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Getsemaní era el nombre de un huerto o bosque de olivos situado muy cerca de Jerusalén. En arameo significa lagar de aceite. La fotografía corresponde a una escalera romana que bajaba de la parte alta de Jerusalén en dirección al Cedrón, hacia Getsemaní. Probablemente era entonces una propiedad privada.

Getsemaní era un lugar muy frecuentado por Jesús de Nazaret y sus discípulos. Después de la última cena, también se reunieron allí.

“Jesús salió con sus discípulos al otro lado del Torrente invernal de Cedrón en donde había un huerto y entraron en él”.

“Entónces Jesús fue con ellos al lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: ‘Sentaos aquí mientras yo voy allá a orar'”.  (Mateo 26:36-46; Juan 18:1,2).

Jesús dejó a ocho de sus discípulos en algún lugar del huerto, y se apartó a otro lugar para orar, llevándose con él a Pedro, Santiago y Juan. Como era un momento muy difícil para él necesitaba el apoyo de sus amigos y poder sentirlos cerca. Pero dice el evangelio que éstos se durmieron. Es muy posible que aquello lo descorazonara profundamente, que pudiera sentirse como si estuviera “sin suelo bajo los pies“. Jesús se encontraba en aquel momento de su vida bajo tal tensión psicológica que dice el evangelio que al orar, hasta llegó a “sudar sangre”, algo científicamente posible cuando un ser humano se encuentra bajo ciertas circunstancias límite de presión. Sin embargo, aunque aparentemente estaba solo, no sintió eso en modo alguno, sino que al entregarse en oración ferviente al Padre, percibió por completo su consuelo y apoyo infinitos.

Fue también en esa oración en Getsemaní que Jesús ruega encarecidamente para que sus discípulos “sean uno, como tú y yo, Padre, somos uno”. Siendo sincerosla división existente en el cristianismo entre distintas iglesias cristianas es precisamente lo opuesto a ese deseo, en realidad un pecado contra Dios mismo. Un asunto serio que debería llevar a la más profunda reflexión por parte de todos. Jesús de Nazaret no entregó su vida para ver a su Iglesia dividida y enfrentada. Lo hizo para que fuera “luz en el mundo,” baluarte de amor y esperanza para todos. “El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos” (Juan 13:35, NTV).

Al final la paz en aquel huerto, Getsemaní, se perturba. Irrumpe una multitud violenta; uno de sus discípulos querido, Judas, en el que Jesús confiaba plenamente porque incluso era quien administraba el dinero del grupo, lo besa tiernamente y lo traiciona. Es muy posible que al salir de aquel huerto, Jesús, arrestado ya, lo abandonara por una escalera de construcción romana como la que se muestra en esa fotografía.

Getsemaní transmite muchas sensaciones:

  • lugar íntimo y regular de reunión de Jesús y sus discípulos;
  • lugar de oración ferviente y entregada “al Padre“, y por tanto, la negación de la soledad absoluta del hombre;
  • lugar en el que Jesús expresa un deseo tácito y vehemente: que sus discípulos “sean uno;”  y
  • no un final, sino un maravilloso principio de esperanza, salvación y seria oferta de sentido para los hombres.

Getsemaní, lagar de aceite, consuelo para el corazón.

Esteban López

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