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Clive Staples Lewis nac-s-lewisció en Irlanda en 1898. Se educó durante un año en el Malvern College, pero la mayor parte de su formación fue de carácter privado. Fue “Fellow” o “Tutor” en el Magdalen College desde 1925 a 1954. En ese último año fue nombrado “Professor” de Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Cambridge. Llegó a gozar de una gran popularidad como docente y ejerció una gran influencia en sus alumnos.

C. S. Lewis había sido un ateo declarado durante muchos años, interesado sólo por la mitología y el ocultismo. Veía la religión como una simple obligación o carga. Además solía decir, citando al poeta romano ateo Lucrecio: “Si Dios hubiera diseñado el mundo, no sería un mundo tan frágil y defectuoso como lo vemos”. No obstante, también reconocía que en realidad “estaba muy molesto con Dios por no existir“.

Sin embargo, y debido sobre todo a la influencia de su amigo John Ronald Reuel Tolkien, autor de la novela fantástica El Señor de los Anillos, aceptó el cristianismo no fácilmente, sino, como él mismo dice, “pateando y gritando.” En su conversión, también fue de gran influencia la lectura de El Hombre Eterno, de Gilbert Keith Chesterton y las obras del escocés George MacDonald. Sobre ese momento de su vida Lewis escribió:

«Me tienen que imaginar estando solo en Magdalen, noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Él a quien yo honestamente había tratado de no conocer. A aquel a quien yo le había temido finalmente me alcanzó. En 1929 me entregué, y admití que Dios era Dios, y me arrodillé y oré. A lo mejor, aquella noche yo era el converso más desanimado e indispuesto de toda Inglaterra”.  -Sorprendido por la Alegría.

Esta experiencia y trayectoria personal, le ayudó a poder ver los dos lados de la cuestión y entender bien la indiferencia y el rechazo de otros hacia la religión. Aunque tenía grandes conocimientos de catolicismo, finalmente se unió a la Iglesia de Inglaterra.

Lewis estaba dotado de una inteligencia excepcionalmente brillante y lógica. Tenía además un estilo claro y vivo, de modo que llegó a ser uno de los escritores más influyentes de nuestro tiempo. Algunas de su obras más célebres son Cartas del diablo a su sobrino, El problema del dolor, Dios en el banquillo y Mero cristianismo. También escribió libros para niños, como Crónicas de Narnia (llevada al cine), además de muchos trabajos de crítica literaria. Muchas de sus obras de ficción contienen también un gran número de connotaciones religiosas. Las traducciones de sus libros son conocidas por personas de todo el mundo. Escribió su libro Mero cristianismo con la intención de que sus reflexiones pudieran servir a cristianos de todas las iglesias. Estas son algunas porciones escogidas que podrían ilustrar muy bien su propia forma de pensar:

Se descubre más acerca de Dios a través de la ley moral que a través del universo en general, del mismo modo que se descubre más acerca de un hombre por medio de escuchar su conversación que mirando la casa que ha construido”.

“Sé que algunos dicen que la idea de la ley de la naturaleza o del comportamiento decente por todos los hombres no se sostiene, dado que las diferentes civilizaciones y épocas han tenido pautas morales diferentes. Pero esto no es verdad… Si alguien se toma el trabajo de comparar las enseñanzas morales de, digamos, los antiguos egipcios, babilonios, hindúes, chinos, griegos o romanos, lo que realmente le llamará la atención es lo parecidas que son entre sí y a las nuestras… Por ejemplo, el egoísmo nunca ha sido admirado”.

“Los hombres se encuentran bajo una ley moral que ellos no hicieron, que no pueden olvidar incluso si lo intentan y que saben que deben obedecer”.

“Lo único que tengo es Algo que dirige el universo, y que aparece en mí como una ley que me urge a hacer el bien y me hace sentirme responsable e incómodo cuando hago el mal”.

“El cristianismo es una religión luchadora. Cree que Dios hizo el mundo -que el espacio y el tiempo, el calor y el frío, y todos los colores y sabores, y todos los animales y vegetales son cosas que Dios ‘inventó con su cabeza.’  Pero también piensa que hay muchas cosas que han ido mal en este mundo que Dios creó, y que Dios insiste, e insiste en voz muy alta, en que volvamos a enderezarlas”.

“El cristianismo es una religión que no podría haberse adivinado. Tiene justamente ese ingrediente de peculiaridad que poseen las cosas reales”.

“Dios nos hizo: nos inventó del mismo modo que un hombre inventa una máquina. Un coche está hecho para funcionar con gasolina, y no funcionaría adecuadamente con ninguna otra cosa. Pues bien, Dios diseñó a la máquina humana para que funcionara con Él. El combustible con el que nuestro espíritu ha sido diseñado para funcionar, o la comida que nuestro espíritu ha sido diseñado para comer es Dios mismo. No hay otra cosa. Esa es la razón por la que no sirve de nada pedirle a Dios que nos haga felices a nuestra manera sin molestarnos con la religión. Dios no puede darnos paz ni felicidad aparte de Él, porque no existen. No existe tal cosa”.

Con respecto al sentido de esta existencia, es muy interesante su comentario en su libro “Dios en el banquillo“:

El cristianismo… nos enseñará que en realidad no podemos ser ‘buenos’ (ni siquiera durante veinticuatro horas) gracias a nuestros propios esfuerzos morales. Luego, nos enseñará que aún cuando seamos buenos, de ese modo no se cumple en su plenitud el propósito para el cual fuimos creados. La moralidad no es en sí misma el fin de la vida. Nuestro destino es muy diferente… Las personas que siguen preguntando si pueden vivir de manera diferente sin Cristo no saben lo que es la vida; si lo supieran comprenderían que ‘una vida decente’ es solo un mecanismo en comparación con el verdadero objetivo de la vida humana. La moralidad es indispensable. Pero la Vida Divina, que hace entrega de sí misma … tiene reservado para nosotros un destino en el cual la moralidad será devorada. Seremos hechos de nuevo… protestaremos dando chillidos al perder el pelo, y luego, sorprendidos, encontraremos debajo algo que nunca hemos siquiera imaginado: un hombre verdadero, un dios siempre joven, un hijo de Dios, fuerte, radiante, sabio, hermoso y lleno de alegría. ‘Cuando llegue el fin, desaparecerá eso que es imperfecto’ (1 Cor.13:10). La idea de llegar a ‘actuar correctamente en la vida’ sin Cristo se basa en dos errores. En primer lugar no podemos hacerlo; y en segundo lugar, si nuestro objetivo final es tener ‘una vida correcta’, no comprenderemos el verdadero sentido de nuestra existencia. La moralidad es una montaña que no podemos escalar con nuestros propios esfuerzos”. – C. S. Lewis, “Dios en el banquillo”, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1995.

Dios se ha puesto a sí mismo, como norma, no alterar el carácter de las personas contra su voluntad… En ese sentido, en realidad Él ha restringido su poder… Prefiere un mundo con seres libres, con todos sus riesgos, y no un lugar donde las personas actúen como máquinas por carecer de otra alternativa. Mientras más claramente imaginemos un mundo con seres perfectos y automáticos, mayor será la comprensión de la sabiduría divina”. – C. S. Lewis, “Dios en el banquillo“, Editorial Andres Bello, Santiago de Chile, 1995.

Una prueba severa para su fe

 C. S. Lewis llegó a ser un autor muy conocido y solía recibir correspondencia de personas de muchos lugares. Una de esas personas fue Helen Joy Davidman, (Joy Gresham), una escritora estadounidense que viajó desde Nueva York a Inglaterra con su hijo Douglas (hijo de un anterior matrimonio) para conocer personalmente a Lewis. Era de origen judío, comunista radical y atea. Pero tanto la correspondencia como las conversaciones con C. S. Lewis la hicieron finalmente convertirse al cristianismo. Lo que en principio era solo una buena amistad, se fue convirtiendo en un profundo amor y finalmente en matrimonio.

Pero esa felicidad no duraría mucho, ya que a Joy le diagnosticaron cáncer de huesos. Logró reponerse durante algún tiempo pero finalmente murió el 13 de julio de 1960. Fue una cálida relación que duró solo cuatro años. C. S. Lewis manifestó todo su dolor y profundas reflexiones en el libro Una pena observada.

Esta parte de la vida de C. S. Lewis y su relación con su esposa Joy fue llevada al cine en 1993 de la mano del director británico Richard Attenborough. Shadowlands (Tierras de penumbra) es considerada su obra cumbre, y está magistralmente interpretada por Anthony Hopkins y Debra Winger. En la soberbia escena que se adjunta, pueden verse algunas reflexiones de Lewis, su rebeldía visceral por la pérdida de su amada esposa y su esfuerzo sincero por conjugar aquel suplicio interior con su fe. Había aprendido que el dolor no puede tratarse solo desde una perspectiva teórica. Que cuando éste es muy intenso nunca se comprende, pero que también  imprime lecciones en el alma que solo se aprehenden por la experiencia. Un film imprescindible y magistral, absolutamente recomendado.

Esteban López