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liriosDe vez en cuando aparecen tristes noticias relacionadas con la llamada “violencia de género” en la que alguna mujer muere asesinada por su pareja. Y no son pocos los casos que, cuando se conocen los detalles de cada uno, el tema horroriza y estremece. Y es que casi siempre es la parte físicamente más débil, la mujer, la que más sufre y padece, a la que se le arranca de cuajo su dignidad y muchas veces hasta su propia vida.

Pero la violencia no solo puede ser física. También puede ser verbal, humillante, desaprensiva, corrosiva, lacerante, sutil pero profundamente hiriente, en definitiva, absolutamente fría y vacía de todo amor y compasión. Y la verdad es que, aunque esa clase de violencia, así como la física, puede provenir tanto de parte de hombres como de mujeres, siempre es la parte más débil la que más sufre en esos casos.

En un mundo violento en tantos sentidos, suelen ser las mujeres, algunos hombres, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los niños, los animales maltratados o los seres humanos no nacidos los que más sufren como víctimas de la violencia.  A estos últimos como no se les ve, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero su total indefensión los convierte también en los seres más vulnerables.

La violencia como mal absoluto puede ser el resultado de la frustración, del desamor, del temor, de la debilidad de carácter, de la falta de educación en valores como el respeto a la vida humana y a su dignidad, así como el respeto y consideración a los animales. La comprensión amplia de esa clase de valores evita también las contradicciones abyectas, porque de nada sirve por ejemplo defender la causa de los animales maltratados en general y olvidarse de la llamada “fiesta de los toros” o de los niños todavía no nacidos que mueren en horribles abortos. Un corazón educado y sensible en los caminos de la paz, jamás encontraría en nada de eso deleite alguno.

Belfast

Belfast, Irlanda del Norte, 1969

La guerra es también un acto de violencia extrema, y raramente tiene lugar porque sí. Casi siempre suele ser el resultado del odio previo o de propaganda manipuladora. Las razones por las que se justificará podrán ser muchas y variadas pero al final siempre será causa de un horroroso sufrimiento para la mayoría de la gente que participe en ella o que simplemente sea víctima de ella. Como escribió Arthur Schnitzler (1862-1931), médico y dramaturgo austriaco, “el diccionario de la guerra lo han hecho los diplomáticos, los militares y los gobernantes. Deberían corregirlo los que regresan de las trincheras, las viudas, los huérfanos, los médicos y los poetas“. O Erasmo de Rotterdam, “la guerra es bella para quien no participa en ella“.

Ali Ahmad Said EsberMucho menos comprensible es la violencia como uso político de la religión. La religión bien entendida, como fuente de liberación y amor a Dios y al prójimo, nunca puede significar algo que sea contrario al bien del ser humano. Como lo expresó Ali Ahmad Said Esber, escritor, poeta y profesor sirio, Premio Goethe 2011 y varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura:

Cualquier uso político de la religión es, en sí mismo, una forma de violencia: no solo contra ‘el cuerpo’, sino también contra ‘el espíritu’. Y es, por ello, la más despreciable forma de violencia ejercida contra el ser humano, ya que afecta a lo más profundo de su ser: a su conciencia, su libertad, su pensamiento, incluso su imaginación“.

En el cristianismo, queda bien claro en qué suele consistir la sabiduría y en qué dirección se debe trabajar. Solo dos pasajes podrían ilustrar:

Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”. – Santiago 3:17-18, LBLA.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad  mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley”. – Gálatas 5:22,23, LBLA.

En la India hay un grupo religioso, los jainas, que han desarrollado una gran sensibilidad y respeto por toda clase de vida existente. Hasta el extremo de ir andando y al mismo tiempo barriendo con una escobilla delante de ellos. Quieren asegurarse con ello de que no pisan ni una sola hormiga o insecto inocente. Algo que tantas veces en este mundo pasa desapercibido y sin necesidad de ninguna clase de “Declaración de derechos“, ellos han comprendido perfectamente la dignidad y el respeto que todos deberíamos tener por toda clase de vida. También el Evangelio, cuando indica que es mucho más importante una ovejita caída en un pozo y un hombre enfermo que “la ley del Sábado“. Por eso Jesús de Nazaret dijo en cierta ocasión con toda seriedad y convicción, “felices son los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos” (Mat.5:9, BLP).

Entender que todos vivimos en el mismo hogar terrestre y que tenemos las mismas necesidades básicas, puede hacer que nos sintamos más ‘ciudadanos del mundo’ y percibir la obligación moral de ayudarnos más los unos a los otros. Un mundo en paz y en el que todos caben podría ilustrarse por la canción Qualsevol nit pot sortir el sol  (Cualquier noche puede salir el sol). Compuesta por Jaume Sisa (1948) iba a ser una canción infantil, pero se convirtió en todo un canto a la fraternidad humana. Y es que siempre necesitaremos canciones así…

Esteban López