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RubyNo tengas miedo,” dijo la madre de Ruby Bridges el 4 de noviembre de 1960. La pequeña Ruby prestó mucha atención a ese consejo. Pronto aparecieron en su casa de Nueva Orleans, cuatro oficiales del Tribunal Supremo de los Estados Unidos para escoltarla hasta el Colegio Público William Frantz. La esperaba una chusma que gritaba. Ruby mantuvo la cabeza alta mientras los oficiales la acompañaban. Aquella niña de 6 años entró al final en la escuela pero también en la historia de la lucha por los derechos humanos.

Aunque el Tribunal Supremo de los Estados Unidos había declarado ilegal la segregación racial desde 1954, buena parte de la población, sobre todo de los estados sureños, no lo aceptaba de ningún modo. Había una férrea y dura oposición por parte de la opinión pública. Después de duras y absurdas pruebas académicas impuestas por el estado de Louisiana, Ruby había sido seleccionada junto con otros séis niños para asistir por primera vez a una escuela primaria solo para blancos. Ruby tuvo que asistir a clases durante todo un año sola, porque los padres de los otros niños no querían que estuvieran cerca de ella debido al color de su piel. Pero aquel día, de todos los seleccionados, solo ella, apoyada por sus padres, decidió asistir.

En una entrevista que le hicieron años después la BBC, Ruby explicó:

Ruby3Recuerdo que ese día todo el mundo parecía estar muy emocionado. Los vecinos vinieron a casa por la mañana para ayudarme a salir para la escuela. Alguien golpeó a la puerta y cuando mis padres abrieron pude ver unos hombres blancos muy altos en trajes, con bandas amarillas en los brazos. ‘Somos policías federales. Nos ha enviado el presidente de Estados Unidos’. Estaban ahí para escoltarme a la escuela. Entré en el automóvil con ellos. No sentí miedo. Llegamos a la escuela y había un montón de personas en la entrada y agentes de policía a caballo y en motocicletas. Todo parecía como un gran evento. Viviendo en Nueva Orleans, pensé que se trataba de las fiestas de Mardi Gras”.

“Jamás imaginé que todo eso era por mí, que habían organizado una manifestación para impedir que yo acudiese a la escuela. Portaban pancartas, coreaban consignas: “Two, four, six eight, we don’t want to integrate”. Los policías federales me tomaron y me metieron rápidamente en el edificio hasta la oficina del director. Vi como la gente de afuera entraba apresurada y me miraban por la ventana, gritando. Fueron a todas las aulas para sacar a sus hijos. Se los llevaron a casa dejando el colegio desierto. Durante todo el día hubo gritos y más gritos. Unos aparecían sosteniendo una pequeña caja, que era un ataúd de bebé en el cual habían colocado una muñeca negra.

“Cuando regresé el segundo día, la escuela estaba vacía. El rector me esperaba en el descanso de la escalera y me indicó dónde quedaba mi clase. Cuando entré vi a una mujer que dijo: ‘Hola, soy tu maestra -mi nombre es Sra. Henry’. Lo primero que pensé fue, ‘¡Es blanca!’, porque nunca había tenido una profesora blanca y no sabía qué esperar. Resultó ser la mejor maestra que jamás tuve y amé la escuela por ella. Era una mujer que había llegado desde Boston para enseñarme porque los profesores de la ciudad rehusaban darle clase a niños negros. Fue como una segunda madre para mí y nos convertimos en las mejores amigas.”

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Pero el 2 de julio 1964, el Congreso de los Estados Unidos aprobó finalmente el Civil Rights Act of 1964 (Ley de Derechos Civiles), que prohibía la aplicación desigual de los requisitos de registro de votantes y la segregación racial en las escuelas, en el lugar de trabajo y en las instalaciones de servicio público. Aquella ley había sido propuesta por John F. Kennedy, pero la firmó finalmente Lyndon B. Johnson en presencia de Martin Luther King, líder entonces del movimiento por los derechos civiles. La imposición de aquella ley obligó a toda la población a que la observara, pero su aplicación fue extendiéndose por todo el país logrando también un cambio progresivo en la mentalidad de la mayoría de la gente.

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El pintor Norman Rockwell (1894-1978) inmortalizó el primer día de colegio de Ruby, en el William Frantz Elementary School de New Orleans, Louisiana, un colegio solo para blancos. Rodeada por agentes federales anónimos que la protegían de una muchedumbre enfurecida. La lucha por los derechos civiles y el respeto por la dignidad humana no fue nada fácil. Pero aunque fueran contracorriente, el valor, el coraje y el profundo sentido de justicia de algunas personas pudo cambiar radicalmente aquel sistema injusto.

Queda mucho por recorrer todavía, ¿pero verdad que el caso de Ruby y el de otros son toda una inspiración?

Esteban López