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DavidLas apariencias pueden engañar. A menudo juzgamos situaciones o personas solo según lo que perciben nuestros sentidos. La belleza, la inteligencia, los logros académicos o las posesiones materiales suelen “encandilar” a mucha gente. Por ejemplo, en muchos anuncios publicitarios y en muchas películas de cine suele aparecer casi siempre gente joven, bien parecida o con profesiones de élite. El resto de la humanidad es como si no existiera. En realidad se transmite un mundo inexistente, ficticio y apartado por completo de la realidad.

Pero parece que hay alguien que no mira así las cosas, que su visión no es meramente superficial o física sino que va mucho más allá, hasta lo más profundo del corazón humano. En las Escrituras se muestra algo que llama la atención en el caso de Dios: que es capaz de saber cómo es el corazón del ser humano; que puede ver con claridad su interior y qué es lo que lo impulsa aunque sea algo oculto al resto de los hombres. Un ejemplo bíblico lo ilustrará.

Cuando Samuel fue enviado a la casa de Jesé para ungir al que habría de ser el rey de Israel, éste le presentó uno a uno a todos sus hijos porque uno de ellos habría de ser el escogido. Jesé le mostró primero al primogénito, después al segundo y así hasta el resto de sus hijos. Quizá serían todos fuertes y atractivos. Samuel esperaba que en algún momento dado, mientras Jesé le presentaba uno a uno a sus hijos, Dios le haría alguna señal parecida a “¡este es!” Pero la verdad es que Samuel no recibió ninguna indicación de parte de Dios de que ungiera a alguno de ellos como el rey de Israel.

Al final Samuel le preguntó a Jesé: “¿son estos todos tus hijos?” Jesé entonces le dijo, “Pues, verás, la verdad es que todavía queda uno, el más joven. Se llama David. Está cuidando el rebaño“. Entonces Samuel le pidió a Jesé que lo trajera.  Y ahora sí, ahora sí recibió Samuel indicación divina de que éste habría de ser el nuevo rey de Israel. De modo que lo ungió con aceite especial de unción, como solía hacerse entonces. Dios había indicado con claridad quién sería el rey de Israel.

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El registro bíblico dice:

Jesé hizo llamar a David, que era un joven de piel morena, ojos brillantes y muy bien parecido. Entonces Dios le dijo a Samuel: «Levántate y échale aceite en la cabeza, porque él es mi elegido». Samuel tomó aceite y lo derramó sobre David, en presencia de sus hermanos. Después de eso, regresó a Ramá. En cuanto a David, desde ese día el espíritu de Dios lo llenó de poder”.

– 1 Samuel 16:10-13, Traducción al lenguaje actual (TLA).

Es posible que todos se quedaran muy sorprendidos por aquella elección. Dios no eligió a ninguno de los que parece que deberían tener más posibilidades, los mayores o más fuertes, sino que eligió al más joven, al más humilde, al que se le mandaba cuidar de las ovejas, pero que tenía un buen corazón, y eso lo sabía Dios. ¿Pero por qué fueron así las cosas? Porque como Samuel lo expresó: “la forma en que el hombre mira, no es la forma en que mira Dios”.

Esteban López