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Stephen HawkingSegún la actual astrofísica, la creación del mundo tuvo lugar con una gigantesca explosión cósmica, con un tremendo Big-Bang, hace unos 13,7 mil millones de años, y  según las investigaciones de Edwin P. Hubble en 1929, parece que estrellas y galaxias (el Universo entero) siguen expandiéndose exponencialmente en todas las direcciones y a una velocidad vertiginosa.

Al físico inglés de Cambridge Stephen Hawking (1942), le hubiera gustado desarrollar una “gran teoría unificada” (GUT) que explicara el significado del Big Bang y que aclarara qué es “lo que el mundo mantiene en sus entrañas.” En su libro A Brief History of Time (Historia del tiempo) que llegó a ser un superventas y del que ya se han vendido veinticinco millones de ejemplares, Hawking se había mostrado muy optimista y confiado de sí mismo al indicar que su objetivo era lograr una gran teoría unificada que no solo explicaría muchos aspectos empíricos del Universo físico sino que permitiría incluso “conocer la mente de Dios”.

Lo que Hawking quería decir es que si lográramos formular una “gran teoría del todo” (Theory of Everything=TOE), el mundo y su origen se explicaría a sí mismo y Dios ya no sería necesario en cuanto Creador. Su idea de un universo cerrado, autónomo, sin límites y sin condiciones iniciales, descartaría por completo la noción singular de que Dios hubiera establecido las condiciones de fusión iniciales a partir del Big Bang y la leyes del Universo.

No obstante, Hawking mostró en su libro cierto grado de sobriedad cuando reconoció que unas posibles ecuaciones ingeniosas de todo, no podrían abarcar la realidad de todo y que todavía permanecería abierta la pregunta de por qué existe un universo:

“Incluso si hay una teoría unificada posible se trata únicamente de un conjunto de reglas y de ecuaciones. ¿Quién insufla fuego en las ecuaciones y crea un universo que puede ser descrito por ellas? El método usual de la ciencia de construir un modelo matemático no puede responder a las preguntas de por qué debe haber un universo que sea descrito por el modelo”.

A Brief History of Time (Historia del tiempo), pág. 263.

Aún así, en su famoso libro Hawking expresó con claridad su esperanza de que algún día pudiera plantearse una gran teoría unificada (GUT) que llegara a responder la pregunta de por qué existe un universo:

“No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser en su líneas maestras, comprensibles para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces, todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el Universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”.

Historia del tiempo, pág. 164.

hawkingLa intención de Hawkings era encontrar una fórmula completa de las leyes naturales o una serie de reglas que nos capacitaran para que, en principio, pudiéramos predecir el futuro con tanta precisión como se deseara. Que pudiéramos calcular exactamente el estado del Universo en un momento determinado, a pesar del hecho de que la física cuántica ha mostrado hasta ahora que existen sucesos que en principio no pueden ser calculados. No obstante la meta de Hawkings consistía en encontrar una descripción completa de la realidad que incluyera la teoría cuántica, con Dios o incluso sin él.

Pues bien, en el año 2004, en una lección pronunciada en Cambridge, saltó la gran sorpresa. Hawkings anunció que en principio había renunciado para siempre a su búsqueda de una gran teoría unificada. Había llegado a la convicción de que la esperanza de encontrar una teoría completa y omnicomprensiva para conocer el mundo en su más profundo ser y, así, poder controlarlo era falsa. Que ya no le parecía posible elaborar una teoría completa, cerrada y finita del Universo. De lograrlo, Hawkings había dicho: “¿quedaría todavía sitio para un Creador?” De hecho, el prólogo de su libro había sido escrito por el conocido físico Carl Sagan (1934-1996) en el que indicaba que el verdadero tema del libro era la ausencia de Dios.

¿Un universo que se crea a sí mismo? ¿Una teoría completa y cerrada que sustituya a Dios? ¿Llegar a tener la mente de Dios? No deja de sorprender que algunos científicos intenten acabar con complicadas operaciones matemáticas principios filosóficos fundamentales como “ex nihilo nihil fit, de la nada, nada surge” o que ninguna clase de energía puede ser generada de la nada. Semejante muestra de autoconfianza recuerda el dicho del premio Nobel de Física Lew Landau (1908-1968): “Los cosmólogos se equivocan con frecuencia, pero nunca dudan“. O como se expresó el físico teórico Herbert Pfister:

“La física teórica adolece en la actualidad de un exceso de construcciones matemático-especulativas, así como de una carencia de experimentos mentales constructivos. Hoy por el contrario, multitudes de llamados físicos llevan enredados desde hace más de diez años, por ejemplo, con las teorías de supercuerdas con once o más dimensiones, las teorías heteróticas o los grupos E8 x E8 y SO (32), etc., sin haber producido hasta la fecha ni un solo dato que sea en principio contrastable, por no hablar de datos ya confirmados con éxito”.

H. Pfister, “40 Jahre Faszination Physik”, lección de despedida, Universidad de Tubinga, 14 de febrero 2001.

También, el relevante matemático estadounidense Morris Kline (1908-1992) escribió:

matematicas“La situación actual de la matemática puede suscitar desazón. Ha tenido que renunciar a su pretensión de verdad. Los esfuerzos realizados para eliminar las paradojas y establecer el carácter no contradictorio de las estructuras han fracasado. No existe acuerdo sobre los axiomas que han de ser aplicados… No hay más remedio que olvidarse de demostraciones inapelables. A fin de cuentas, la noción imperante de la matemática como colección de estructuras, cada una de ellas fundada sobre su propio lecho de axiomas, no está en condiciones de englobar todo lo que la matemática debería abarcar”.

M. Kline, Pensamiento matemático de la antiguedad a nuestros días, Alianza, Madrid, 1992.

Y reflexionando sobre todo esto, el teólogo católico Hans Küng escribe:

“Lo relevante de cara a nuestro tema es lo siguiente: un matemático o físico que pretenda ‘conocer la mente de Dios’ tal vez debería confrontarse con problemas filosóficos-teológicos con tanta seriedad como con los propiamente físicos. Si los fundamentos de las matemáticas se hallan en gran parte sin demostrar, ¿no habría que formular con más modestia y reserva las pretensiones universales del pensamiento científico-matemático?”

Hans Küng, “El principio de todas las cosas. Ciencia y religión“, pág. 34. Trotta 2007.

El deseo del ser humano por comprender el sentido y origen de todo, une en un mismo propósito tanto a físicos como a teólogos. Pero ni la ciencia ni la teología deben erigirse como explicaciones absolutas del todo. Y en realidad, ningún campo del conocimiento debería hacerlo, pues siempre resultará ser una perspectiva parcial y limitada del todo. De hecho, son también muchos los científicos que, al profundizar tanto en el macrocosmos como en el microcosmos, reconocen tener la impresión de que saben muy poco o que es muy poco lo que entienden. Quien sabe mucho es también consciente de lo mucho que desconoce. De ahí la importancia de intentar ver las cosas con una mayor humidad. Quizá por eso, como hace notar el físico alemán Ernst Peter Fisher, cuando Stephen Hawking se separó de su primera mujer ella declaró que creía que debía recordarle a su Stephen que “él no era Dios”. – E.P.Fisher, Einstein, Hawking, Singh & Co. Bücher, die man kennem mub, München, 2004, pp. 28-35, cita p.34.

Esteban López