En torno a Joseph Ratzinger

Suele ocurrir tanto en política como en religión, que existan partidarios que siempre apoyarán al mismo partido político o a la misma organización religiosa por método, porque sí, sólo «porque es lo que he votado toda mi vida o porque ha sido la religión de mis padres desde siempre«. Eso en principio, aunque no tiene por qué ser negativo en sí mismo, si no se tiene la perspicacia y sinceridad suficientes, puede hacer que en el caso de que se produzca dentro de las filas de uno algún tipo de corrupción, falsedad, falta de ética o violación de derechos básicos de las personas, simplemente no se reconozca o se adopte la posición de «mi patria tenga razón o no«.

Ocurre lo mismo a la hora de admirar o venerar a algún líder, sea éste político o religioso. Como son también humanos y se pueden equivocar, siempre habrá quienes se conviertan en detractores acérrimos o en seguidores incondicionales. Es lo que suele ocurrir, por ejemplo, con Josep Ratzinger (1927-2005), quien parece que tiene en igual medida quienes lo desaprueban acérrimamente y quienes lo veneran de un modo absoluto.

Joseph Ratzinger (Marktl, Baviera, Alemania, 16 de abril de 1927-Ciudad del Vaticano, 31 de diciembre de 2022), también conocido como papa Benedicto XVI. Fue el 265º Papa de la iglesia católica, sucediendo a Juan Pablo II en abril de 2005. Renuncia al papado en febrero de 2013 convirtiéndose en el primer papa en renunciar desde Gregorio XII en 1415.

Antes de convertirse en Papa, Ratzinger tuvo una destacada carrera como teólogo y profesor universitario. Fue ordenado sacerdote en 1951 y ejerció como profesor de teología en varias universidades alemanas. Son muchas las personas que lo admiran y que reconocen sus grandes dotes como teólogo católico. Al principio Ratzinger era conocido por sus posiciones reformistas, incluso durante el Concilio Vaticano II. Karl Rahner, por ejemplo, era uno de sus teólogos de referencia. Además, en 1966 fue invitado a enseñar teología en la universidad de Tubinga, donde fue colega de Hans Küng con quien más adelante sostuvo importantes desencuentros doctrinales. Puede vislumbrarse algo de su posición de entonces por ejemplo en estas palabras:

«Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. En esta determinación del individuo, que encuentra en la conciencia la instancia suprema y última, libre en último término frente a las pretensiones de cualquier comunidad externa, incluida la Iglesia oficial, se halla a la vez el antídoto de cualquier totalitarismo en ciernes y la verdadera obediencia eclesial se zafa de cualquier tentación totalitaria, que no podría aceptar, enfrentada con su voluntad de poder, esa clase de vinculación última”. – Joseph Ratzinger, 1968, citado por Hans Küng, Libertad Conquistada, Trotta, 2003.

Sin embargo su posición cambió por aquel entonces a posiciones más conservadoras al tener lugar los graves disturbios estudiantiles de 1968. Siendo un hombre metódico y amante del orden, no vio necesario evolucionar a posiciones tan radicales, posicionándose más cerca de la ortodoxia.

El 28 de mayo de 1977, Ratzinger fue nombrado arzobispo de Múnich y Frisinga y posteriormente, el 27 de junio del mismo año, fue creado cardenal por el Papa Pablo VI. Cuando Ratzinger apareció en el balcón del Vaticano investido ya como nuevo Papa, fueron muchas las personas que se alegraron por reconocer en él todo un baluarte de la ortodoxia católica. Otros, los llamados «progresistas», suspiraron resignadamente a la espera de que otro papa introdujera cambios significativos en la iglesia según lo que ellos esperaban.

Como Papa, Benedicto XVI fue conocido por su conservadurismo teológico y su defensa de la doctrina católica tradicional. No en vano, había sido nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante el papado de Juan Pablo II y el resposable directo del castigo, marginación y sustitución de aquellos que disintieran de la doctrina establecida. Durante su papado, se enfrentó a varios desafíos, incluida la crisis de abuso sexual en la Iglesia Católica y el escándalo de filtración de documentos conocido como «Vatileaks«. Sin embargo, también hizo esfuerzos para promover la unidad y el diálogo entre diferentes religiones.

El teólogo Olegario González de Cardedal (1934), que fue compañero de Ratzinger durante varios años en la Comisión Teólogica Internacional, dijo en una entrevista:

«Siempre estuve en desacuerdo con esa especie de maniqueísmo hispánico, entre los integristas, por un lado, que querían apropiárselo, y, por otro, un progresismo fácil que lo ha demonizado, calificándolo de gran inquisidor y martillo de teólogos, sin leer detenidamente sus libros y declaraciones. Lo he repetido varias veces: Ratzinguer no necesita defensores, necesita lectores. Por eso yo sonrío con tristeza ante algunos elogios fáciles, casi adulatorios, de cierta prensa que hasta ahora lo había despreciado y acusado, defigurando sus textos y manipulando sus decisiones«.- Olegario González de Cardenal, «Inteligencia y religión en España», El Ciervo, 2021.

Algo de su pensamiento

En su libro Mirar a Cristo, Ratzinger muestra que Dios se manifiesta en su poder a través de Cristo, tanto en la humildad de un pesebre como en el sufrimiento en la cruz, muestra del amor absoluto de Dios a los hombres. Es cuando se siente amado que el ser humano responde saliendo de sí mismo y yendo al encuentro de otros seres humanos, sobre todo de los más necesitados.

También intentó dejar bien claro que el cristianismo no es un moralismo que procura la actividad religiosa como solo una búsqueda de recompensa, sino que más bien es un vivir humilde y agradecido por todo el amor de Dios recibido a través de Cristo Jesús.

Tampoco compartía tal rigorismo moral que hiciera que todo lo relacionado con lo sexual fuera per sé un pecado, sino que en armonía con las Escrituras, entendía la sexualidad como un don de Dios, Autor de toda la creación. Por tanto, a diferencia de algunas herejías primitivas, afirmaba que no hay razón para sentir aversión al sexo, sino entender la unión carnal del hombre y la mujer de manera positiva, como un sacramento, como un don al fin y al cabo de Dios.

En su libro Informe sobre la fe, Ratzinger denuncia el relativismo de la sociedad actual en la que se ha renunciado a buscar la verdad, cuando lo cierto es que buscar la verdad forma parte intrísenseca del ser humano y de su propia libertad. Para eso, en su libro Fe, verdad y tolerancia invita a usar la razón sin que se deje engañar, pero al mismo tiempo sin renunciar a encontrar la verdad también en lo trascendente.

Ratzinger denunció también que el cristianismo es incompatible con ideologías de dominación y de opresión sean del signo que sean, como son el capitalismo o el liberalismo, así como ciertas teologías de la liberación próximas al marxismo, ya que las enseñanzas de Jesús superan por mucho en sentido espiritual a ideologías humanas que al fin y al cabo han probado ser mutables y pasajeras.

En su libro Ser cristiano en la era neopagana, Ratzinger denuncia cómo el creyente vive hoy día en una sociedad huérfana de valores humanos sólidos, en una sociedad neopagana donde lo que prima es la ideolatría del dinero, el placer, el prestigio y el poder. Y es aquí donde el cristiano tiene la oportunidad de expresar la liberación que representa la alegría del Evangelio como seria oferta de sentido y promesa divina de vida eterna para todos los hombres. Como lo expresó aquí:

«El relativismo, cuanto más llega a ser la forma de pensamiento generalmente aceptada, tiende más a la intolerancia y a convertirse en un nuevo dogmatismo. Mientras la fidelidad a los valores religiosos es tachada de intolerante, el patrón relativista se erige en obligación. Es muy importante oponerse a esta constricción de una nueva pseudo-ilustración que amenaza a la libertad de pensamiento, así como a la libertad religiosa. El relativismo ha empezado a tomar cuerpo en Europa como una especie de nueva religión que pone límite a las convicciones religiosas y trata de someterlas todas ellas al super-dogma del relativismo».– Joseph Ratzinger (1927), «Sin raíces. Europa, Relativismo, Cristianismo, Islam» (2006), Península, Madrid.

Renuncia

La renuncia de Benedicto XVI en 2013 fue una decisión sorprendente y poco común en la historia reciente de la Iglesia Católica. Después de su renuncia, se retiró a un monasterio en el Vaticano y se convirtió en el primer Papa en casi 600 años en vivir como Papa emérito. Su posición con respecto a los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y al escándalo de Vatileaks, ha sido objeto de mucho debate y crítica.

En relación con los abusos sexuales, Benedicto XVI reconoció públicamente la gravedad del problema y pidió perdón a las víctimas de abuso en varias ocasiones durante su pontificado. En 2010, se reunió con víctimas de abuso sexual en Malta y calificó los actos de los sacerdotes abusadores como «crímenes ignominiosos«. Ya lo había hecho también durante su viajes a EEUU y Sídney (Australia), en abril y julio, respectivamente, de 2008. Además, en 2010, emitió una carta pastoral a los católicos irlandeses condenando los abusos y prometiendo una investigación completa. También tomó medidas para abordar el problema dentro de la iglesia. En 2010, promulgó nuevas normas para agilizar el proceso de investigación de los casos de abuso sexual y aumentar la cooperación con las autoridades civiles. También emitió en 2011 una carta a los obispos de Irlanda en la que exigía medidas más rigurosas para prevenir los abusos y proteger a los niños.

Sin embargo, muchos critican que el Vaticano supiera desde hace muchos años de todos estos abusos en distintos paises pero que nadie tomara cartas en el asunto, como ha sido también el caso de otras organizaciones religiosas. Además ven que la respuesta de Benedicto XVI a esos abusos y al escándalo de Vatileaks fue insuficiente, argumentando que no se tomaron medidas drásticas para abordar adecuadamente los problemas. En cambio, otros defendieron su compromiso de enfrentar los abusos y buscar soluciones dentro de la institución.

En cuanto al escándalo de Vatileaks, que implicó la filtración de documentos confidenciales del Vaticano en 2012, Benedicto XVI se vio afectado personalmente. Algunos de los documentos filtrados implicaban presunta corrupción y luchas internas en el Vaticano. En respuesta, el Papa creó una comisión de tres cardenales para investigar y llevar a cabo una investigación interna. Además, el mayordomo personal del Papa fue arrestado y condenado por ser responsable directo de las filtraciones.

Joseph Ratzinger fue sin duda un hombre de fe inserto, como muchos otros, en una organización religiosa en la que han tenido lugar toda clase de claroscuros, como ha sido también el caso de otras iglesias. En todos esos casos llama la atención que a veces se produzcan terribles injusticias y los dirigentes obren como si eso no fuera con ellos, como si «la iglesia» u «organización» fuera un ente inteligente y autónomo y ellos meras víctimas del destino. Como dijo un dirigente eclesiástico cuando se le preguntó por qué no hicieron algo antes con respecto a los abusos sexuales dentro de la iglesia: «Oh, es que siempre estábamos tan ocupados«. Pero quienes se supone que tienen la debidas cualidades espirituales para ser pastores, deberían ser los primeros en identificar el mal allí donde esté, combatirlo con energía y, en el caso de los abusos sexuales denunciarlo a las autoridades. Es inmoral que se diga «la ley civil no se aplica a la iglesia«. Porque será un pecado contra el ser humano y contra Dios mismo, pero es también un delito reconocido por el derecho y el sentido común de la mayoría de la humanidad.

El siguiente vídeo intenta ofrecer una visión real y no triunfalista de pontificado de Benedicto XVI y en el que se pone de relieve los pros y los contras de la iglesia a la que él siempre sirvió.

Esteban López

Un comentario sobre “En torno a Joseph Ratzinger

Agrega el tuyo

Comentar...

Blog de WordPress.com.

Subir ↑