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SugiharaChiune Sugihara (1900-1986) fue un diplómatico japonés en Lituania. Su padre quería que siguiera sus pasos como médico pero él tenía alma de poeta. Al final se licenció en literatura inglesa. Cuando los nazis empezaron a perseguir a los judíos, Sugihara arriesgaba su vida emitiendo visados falsos para ellos. Dedicaba 18 horas diarias a redactarlos a mano. Testigos presenciales dicen que el día en que el consulado tuvo que ser evacuado, todavía estaba emitiéndolos. Incluso lo hacía estando ya en el tren en el que se iba y los lanzaba a las muchedumbres desesperadas. ¿Puede alguien imaginarse la escena? Era cuestión de vida o muerte para miles de personas. Pues con ese impulso irresistible, Sugihara salvó entre 6.000 y 10.000 vidas, muchos de ellos padres de familia que intentaban llevarse a sus familias con ellos.

El mundo no se enteró de lo que había hecho hasta que Israel lo honró como “Justo entre las naciones” en 1985, un año antes de que falleciera. Él no pudo ir a recoger el honor por estar muy enfermo. En su lugar fueron su esposa y su hijo. Se les concedió la ciudadanía israelí perpetua. Sugihara había hecho el bien sin llamar la atención. Como solía decir Jesús de Nazaret, “lo que haga tu mano derecha, que no lo sepa la izquierda“.

Años antes le habían preguntado por qué arriesgó su carrera para salvar a la gente. Sugihara contestó con un viejo refrán samurái,

“El buen cazador no puede matar a un pájaro cuando este vuela a él en busca de refugio”.

¿Qué es lo que impulsa al ser humano a hacer el bien a otros, incluso hasta el extremo de poner en riesgo su vida? ¿Por qué se convierte a veces eso en algo tan irresistible? ¿Qué es lo que en realidad nos mueve? C. S. Lewis lo expresa muy bien cuando escribe:

“Los hombres se encuentran bajo una ley moral que ellos no hicieron, que no pueden olvidar incluso si lo intentan y que saben que deben obedecer… “lo único que tengo es Algo que dirige el universo, y que aparece en mí como una ley que me urge a hacer el bien y me hace sentir responsable e incómodo cuando hago el mal”. – C. S. Lewis, “Mero Cristianismo”.

Esteban López

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