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Bartolomé de las Casas (1484-1566)

Aunque la historia humana está llena de episodios tristes y oscuros, afortunadamente también han existido personas cuyo ejemplo de lucha contra el mal y dedicación a una causa justa, hace que se pueda seguir teniendo confianza en la raza humana.

Este podría ser el caso de Bartolomé de las Casas (Sevilla 1474-Madrid 1566). Eclesiástico dominico español, marchó a La Española con el interés de enseñar el evangelio a las poblaciones indígenas. Sin embargo, muy pronto quedó impresionado por el trato inhumano que se daba a los indios, sobre todo en las minas de oro, lo que le impulsó a escribir Memoriales sobre la Reforma de las Indias. En 1513 se trasladó a Cuba donde sus dudas sobre la injusticia del comportamiento con los indios cobraron mayor fuerza, lo que le movió a denunciarlo y condenarlo públicamente en un sermón en el año 1514. Al siguiente año decidió consagrarse completamente a la defensa de los indios.

Describiendo cómo eran aquellas gentes y cómo era su situación, De las Casas escribió en su obra Brevísima relación de la destrucción de las indias (castellano antiguo):

Todas estas universas e infinitas gentes a toto genero crió Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales e a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas e quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo son“.

Por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios“.

En las cuales (si se permitiesen) han de tornarse a hacer, pues de sí mismas (hechas contra aquellas indianas gentes, pacíficas, humildes y mansas que a nadie ofenden) son inicuas, tiránicas, y por toda ley natural, divina y humana condenadas, detestadas”.

“Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano”.

Dios es el que siempre recuerda a los que la historia ha olvidado“.

En 1515 Bartolomé de las Casas viaja a Plasencia, España, para entrevistarse con Fernando el Católico convencido de que la solución estaba en la reforma de las vigentes Leyes de Indias. El primer intento fracasó, pero a la muerte del rey, el asunto interesó al cardenal Cisneros, haciendo que De Las Casas fuera nombrado “Protector de los Indios” y elaborando un Plan de Reformación de las Indias.

Continuó su lucha incansable en la corte de Carlos V. Todo su interés era que se produjera una colonización constructiva y pacífica de aquellas gentes. En 1535 llegó a Nicaragua, desde donde dió cuenta al Consejo de los desmanes cometidos contra los Indios. Instalado en Guatemala en 1536, llevó a cabo un ensayo de conquista pacífica basado en su obra De unico vocationis modo, y dos años más tarde logró que el papa Pablo III pusiera fin a la polémica sobre la racionalidad de los indios y su capacidad para la fe.

En 1540 expuso ante Carlos V la insuficiencia de la vigente legislación en las Indias, así como la corrupción de los funcionarios. Esta entrevista fue vital porque logró que se promulgaran en Barcelona las Leyes Nuevas (1542), lo que logró con el paso del tiempo y mucha oposición la proscripción radical de la conquista y esclavitud de los indios. Fue el mismo año en que había escrito su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias. Todo un ejemplo de alguien que luchó sin descanso por ”hacer más reino de Dios” en la tierra. Bartolomé de las Casas se había comprometido en favor de la igualdad jurídica de todas las personas, incluidos los indios, doctrina que sólo pudo imponerse mucho más tarde en el tiempo. Además de Francisco de Vitoria, De las casas es uno de los fundadores del derecho internacional moderno y su tratado Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias constituye el primer informe moderno sobre derechos humanos. Fue alguien avanzado para su tiempo.

Aunque su testimonio ha sido relativizado por algunas fuentes conservadoras, acusándolo de exagerar el número de víctimas indias y a menudo atacando a su misma persona, recientes estudios muestran que no exageró nada en absoluto sobre aquellas atrocidades. Hoy nadie niega su determinante papel en dejar bien claro el horrendo abuso de inocentes a manos de los conquistadores (Véase Esteban Mira Caballos, “Conquista y destrucción de las Indias“, Sevilla, Muñoz Moya Editor, 2009).

Sobre cómo veía el mismo Cristóbal Colón el asunto, el teólogo católico Hans Küng escribe:

Colón… con la vieja mentalidad de las cruzadas pudo ver desde un principio la guerra contra los infieles como “guerra justa” y practicar la colonización y cristianización en el espíritu del agustiniano coge intrare (“oblígalos a entrar”); con una parte del dinero encontrado pensaba financiar una nueva cruzada a Palestina, que acaudillaría él en persona… En resumen, “hombre moderno” en sentido estricto no fue ninguno de los conquistadores. Ellos no llevaron a los hombres del nuevo continente un paradigma “moderno”, sino un paradigma del todo tradicional, el paradigma católico-romano medieval”.- Hans Küng, “El cristianismo, esencia e historia”, pág. 659, Trotta 1997.

Jesuitas

Otros que en cierto momento de la historia habían creado colonias indígenas fueron los jesuitas. El papa Paulo III había aprobado la orden, “Compañía de Jesús” en 1540, fundada por Iñigo/Ignacio de Loyola, caballero y oficial vasco herido en batalla y que había pasado por una vivencia de conversión. La compañía estaba obligada a estricta obediencia especial al papa. Sus miembros, provenientes en su mayoría de ambientes urbanos y pertenecientes a clases medias y altas, eran elegidos cuidadosamente, siendo motivados religiosamente por medio de los “ejercicios espirituales ignacianos” y organizados estrictamente bajo un general. Los jesuitas se convierten ahora en la orden combativa de élite de la Contrarreforma. Su labor se dirige a herejes, paganos y en la defensa de la Iglesia católica. Su actuación pastoral es en escuelas superiores, universidades, cortes de príncipes y en las misiones.

Los jesuitas evangelizaron allá por el año 1750 los territorios que actualmente ocupan el Paraguay y parte de Argentina, en la jungla tropical que está por encima de las cataratas de Iguazú. A pesar de sus esfuerzos por educar a los indios guaraníes, finalmente fueron expulsados de allí por los intereses políticos del imperio portugués, haciendo que todas las misiones fueran erradicadas y que sus habitantes fueran llevados como esclavos al Brasil. Sobre estos hechos da buena cuenta el film La Misión, del director inglés Roland Joffé, y de la que se incluye aquí una secuencia.

Esteban López