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Karl Marx llegó a decir que “la religión es el opio del pueblo”. Tanta fuerza tuvo su aserción, que con el tiempo el comunismo intentó erradicar todo vestigio religioso de las gentes. Albania, por ejemplo, llegó a declararse el primer estado ateo del mundo. El laicismo siempre se ha caracterizado por su deseo de exterminar toda clase de religión.

Sin embargo, décadas de adoctrinamiento ateo comunista no pudieron erradicar lo que parece que es una de las principales características del ser humano: su sentir religioso. Como vaticinó el filósofo Friedrich Nietzsche, “la sombra de Dios continuará siendo alargada durante mucho tiempo”. Hoy día, lejos de que la religión se haya erradicado, el número de personas que admite ser creyente aumenta día a día.

En los países de Occidente, los estados son laicos (no laicistas). Eso significa que toleran la religión pero sin dar prioridad a ninguna en especial. Sin embargo, las sociedades son plurales y heterogéneas, es decir, en ellas existen personas creyentes y no creyentes, y la religión se encuentra entreverada con la política, la economía, la estética y la moral. Además, como todo otro ideal, como la justicia, la raza, la lucha de clases, etc, la religión es también manipulable. Solo hay que echar un vistazo a la historia y ver cuántos conflictos de intereses económicos o políticos han tenido lugar enmascarados de religión. El fundamentalismo radical y el terrorismo llamado “islámico” son también ejemplo de ello.

Es verdad que hoy día la religión no tiene la preponderancia que tuvo en otros tiempos. Sin embargo, y como reconoce Jürgen Habermas, “ha habido un traspaso de muchos valores religiosos a la sociedad actual”. Es el caso, por ejemplo, de la solidaridad, que es una herencia del cristianismo. Eso ha contribuido mucho a que en la sociedad pueda haber unos mínimos éticos de justicia y humanidad.

El sentir religioso tiene que ver con expresar admiración, invocación, sobrecogimiento, dependencia, fascinación ante la realidad. Pertenece al ámbito de lo ‘significativo‘ más que a lo ‘científico‘, y lo significativo siempre nos afecta y conmueve interiormente. Kant hablaba del ‘cielo estrellado‘ y lo mucho que le impresionaba. Pascal del ‘silencio de los espacios infinitos’ y Rudof Otto de ‘lo tremendo y fascinante‘, ‘lo numinoso‘. – Fraijó, “Avatares de la creencia en Dios“, Trotta, 2016.

Aportación de la religión a la sociedad 

Es posible recuperar el fondo positivo de las religiones como fuente de sentido y esperanza para el ser humano. Estas serían algunas de sus aportaciones:

  1. La religión dice que “Dios existe” y eso es una buena noticia; es por lo tanto fuente de sentido y esperanza. Porque si Dios no existe no hay ninguna posibilidad de redimir la injusticia de la historia.
  2. “El hombre es imagen de Dios.” Por lo tanto está revestido de dignidad intrínseca y le pertencen derechos por el mero hecho de ser persona.
  3. La relación entre las personas es altruista “porque el otro es importante.” No se debe a un “contrato social.”
  4. La religión mueve a acción positiva por gratuidad y altruismo, no por normas legales escritas. Mueve el corazón humano para lo bueno.
  5. Impulsos positivos en la comunidad: cuidado de la tierra y de los animales como herencia de todos; énfasis en el amor altruista, la gratuidad y la felicidad.
  6. Sentido de la vida ahora y fuente de esperanza para el futuro. (“Tiene que haber un mañana.” Max Horkheimer).  Lo que se hace hoy permanece después de la muerte. La religión es la única esperanza de que el sufrimiento se acabe para siempre.
  7. Los pobres pasan a un primer plano. La religión trabaja ahora contra el sufrimiento. No es “opio del pueblo.”

Parte del material de este artículo está basado en la intervención de Adela Cortina Orts el 10/08/2009, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), dentro de la Escuela de Teología «Karl Rahner-Hans U. Balthasar.» Judaísmo, Cristiansimo e Islam: tres religiones en diálogo, dirigido por Juan José Tamayo Acosta.

Se recomienda que la conferencia se escuche completa.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía política de la Universidad de Valencia, ciudad en la que nació y donde cursó sus estudios de Licenciatura y Doctorado en Filosofía, que profundizó en las Universidades de Múnich y Francfort, como becaria del DAAD y de la Alexander von Humboldt-Stiftung. Es directora de la Fundación ÉTNOR, miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida y Vocal del Comité Asesor de Ética de la Investigación Científica y Tecnológica. Entre sus libros cabe recordar Ética mínima (1986), Ética sin moral (1990), Ética aplicada y democracia radical (1993), Ética de la empresa (1994), Ciudadanos del mundo (1997), Hasta un pueblo de demonios (1998) y Alianza y contrato (2001).

Esteban López