RebecaAbrahán era ya mayor y quería que su hijo Isaac se casara, pero no con cualquier mujer, sino con alguien que respetara a Dios. De modo que envió a su siervo a buscar una esposa a la tierra de sus parientes, de sus antepasados, porque así se aseguraba de que era alguien de fe en el Dios verdadero.

El siervo viajó hasta allí preocupado por si realmente sería posible encontrar la mujer apropiada. De modo que oró a Dios por ayuda y al cabo de un tiempo recibió respuesta. Dios dijo al siervo de Abrahán que podría identificar fácilmente a la mujer que sería la esposa de Isaac: sería la mujer que le diera de beber a él y a sus camellos.

Cuando el siervo de Abrahán llegó a un pozo junto con sus camellos, vio que llegaba una joven. Se llamaba Rebeca y era de la familia de Abrahán. El siervo le pidió de beber y ella así lo hizo. Era amable y solícita. También dio de beber a los camellos. Entonces, el siervo de Abrahán dio gracias a Dios porque se dio cuenta de que ya había encontrado la mujer apropiada para su amo. Entonces el siervo explicó con detalle, tanto a ella como a sus padres, por qué estaba allí y todos accedieron a que se fuera de vuelta con él.

rebecaCuando iban llegando, después del viaje de vuelta, y mientras Rebeca iba sentada encima de un camello, ¡mira!, Isaac salió corriendo y vino a encontrarse con ella. Isaac era entonces de unos cuarenta años. Y el relato bíblico sigue diciendo:

Rebeca era muy hermosa y tenía edad suficiente para estar casada, pero aún era virgen… Entonces Rebeca se cubrió el rostro con el velo, y el siervo le contó a Isaac todo lo que había hecho. Luego Isaac la llevó a la carpa de Sara, su madre, y Rebeca fue su esposa. Él la amó profundamente, y ella fue para él un consuelo especial después de la muerte de su madre.” – Génesis 24, NTV.

Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos: Esaú y Jacob. Jacob fue padre de doce hijos a partir de los cuales surgió la nación de Israel, y una genealogía que habría de llegar hasta el propio Jesucristo. Se mantuvo así firmemente aquella promesa de Dios a Abrahán:

Por medio de tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra.” – Génesis 22:18.

Una historia preciosa, ¿verdad?

Esteban López