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culturaEn un artículo publicado en el diario El País el día 30 de agosto de 2015, el profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona, Francesc de Carreras,  hacía la siguiente pregunta, ¿Somos más cultos ahora? En él expresaba su inquietud sobre la suerte que están corriendo las humanidades y la filosofía en el sistema educativo español. Entre otras cosas decía:

La progresiva disminución de asignaturas de humanidades –literatura, filosofía, historia, geografía – en la educación primaria y secundaria, pérdida que hoy ya contagia a la universidad, es un ataque frontal a la cultura. En la última reforma de la ley de Educación, la historia de la filosofía pasa a ser optativa y las horas de literatura disminuyen. Sólo con este mero hecho, a los estudiantes – y a la sociedad en general – se les trasmite la idea que estas materias no son importantes porque no sirven para abrirse paso en el mercado de trabajo.

“Este giro no es nuevo. Desde los años ochenta ya había desaparecido la vieja asignatura sobre literatura universal, sólo permanecieron literatura española y, en su caso, de la comunidad autónoma con lengua distinta al castellano. En definitiva, la literatura considerada como simple lenguaje, no como hecho cultural substantivo del que el lenguaje es mero trasmisor. Goethe, Voltaire, Dostoyevsky, Tolstoi, Stendhal, Baudelaire, Mann, Kafka, Proust, Faulkner, Camus y tantos otros, son por lo visto prescindibles. Hoy los menores de cincuenta años no saben ni siquiera en qué época situarlos.

“Esto sucederá ahora con la filosofía, el núcleo del pensamiento, al pasar a optativa la asignatura sobre su historia. ¿Se puede comprender lo que hoy nos pasa sin estudiar a aquellos que reflexionaron sobre lo que pasaba en su tiempo? ¿Pueden entenderse cabalmente las cuestiones de método en cualquier ciencia, es más, pueden entenderse los fundamentos de la cultura occidental, sin estudiar el decisivo paso que dieron los filósofos presocráticos?

“Están bien la informática, el inglés y otras asignaturas instrumentales, pero no dejemos de lado el estudio de aquello que quizás no sirve como medio para ganarse la vida pero que es substancial para vivirla de manera decente, incluso para no aburrirse y ser feliz. Quizás el mercado soluciona mejor que nadie la producción de bienes pero, como dijo Octavio Paz, “no es una respuesta a las necesidades más profundas del hombre. En nuestros espíritus y en nuestros corazones hay un hueco, una sed que no pueden satisfacer las democracias capitalistas ni la técnica” (El artículo completo puede leerse aquí).

El artículo está cargado sin duda de razón. Se están marginando aspectos vitales en la formación integral de las personas. Pero en mi opinión, el artículo adolece todavía de algo más no menos importante en la educación del ser humano: la cultura religiosa. Eso no tendría que significar que se diera catequesis en la escuela pública, sino formación en todo lo que tiene que ver con el hecho religioso: historia de las religiones, cultura bíblica e historia del cristianismo, por ejemplo. Porque si es verdad que en la escuela española actual hay déficit en humanidades y en filosofía, lo hay mucho más en cultura religiosa. Como muy bien lo expresa Manuel Reyes Mate, Filósofo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (El Periódico de Cataluña, 23 abril 2009),

Reyes mateLos jóvenes no saben de Adán y Eva y así no hay manera de que comprendan la grandeza de La Creación pintada por Miguel Ángel en La Capilla Sixtina; no conocen la liturgia de difuntos y por eso no pueden estremecerse con el Requiem de Bizet; no han leído el evangelio de Lucas y nada les dice el Oratorio de Navidad de Bach: no les han contado la Historia Sagrada y así no hay manera de leer el libro abierto que son las catedrales medievales; no pueden descifrar la estremecedora Leyenda del Gran Inquisidor, de Dostoievski, porque nadie les ha presentado al Nazareno”.

Porque si es verdad que, como escribe el profesor Francesc de Carreras, las humanidades y la filosofía son ‘substanciales para vivir la vida de manera decente, incluso para no aburrirse y ser feliz’, la misma función cumple también la cultura religiosa. Es solo que además, en defensa de la dignidad humana y de su trascendencia, la religión abre una puerta a la esperanza. Y es que el hecho religioso no puede relegarse solo a lo privado o a las comunidades religiosas. Merece también una aproximación intelectual precisamente porque el ser humano es diverso. Solo así podría hablarse de una cultura realmente completa e integral en el sistema educativo español.

Esteban López