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Hasta la Segunda Guerra Mundial, la doctrina política aceptada desde los tiempos de Napoleón era que nunca se podría condenar a nadie por crímenes de Estado, mucho menos por crímenes contra la humanidad. Ni que decir tiene que semejante ideología permitía que cualquier nación pudiera arbitrariamente invadir y ocupar militarmente a otra y causar miles de víctimas inocentes sin que nadie en concreto fuese acusado como responsable. El nebuloso y ambiguo concepto de ‘Estado’ lo cubría todo.

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Pero esa situación cambió definitivamente a partir del Juicio de Nüremberg, Alemania, contra los principales líderes nazis. Por primera vez en la historia, se encausaba a los responsables directos de crímenes contra la humanidad y a sus organizaciones criminales. El juicio duró desde el 20 de noviembre de 1945 y el 16 de octubre de 1946. Fue el principal juicio (dirigido contra los principales líderes nazis) entre los varios juicios que tuvieron lugar después contra jueces y médicos nazis. Todos esos diferentes juicios contra el aparato nazi se conocen como los Procesos de Nuremberg. Con las sentencias aplicadas a los principales dirigentes nazis se sentaba un precedente y se ponían los fundamentos del Tribunal Penal Internacional contra la guerra de agresión y crímenes contra la humanidad.

tokioAl igual que en los juicios de Nuremberg, en Tokio también se formó un tribunal militar internacional que juzgó a 25 líderes japoneses por crímenes de guerra. Siete fueron sentenciados a muerte, incluido el general Hideki Tojo, de 61 años, que como primer ministro autorizó el ataque sobre Pearl Harbor. Unos 900 militares más fueron ejecutados por maltrato, asesinato y otras atrocidades llevados a cabo contra prisioneros de guerra. Al igual que el nazismo y más tarde el estalinismo, el pueblo japonés pagó un alto precio por confiar en una ideología totalitaria. Como escribiría más adelante John F. Kennedy, “El gran enemigo de la verdad muy a menudo no es la mentira­ deliberada, bien tramada y deshonesta, sino que es el mito persistente, persuasivo e irreal”.

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La imagen de la izquierda muestra al presidente John F. Kennedy y el secretario de defensa Robert McNamara durante la llamada “crisis de los misiles” en 1962. El mundo estuvo entonces más cerca que nunca de una guerra nuclear. Los políticos envueltos en aquella lucha absurda por la primacía mundial e ideológica, jugaron una suicida partida de ajedrez que puso en riesgo la vida de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, la inteligencia política y el sentido común tanto del líder soviético Nikita Kruschev como del norteamericano John F. Kennedy lograron que al final aquel horror monstruoso se evitara.

Durante la llamada “guerra fría” (1947-1991), Estados Unidos y la Unión Soviética nunca se enfrentaron directamente desde el punto de vista militar, a pesar de que las dos naciones eran las únicas super potencias nucleares de la época, capaces de provocar la aniquilación de toda la humanidad. Sin embargo, la contienda ideológica y política entre los dos “bloques” antagonistas durante la Guerra Fría fue causa también de las guerras siguientes:

La Guerra de Corea (1950-1953).
 La Crisis del Canal de Suez (1956).
La construcción del Muro de Berlín en 1961.
 La crisis de los misiles en Cuba en 1962.
La Guerra del Vietnam (1959-1975).
La Guerra del Yom Kippur (1973).
La Invasión de Afganistán (1979-89)

así como numerosas intervenciones en forma de golpes de estado, apoyo a movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios en varios lugares del mundo.

Lindon JohnsonEn esta otra imagen puede verse al entonces presidente de los Estados Unidos Lyndon Johnson escuchando una grabación enviada por el capitan Charles Robb desde Vietnam, 1968. Las pérdidas humanas en ambos bandos por la guerra fueron inmensas, sobre todo en el lado de Vietnam. Estados Unidos había empleado todo su poderío militar y tecnológico sobre Vietnam. Sin embargo, no pudo prevalecer sobre un pueblo campesino, pero unido y mucho más motivado. Por otro lado, hay que tener en cuenta que fue el mismo Lyndon Johnson quien junto a Robert McNamara tramaron convencer políticamente al Congreso para que Estados Unidos comenzara una mayor escalada militar en Vietnam. No deja de sorprender y asusta terriblemente que la vida de tantas de personas dependiera de tan pocos. (Foto de Jack E. Kightlinger).

 DresdeEl problema de la guerra es que una vez que empieza, suele convertirse en una horrible espiral de “acción-represalia-acción” cargada de odio visceral. De ahí la necesidad de que se hayan aprendido las lecciones de la historia y no se repitan episodios como el bombardeo Aliado con bombas incendiarias de la ciudad alemana de Dresde (30.000 civiles muertos) o el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (246.000 civiles muertos), innecesarios según muchos expertos, cuando ya estaba finalizando la guerra. Hoy día existe un Derecho Internacional que no existía entonces, por lo que las democracias más avanzadas deberían ser ejemplos de efectividad contra el mal y contra quienes lo inculcan, pero también de razón y mesura. Un crimen no puede contestarse con otro crimen. La experiencia histórica muestra que cuando se acaba con la propaganda y el adoctrinamiento vil, los ciudadanos vuelven a su vida normal.

Guerra y religión

No hay contradicción más absoluta que el que se use el nombre de Dios en la guerra. Sobre todo después del advenimiento del cristianismo. Sin embargo, hay que reconocer que la cristiandad no tiene un buen registro en eso, sobre todo después de que el emperador romano Constantino convirtiera el cristianismo en la religión oficial del Imperio. Mezclar religión y política fue un craso error, tal y como motraron las inumerables guerras entre ‘cristianos’ de todas las iglesias, católicos y protestantes, a través de los siglos. Pareciera como si nunca hubieran leído las palabras de Jesús de Nazaret, “Mi reino no es parte de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores habrían luchado para que yo no hubiera sido entregado“, o ” todo el que use la espada, perecerá por la espada“. Y todavía más importante, “ama al prójimo como a ti mismo”, ” amaos unos a otros como yo os he amado“. Por tanto, ver clérigos que bendicen ejércitos antes de ir a matar a otros, o los llamados ‘curas guerrilleros’, o escuchar decir a un cardenal ‘cristiano’ como Francis Spelman (1889-1967), ‘mi país tenga razón o no’, parece más una contradicción abyecta que el fiel reflejo del espíritu  pacífico y fraternal del Evangelio.

Con respecto a la guerra, el Islam tampoco se queda manco y su registro es también horrendo.  En el momento de escribir estas líneas, lo ideal sería que los dirigentes musulmanes se orientaran hacia una interpretación pacífica del Islam y condenaran de modo absoluto toda clase de terrorismo. Al fin y al cabo, el Corán también contiene multitud de textos como “Dios es misericordioso” y “Quien mata a un hombre mata a toda la humanidad“. Se deberían por tanto obviar los textos agresivos escritos por Mahoma cuando huyó de la Meca por haber sido escritos en un entorno histórico concreto. Porque si hasta cierto grado la cristiandad ha cambiado en alguna medida, también podría hacerlo el islam. Porque bien pensado, matar en nombre de Dios, lo haga un musulmán, un cristiano o un hindú, es la más abyecta de las contradicciones, ya que niega de un modo absoluto la esencia misma de toda religión, es decir, amor a Dios y al prójimo.

La guerra “un mal absoluto

Esos ejemplos ilustran que es absolutamente imprescindible conocer bien la historia para que ésta no se repita. Y es que la guerra no se produce por generación espontánea. Es más bien el resultado de un ambiente previo basado a menudo en el orgullo nacionalista, en el deseo de poder o en el simple odio al que ‘no es de los nuestros’. Y a veces el gran crimen de la guerra comienza con los más pequeños pretextos.

Pero además que hay que desterrar la guerra como medio para redimir conflictos entre las naciones. La guerra, como medio de redimir diferencias entre las naciones, es oficialmente ilegal desde 1948, al proclamarse la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los Pactos de 1966 y la propia Carta fundacional de las Naciones Unidas. Por tanto, el recurso a la guerra como sanción constituye un contrasentido tanto desde el punto de vista moral como desde el punto de vista jurídico.

“La guerra entre Estados, precisamente por sus intrínsecas características destructivas, no admite justificaciones morales y políticas. Es de por sí un mal absoluto”.Luigi Ferrajoli, profesor de teoría del Derecho de la Universidad de Roma.

Véase también Ética y derecho contra la guerra 

Esteban López

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