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aranguren4Fue uno de los intelectuales que más influyeron en la sociedad española. Nacido en Ávila en 1909, se licenció en Derecho y Filosofía. En 1955 obtuvo la cátedra de Ética en la Universidad de Madrid de la que fue desposeído en 1965 por el régimen de Franco. La relación entre ética y religión fue una de las cuestiones por las que más se preocupó.

En 1952, publica el libro Catolicismo y protestantismo como formas de existencia. Fue el primer libro escrito en España por un intelectual católico con el ánimo, no de refutar, sino de comprender el protestantismo. En él se efectúa un estudio de los grandes grupos protestantes (luteranismo, calvinismo y anglicanismo) y el catolicismo, y su relación con la ética. Con relación al luteranismo, como éste preconiza la salvación solo por fe, Aranguren indica que éste vacía de contenido a la moral y que es un error defender una ética solo terrenal y no religiosa. El hombre puede renovarse moralmente; la fe necesita de las obras, la actitud religiosa necesita de la actitud ética. Sin eso la justificación divina no es posible. Como complemento a esta temática, en 1954 publica El protestantismo y la moral, estudio de la moral protestante y su influencia en el pensamiento actual. Y el libro Catolicismo día a día representa en España la primera autocrítica del catolicismo.

Aranguren rechaza la idea de que ética y religión se excluyan mutuamente sino que interesa que una y otra se complementen. El hombre, para no perderse en la impotencia moral necesita de la Revelación. El contenido de la moral, para que sea universalmente válido, tiene que estar sustentado por Dios. “El fundamento”. dice Aranguren, “la razón de ser de la moral es la esperanza, la fe como ‘fiducia’, y esperanza es esa puesta en camino, esa búsqueda”. El hombre es constitutivamente moral pero también constitutivamente religioso y ambos conceptos se complementan. Como indica Enrique Bonete Perales, en su libro Aranguren: la ética entre la religión y la política (págs.103-104, 106):

La ética está abierta a la religión porque el sujeto, el agente, el hombre tiene unas estructuras antropológicas que lo remiten, aún sin él pretenderlo, al más allá, a la dimensión religiosa.

“Desde la antropología, nos podemos percatar de que la actitud ética es insuficiente, que el hombre para vivir ‘ajustado’ a la realidad, para vivir moralmente unas situaciones y dimensiones que le son propias, necesita de unas actitudes que son más religiosas que morales, y que le llevan justamente a encontrar sentido y plenitud a unas vivencias que, con la actitud ética solamente, le conducirán al fracaso y al absurdo. Y también la actitud ética podrá ser completada por la actitud religiosa si se acepta el contenido religioso de la moral. El hombre, si vive solo en la actitud ética, como ésta es en última instancia formal, queda sin conocimiento del
contenido moral. La actitud ética necesita un contenido y ese, según Aranguren, se lo da la religión, contenido que se conocerá y se vivirá desde la actitud religiosa”.

Por eso el mismo Aranguren escribió que “hay capítulos de la ética que no sabría como abordar si de algún modo no lo hago desde la religión”. Uno de ellos es, por ejemplo, el de la solidaridad. La considera ‘heredera de la fraternidad cristiana’ y no cree que pueda, como la justicia, descansar únicamente en un tratamiento contractual. Remite a la religión.

Aranguren se consideraba a sí mismo como un ‘cristiano heterodoxo‘, y apreciaba más el cristianismo en su vertiente ‘eclesial’ que ‘eclesiástica’. Consideraba que se podía ser cristiano perteneciendo a alguna estructura como sin pertenecer a ninguna, y considera que el cristianismo es demasiado grande para que pueda ser realizado en su plenitud por ninguna época o por ningún hombre.

Cuando habla de su iglesia, la católica, dice que se ha convertido en un ‘aparato‘, en una ‘organización‘, en una especie de empresa multinacional’, en la que el Espíritu está representado por administradores, la gracia y la religión están burocratizadas, la inspiración divina ha sido canalizada, los sacramentos han sido ‘administrados’, el carisma profético ha sido eliminado y el carisma místico se ha convertido en altamente sospechoso. Aranguren propone el diálogo en la iglesia misma, con sus representantes eclesiásticos junto al diálogo interno entre la iglesia eclesial y la iglesia eclesiástica. Va progresivamente prefiriendo lo cristiano a lo católico. Eso supone una lenta decantación por lo esencial, por lo sobrio y por un sentir religioso personal.

Sobre la vertiente religiosa de Aranguren, Alain Guy, escribe:

“La espina dorsal de su vida es la preocupación evangélica por la fraternidad y la auténtica intercomunicación. Pero precisamente por apelar al cristianismo, quiere que su iglesia evacue sus numerosas secuelas o escorias; exige que renuncie a sus compromisos temporales con los gobiernos y con la burguesía, que se desvele por comprender nuestra época y por renovarse, por volver a las fuentes y también por realizar un esfuerzo de imaginación creadora y prospectiva. Se siente ecumenista y trabaja ardientemente por el acercamiento a los protestantes y a otras confesiones. Atento a la evolución mundial de la secularización, querría que la jerarquía católica siguiera ese movimiento, tanto en lo referente a las escuelas, universidades, ritos, separación del Estado, como en las cuestiones familiares, del laicado, el psicoanálisis, la no violencia, etc. Por encima de todo, reclama la promoción de la libertad en servicio de la persona”. -Historia de la filosofía española, Capítulo VII, Anthropos, Barcelona, 1985.

Aranguren6Como escribe también el profesor Manuel Fraijó, en su libro A vueltas con la religión (Verbo Divino, 1998, pág. 389):

“Decía Antonio Machado, sobre quien Aranguren escribió páginas muy bellas, que el principal talante ético es el de la ‘bondad.’ Tal vez resida ahí el secreto de Aranguren. Fue su bondad, sencillez y cercanía lo que avaló su magisterio ético y espiritual”.

Y sobre su sensibilidad para la justicia, Fraijó escribe:

“Aranguren decía que ‘El ser humano es un lobo para el hombre, lo que no es el lobo para el lobo’… En sus libros y conferencias se hacía eco de los problemas del momento. Si fuera él quien hablara aquí no dejaría de mencionar a nuestros cinco millones de parados. Un sistema capitalista de una ferocidad inhumana y pasmosa -no sé si decir desconocida hasta ahora-, nos está humillando sin miramientos ni piedad. En una reciente conferencia en Cáritas de Cádiz me pidieron que eligiese yo el título, pero en el que entrase en él la palabra ‘caridad’. A los comedores de Cáritas, me contaban, acceden señores con corbata, pero que no levantan la mirada del suelo. Recordé una tesis doctoral de exégesis bíblica, defendida en la Universidad de Tubinga, en la que se concluía que las palabras de Jesús sobre el amor no fueron ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’, sino ‘amarás a tu prójimo, él es tú mismo’. 

“En Cádiz pensé en lo lejos que estamos del himno revolucionario de la Ilustración, del himno de la alegría, de Schiller, al que puso música Beethoven: ‘Alle Menschen werden Brüden’ (un día todos los seres humanos serán hermanos). Formamos una misma humanidad, pero sin la misma alimentación, sin las mismas medicinas, sin la misma educación, sin la misma protección jurídica, sin una vivienda de parecido confort, sin empleo… Aranguren habría denunciado (lo hizo siempre) semejante injusta y dramática situación”.

– Manuel Fraijó, “Avatares de la creencia en Dios“, Trotta, 2016, pág. 91.

Y sobre su posición intelectual, el propio Aranguren escribió:

El peligro está en que el intelectual se articule demasiado con el resto de la sociedad, subordinándose a los intereses creados y, a veces, organizándose para aprovechar dentro de ella tales o cuales ventajas. Esto desvirtúa su misión esencial. El intelectual no debe comprometer su independencia para juzgar, criticar o estimular”.

“Me sigo considerando intelectualmente religioso y religiosamente intelectual, pues para mí, personalmente, la ética sigue abierta a la religión, es decir, la religión me sigue pareciendo relevante para la ética”.

“Estoy al cabo de la calle de que la nietzscheana ‘muerte de Dios’ es hoy una realidad irreversible para mucha gente, que no por ello está dispuesta a renunciar a la ética, pero para mí personalmente, en tanto que creyente, Dios no ha muerto o, si usted quiere, creo no haber perdido totalmente la sensibilidad para el ‘misterio,’ y hay capítulos de la ética que no sabría como abordar si de algún modo no lo hago desde ‘la religión’. Por ejemplo no tendría nada que objetar al tratamiento contractual del problema de la justicia… pero no veo claro en cambio, cómo cabría abordar desde esos planteamientos un problema como el de la solidaridad… que para mí es heredera de la fraternidad cristiana y, por ende, remite a la religión”.

J.L.L. Aranguren

“Me gustaría que hubiese otra vida, más que nada por la posibilidad de seguirla compartiendo con mis seres queridos“. – José Luis López Aranguren (1909-1996), Javier Muguerza, E. López Aranguren y J.M. Valverde (eds.), “Retrato de José Luis López Aranguren”, Círculo de lectores, 1993, 88.

Homenaje 

El 19 de noviembre de 2009 tuvo lugar un homenaje dedicado a la vida y obra de José Luis López Aranguren. Organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones (SECC), las universidades Complutense, Autónoma y Carlos III de Madrid, la UNED y el Instituto de Filosofía delCSIC.  A lo largo de cinco días,  las voces de muchos filósofos españoles, ellos y ellas,  evocaron con emoción la vida y la obra del Aranguren. Las palabras  del pensador, cien veces citadas, llenaron las salas de las Escuelas Pías, el  Círculo de Bellas Artes y la Universidad Complutense de Madrid.

“En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla? Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del “consumidor satisfecho” es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda de la felicidad es la autocomplacencia: así, el goce del propio placer, el deseo de perfección o la práctica de la virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que “buscar” y, todavía menos, que “conquistar”, ni fuera ni dentro de nosotros mismos. La felicidad es un don, el don de la paz interior, espiritual, de la conciliación o reconciliación con todo y con todos y, para empezar y terminar, con nosotros mismos. Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose, por unos instantes, sobre nuestra cabeza”.

– José Luis Aranguren.

Esteban López

Documental “Voces del Pensamiento: Aranguren, memoria y presencia”

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