José María Mardones

Marco Aurelio (121-180 E.C.), uno de los llamados Cinco Emperadores Buenos y muy querido por su pueblo, escribió:

‪“No actúes como si fueras a vivir diez mil años. El destino pende sobre nosotros, de modo que mientras vivas y te sea posible, sé un hombre de bien”. 

José María era ‘un hombre de bien‘. Un trabajador incansable por compartir con otros reflexiones sobre cultura y cristianismo. No pude conocerle personalmente, pero casi. Lo digo porque es bien sabido que cuando alguien se sumerge en la lectura de algún autor, siempre se tiene la sensación de ir conociéndolo poco a poco, cada día más, sobre todo cuando en esa lectura íntima se comparte afinidad de espíritu y consuelo para el alma. Ese es el agradable recuerdo que tengo a medida que iba leyendo sus libros. Y tengo que decir que en todos ellos lo que se percibe es erudición, amplitud de miras, conocimiento, compasión por los que sufren, esperanza y una gran bondad. Vamos, es el tipo de amigo que a uno le gustaría tener para toda la vida.

José María Mardones (1943-2006) había estudiado en la Universidad de Deusto (Bilbao) y de Tübingen (Alemania). Era Doctor en Sociología y Teología, y desde 1986 trabajó como investigador en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid en las áreas de Filosofía política y de la religión. Había sido también profesor invitado en varias universidades de Estados Unidos y distintos países latinoamericanos, y siempre había mostrado en su trabajo mucho interés por Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt y los problemas de las relaciones religión y cultura.

En su obra pueden encontrarse títulos de libros como,

  • Postmodernidad y cristianismo (1995).
  • Capitalismo y religión. La religión política neoconservadora (1991).
  • Fe y política (1993).
  • ¿A dónde va la religión? (1996).
  • Para comprender la nuevas formas de religión (1998).
  • El discurso religioso de la modernidad. Habermas y la religión(1998).
  • Síntomas de un retorno (1999).
  • ¿Hay lugar para Dios hoy? (2005).
  • En el umbral del mañana. El cristianismo del futuro (2000).
  • La transformación de la religión. Cambio en lo sagrado y cristianismo» (2005).
  • Ser cristiano en la plaza pública» (2007).

No es de extrañar que quedara completamente consternado cuando me enteré de su prematura muerte, y todavía más cuando todavía intimaba y disfrutaba de su amable y cálida compañía con la lectura de sus interesantes libros. De todas formas, siempre he creído que si una persona tiene que morir, el mejor modo de hacerlo es compartiendo lo mejor de ella con los demás. Que el recuerdo de su obra permanezca para siempre en el recuerdo de todos.

Como humilde recuerdo y homenaje, comparto aquí el bello escrito de su amigo Pedro Olalde (1930-2020), filólogo y teólogo. Eran dos hombres de fe que habían cultivado su amistad durante años. Lo que describe Olalde impresiona porque pone de relieve lo frágil que es la vida y que al final siempre permanece lo mejor del ser humano. Recuerda también las palabras del Eclesiastés (7:1, NVI), «Vale más el buen nombre que el buen perfume. Vale más el día en que se muere que el día en que se nace», es decir, que solo en el momento de morir puede hacerse balance definitivo del derrotero de vida de uno.

«In Memorian», por Pedro Olalde

Querido Txema: te has ido sin despedirte. Te has ido sin decir nada. Cosa bien rara en ti, porque eras de comentar y razonar mucho las cosas.

Ayer, cuando estábamos viendo el partido de fútbol de la selección, comentabas con pasión las incidencias. Al equipo suplente lo veías flojo, tus comentarios espontáneos mostraban tu desagrado. Luego, en un momento dado, hiciste unas respiraciones extrañas, que nunca antes había oído. Lo tomé a broma.

“¡Txema, qué andas!”. Lo repetí varias veces. Ante tu silencio, me acerqué, palpé tu cuerpo y me di cuenta de la gravedad del momento.

Enseguida vino un equipo del Samur. Hicieron lo indecible por reanimarte, pero todo fue en vano. A las seis y cuarto certificaron tu fallecimiento.

Esta mañana sonó tu despertador a las 7,30. Otros días lo apagabas tú. Hoy no has podido hacerlo. Lo he hecho yo. Tu habitación sigue igual. Allí estaba en el suelo tu cartera gruesa, tus pertenencias, tus libros, tus escritos, tus recuerdos todos. Sólo faltabas tú. Tú ya no estabas.

Esta última semana, Txema, estabas dedicado con ilusión a la elaboración de un libro: “Las nuevas imágenes de Dios”. Me diste los tres primeros capítulos para que los revisara. Lo hice y te dí mi impresión en la mañana de ayer.

Dios no es alguien terrible, decías, sino un Padre con entrañas de misericordia. Dios es amor y todo lo hace por amor. Quiere envolvernos en su amor, invitándonos a acoger y desarrollar esta potencia creadora.

No hay cosa más nefasta, decías, que una mala imagen de Dios. Detrás de muchos conflictos humanos y psicológicos subyace un problema religioso. Por eso te dedicaste en cuerpo y alma a iluminar nuestras mentes de acuerdo con una teología y antropología serias.

Gracias, Txema, por tu ingente labor. Gracias por ser un faro potente en nuestra condición de itinerantes hacia la plenitud.

Sin duda, querido José María, subrayarías aquellas palabras del ilustre Miguel de Unamuno que exclamaba: “Si del todo morimos todos, ¿para qué todo? ¿para qué? No quiero morirme, no; no quiero, ni quiero quererlo; quiero vivir siempre y vivir yo, este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aquí”.

Querido Txema: hoy nos has trastocado el fin de semana. Ahora deberíamos haber estado en un día de retiro en las Matas. Querías darnos luz sobre el misterio de la Resurrección. Y tú, sin duda, ya lo has experimentado. Pero estamos ahora celebrando en este lugar tu despedida definitiva.

Eras especialmente devoto de Romanos, 8, 31 a 39: si Dios está a favor nuestro, ¿quién podrá estar en contra? ¿quién podrá privarnos de ese amor del Mesías? ¿dificultades, angustias o la misma muerte? Pero todo eso lo superamos de sobra gracias al que nos amó.

Tú, Txema, como la Magdalena de Juan, te empeñaste en buscar a Jesús, el viviente, y experimentaste al fin, como ella, que el Maestro o Rabbí nazareno se volviera sobre ti y te llamara por tu nombre: ¡¡Txema!!

Para acabar, querido Txema, permíteme poner en tus labios estas palabras de despedida.

La débil luz de mi existencia se ha apagado y mi habitación se ha quedado vacía. Llevo conmigo los recuerdos todos. No lloréis. Sólo os pido una palabra amable y una sentida plegaria.

Dejo la playa de la vida y me adentro en el ancho mar. Abandono la ciudad de los vivos y me sumerjo en el Ser que sustenta mi vida. Me han llamado por mi nombre y dejo todo y me voy.

Cuando la flauta suene penetrante y sus notas anuncien vuestra partida definitiva, no sintáis miedo alguno en vuestras entrañas. Saldrá la estrella de la tarde y el crepúsculo se abrirá tras el pórtico del Rey.

Adiós, hasta que la luz sin ocaso nos envuelva a todos en una gran fiesta de hermanos«.

Pedro Olalde

Algo de su pensamiento

«Mucha de la ceguera social de la política y de los políticos procede del alejamiento de los lugares del sufrimiento… El raquitismo y la corrupción que se achaca a los políticos en nuestros días, su carencia de sensibilidad, honradez, austeridad y solidaridad frente al paro, la marginación, la soledad miserable de los ancianos con pensiones ridículas, etc., ¿no proceden de una insensibilidad moral propiciada por una ceguera y alejamiento ante los problemas de la realidad?«

La compasión funciona desde el anhelo de otra cosa. Padece con los otros porque no acepta como normal la condición humana de sufriente… en el fondo de la compasión late un sentido global de justicia… ante el sufrimiento y la injusticia brota la indignación”. – José María #Mardones,“La autoridad del sufrimiento. Silencio de Dios y preguntas del hombre”, Anthropos, 2004.

Dios no impone, se expone. Pasar de la imagen de un Dios que manda, prohíbe, impone, al Dios que propone desde el interior de la conciencia y, por tanto, se expone a ser rechazo por la libertad humana«.- «Matar a nuestros dioses».

«La compasión es la reacción a la solidaridad humana fundamental basada en la finitud”.- Matar a nuestros dioses».

«La razón se encuentra ante numerosos desafíos que la sobrepasan… la crisis de la modernidad ‘ha traído consigo también la disolución de las principales teorías filosóficas que pensaban haber liquidado la religión: el cientifismo positivista, el historicismo hegeliano y, después, marxista». – Síntomas de un retorno (1999), citando a Gianni Vattimo, págs. 18, 19.

«Toda la modernidad es una herencia cristiana… todos los rasgos principales de la civilización occidental se estructuran en referencia a la Escritura hebraico-cristiana». – Síntomas de un retorno (1999), citando a Gianni Vattimo, págs. 26-29.

«Aquellos que funcionan con certezas y objetividades no toleran la disensión ni el error. Proyectan sus errores y frustraciones en el ‘hereje’ o el descarriado, el cual debe ser sacrificado para que el lazo social perdure. Jesucristo sería, según R. Girald, el que rompe está lógica de los opresores: rechaza los chivos expiatorios. La cruz de Cristo es así la negación de lo sagrado violento: desvela y liquida el nexo entre la violencia y lo sagrado».- Síntomas de un retorno (1999), citando a Gianni  Vattimo, págs. 27 y 28.

Esteban López

5 comentarios sobre “José María Mardones

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  1. Gracias Esteban por invitarnos una vez vez más a hacer de la reflexión una sana costumbre, una costumbre que enriquece y nutre el alma y los pensamientos. Gracias por compartir a autores con amor e ideas claras. por darme a conocer a aquellos que estando lejos comparten la misma fe. Te envío un abrazo afectuoso desde México.

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