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Es difícil ver La Misión, del director Roland Joffé, y permanecer totalmente indiferente. Creo que somos muchos los que podemos afirmar que aquella narración épica y sorprendente nos marcó de un modo u otro. Y es que por la historia que narra, la ambientación, la música y los valores que transmite, una vez más se cumple aquello de que lo bueno es siempre intemporal.

El filme se basa en una historia real acaecida en 1750, en las misiones que los jesuitas tenían entre los indios guaraníes en lo que hoy es la frontera entre Paraguay y Argentina. Es una historia conmovedora en la que lo mejor de la naturaleza humana tiene que enfrentarse a una agria y descarnada realidad política, donde como casi siempre pasa, el bien y el mal se encuentran y enfrentan en una cruel batalla en el corazón mismo del hombre.

Es también una poderosa ilustración de la fe de unos hombres interesados sinceramente en compartir con otros el evangelio o las buenas nuevas del reino de Dios. Con un espíritu vigorosamente evangelizador, buscaban transmitir aquel mensaje de salvación y ‘hacer más reino de Dios’ también aquí en la tierra. Su corazón les ‘ardía.’ Sentían que esa era su responsabilidad y que no era necesario que las piedras hablaran. Y es que queda claro que a través del tiempo, Jesús de Nazaret se ha ido encontrando con sus amigos.

En este fragmento del filme “La Misión” (1986), de Roland Joffé, se usa la expresión “caridad” en lugar de “amor“. Sin embargo esta última es mucho más apropiada porque la expresión griega “agápe” es mucho más abarcadora: amor basado en altos principios y altruismo. Como escribe Julián Mariás:

De las tres palabras griegas que designan el amor, éros, philía y agápe, el Nuevo Testamento usa principalmente la última. La Vulgata la traduce por ‘cáritas’, y no habría que objetar, si no fuera porque la palabra ‘caridad’, en todas las lenguas, ha experimentado cambios semánticos y se ha ido separando de su sentido originario de amor, aunque lo conserve como un fondo o fundamento. Es menester, pues, volver a la voz amor para traducir ‘agápe’.

La música de Ennio Morricone, grandiosa, profunda e inspirada. Perfecta. Un film absolutamente recomendado.

Esteban López