa siendo aquella afirmación kantiana de que:

“El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no solo las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin”.

Immanuel Kant, Grundlegung, IV. Adela Cortina, Ética mínima, Tecnos, 1986.

No todas las opiniones son respetables. Son respetables las personas, pero las opiniones tienen que ganarse el respeto”.

“La meta de la economía y de la empresa es ayudar a crear buenas sociedades”.

“Ni la política, ni las empresas, ni la universidad pueden ‘instrumentalizar’ al ser humano como un simple medio, porque el ser humano es siempre un fin en sí mismo”.

“A respetar los derechos humanos no se invita, se exige”.

“La única opción que se puede tener ante una norma que se considere injusta es la objeción de conciencia y la desobediencia civil pacífica”.

– Adela Cortina, conferencia ‘Ética pública: una apuesta prudente y justa, ofrecida en el XXIV Encuentro de la Asociación Alexander von Humbodlt celebrado en la Universidad de La Rioja.

– Véase también el contenido de la conferencia de Adela Cortina, “El papel de la religión en el mundo actual“.

 

Esteban López

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