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Eugenio TriasEugenio Trías (Barcelona 1942-2013) es considerado, por buena parte de la crítica, el pensador de escritura castellana más importante desde Ortega y Gasset. Quienes le conocieron bien, dicen que no tienen todavía perspectiva ni distancia suficiente para calibrar la grandeza de su figura y de su obra.

Eugenio Trías había decidido desde su juventud consagrar su vida a la filosofía. Deseaba lograr una mayor claridad para su vida y de todo lo demás: el mundo que nos ha tocado vivir y los enigmas y misterios que rodean nuestra existencia. Cursó estudios de Filosofía en España y Alemania. Fue profesor en distintas universidades y desde 1992 fue catedrático de Filosofía en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Trías ha llevado a cabo una profunda reflexión sobre la condición humana, del hombre como habitante del límite, en ese espacio fronterizo entre el ser y la nada de donde deriva su relación con lo divino, con lo sagrado y trascendente que hace de él un ser mestizo, distinto. Eugenio Trías es uno de los filósofos españoles más prestigiosos y reconocidos internacionalmente, tal como lo demuestra el hecho de que, en 1995, fuera el primer pensador español distinguido con el Premio Internacional Friedrich Nietzsche.

Realizó una propuesta filosófica sistemática de todo el vivir humano y lo comparó a una ciudad (la ciudad del límite) dividida en cuatro partes: el filosófico, el ético, el estético y el religioso, afirmando que todos son irrenunciables e interaccionados. Porque en la condición humana, tan absurdo sería renunciar a las artes como a la religión, ignorar lo ético como la razón o el deseo de saber.

Eugenio Trías se esforzó en mantener un diálogo crítico con el marxismo, el estructuralismo y el psicoanálisis, prominentes corrientes del siglo XX, con la intención de revisar y ampliar el concepto de razón (razón fronteriza). Una razón que debe estar abierta a los graves problemas existenciales referentes al sentido (sufrimiento, dolor, muerte). Eso le llevó a componer su obra monumental La edad del espíritu (1994) y a introducirse en las distintas religiones del mundo.

Se interesó en el fenómeno religioso por necesidad esencial de la razón misma. Fue de los primeros en vislumbrar el retorno de lo religioso mucho antes de que lo hiciera el pensamiento postmoderno. Vio con claridad que la religión era el núcleo primigenio de la cultura, “el casco antiguo de la ciudad“. De hecho había tenido lugar en 1994 un encuentro entre Jacques Derrida, Gianni Vattimo y Hans-Georg Gadamer en Capri para tratar sobre la necesidad de pensar en serio lo religioso como el gran reto del mundo actual, pero Trías ya hacía años que llevaba estudiando el hecho religioso y publicado su libro La edad del espíritu, y ya abogaba por ejemplo, por un Islam espiritual, el de Avicena o Averroes. En definitiva, Trías ve en lo religioso la impronta de forjar caminos de sentido que dan respuestas a las acuciantes preguntas y enigmas que cercan la existencia humana.

Algo de su pensamiento

Eugenio Trias2“La modernidad tiende a concebir la religión como una actitud irracional que, sin embargo, puede explicarse y comprenderse en razón de las miserias psíquicas o socioeconómicas del hombre. La religión es para Marx la expresión del ‘llanto de la criatura oprimida’; para Freud es una ilusión que restituye la indigencia psíquica del hombre… Estas explicaciones, con ser muchas de ellas valiosas, no abarcan la totalidad del fenómeno religioso, al que tienden siempre a reducir y minimizar. Éste exige una aproximación que haga justicia plenamente a su carácter: un acercamiento filosófico, o genuinamente fenomenológico, que permita comprender el misterio que la religión encierra, o que haga posible la necesidad, urgente en esta coyuntura de fin de milenio, de pensar la religión”.

“Quizá la única religión verdadera sería aquella religión del espíritu que fuese capaz de conjugar y sintetizar en un tapiz unitario el conjunto de esbozos fragmentarios que constituyen las religiones actualmente existentes. Tal religión del espíritu constituye un ideal al que se puede legítimamente aspirar. Podría concebirse como una referencia escatológica. Podría ser también la religión acorde a un tiempo histórico como el nuestro.

“Lo sagrado y lo santo no se destruyen en la modernidad; simplemente se ocultan y se inhiben… subsisten en el inconsciente cultural e histórico. Y como todo lo que se inhibe, se halla siempre presto a retomar, si bien de forma desplazada… en la magia natural renacentista, o en la forma de alegorismo barroco, o en el dominio específico del arte y de la estética a partir de la Ilustración y el Romanticismo”.

“Esto es lo que distancia mi posición respecto a ese episodio postmoderno… Intento, salir del marco asfixiante de las tradiciones universitarias académicas, en las que se mantiene el postmodernismo, tratando en cambio de captar los movimientos históricos reales que se hayan presente en este fin de milenio. Y allí descubro lo que en las tradiciones académicas tiende a ocultarse por cuanto constituye, acaso, algo que no es del todo “políticamente correcto”; pero que es sin duda el gran novum de estos tiempos: el resurgir de las grandes religiones históricas”.

“He intentado, en los últimos tiempos, desarrollar ese necesario diálogo con la filosofía última de Schelling: la que a mi modo de ver anticipa el episodio postmoderno y lo trasciende en un necesario encuentro con la revelación religiosa; la que hace imperiosa la necesidad, en la coyuntura filosófica actual, de pensar la religión. Pues el tema religioso ha constituido el gran tema olvidado y censurado por toda la tradición moderna y postmoderna; en general por la tradición ilustrada”.

“Tanto el modernismo como el postmodernismo han sido ciegos en relación a la relevancia de ese “hecho religioso”… la filosofía ha olvidado un sustrato irrenunciable para acceder a la razón, a la reflexión, o a las distintas formas de pensamiento. Me refiero a las distintas revelaciones religiosas, las que instituyen un determinado fundamento, o una base (en el sentido en que Schelling da a estos términos, “base” y “fundamento”, en sus célebres Investigaciones sobre la libertad humana) a las diferentes áreas culturales, y a los proyectos de reflexión (profética, sapiencial, filosófica) que le son propias”.

“Hoy esa modernidad occidental, y la ratio que le corresponde, ha generado una hegemonía indiscutible sobre otros modos de ser y de pensar… Lo que de ello surge es un mundo en el cual toda raíz con Oriente, con el fuego del cielo y con lo sagrado se ha cortado… la ratio Occidental ha consistido en querer romper a toda costa esos cables… Pero hoy, ahora, esa razón empieza a durar de sí… comienza a perder seguridad y legitimidad: en su dominación demuestra su carácter mortífero imparable. Genera a través de la tecno-ciencia dejada a su propia dinámica, armas mortíferas capaces de destruir todo rastro de vida y humanidad”.

“Hay además grandes culturas en la Antigüedad en que el marco de reflexión propio que despliegan no se articula en “modo filosófico”. Y esas culturas desarrollan, sin embargo, formas valiosísimas de reflexión, o formaciones ideales llenas de interés y relevancia, que resulta injusto ignorar. Pienso sobre todo, en las formaciones proféticas y sapienciales de culturas como la hebrea… que se despliega a través de la gran compilación que conocemos como el texto bíblico. Y es en ese marco donde comparece, en lugar de una reflexión filosófica… un orden de reflexión trascendental que en mi libro denomino “profético-sofiológica”.

– Pensar la religión, Galaxia Gutemberg, 1996.

Lamento que se haya ido imponiendo, como si fuese una evidencia, la convicción de que tras esta vida nada existe. O que la nada es lo único que nos espera. Entiendo que la muerte es el inicio del más arriesgado, inquietante y sorprendente de todos los viajes. La vida no se desvanece con la muerte; más que de fe, mi postura es la de apuesta”. – Entrevista a Eugenio Trias, ABC, 13 mayo 2009.

 

 

 

Esteban López

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