Etiquetas

, , , , , , , , , ,

Friedrich Scheiermacher2Nació el 21 de septiembre de 1768 en Breslau, Alemania, en el seno de una familia reformada y pietista. Sus abuelos eran teólogos y su padre también. Sin embargo, Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher tuvo su propia evolución personal en la búsqueda de Dios llegando a convertirse en el iniciador de una nueva era en la historia de la teología. Como lo expresó Karl Barth, “En el inicio de la historia de la teología de la Edad contemporánea tiene que estar y estará por todos los tiempos el nombre de Schleiermacher y ningún otro a su lado”.

Aunque empezó a estudiar teología en un severo seminario cerca de Magdeburgo, Alemania, Schleiermacher pronto empezó a leer a Kant. Sentía incluso clara aversión por la dogmática. De modo que su perspectiva era cada día menos pietista y más racional-ilustrada. Además se dedica intensamente al estudio de los clásicos, sobre todo de Platón (de quien más tarde efectúa una traducción de sus obras), y lleva a cabo un trabajo científico sobre la Ética a Nicómano de Aristóteles. Las obras principales de Inmanuel Kant (a quien visitaba cuando éste ya era anciano), como la Crítica de la razón pura, le marcan de por vida. Sin embargo, en asuntos de ética y religión, Schleiermacher no sigue a Kant. Continúa manteniendo que aun en un mundo regido por leyes, sigue habiendo un último misterio que el hombre debe esperar. Por eso, a diferencia de Schelling y Hegel, Schleiermacher no se convierte en filósofo. Se hace predicador en Landsberg. Allí predicó en el espíritu de la Ilustración cristiana una fe razonable, el perfeccionamiento moral y a Jesús como modelo de vida recta. Y siguió siendo predicador hasta el final de sus días.

Schleiermacher había dicho no al pietismo, pero también al racionalismo, manteniendo sin embargo el legado de ambos y convirtiéndose en un ejemplo de piedad y modernidad. Jamás le habría pasado por la mente mandar a alguien a la hoguera por razones doctrinales como había hecho Calvino con Miguel Servet. Siendo joven se había mantenido en contacto con escritores, poetas, filósofos, artistas, políticos de todos los colores; pero al mismo tiempo mantuvo un cristianismo espiritual e interiorizado.

Sin embargo, una profunda inquietud le embargaba: cómo hacer atractiva la religión a quienes la despreciaban o se sentían completamente ajenos a ella. A las personas sin mucha formación siempre podría predicarles. Pero, ¿cómo hacerlo con la gente culta? Porque es que desde la Ilustración, la religión estaba ya relegada y en los círculos más ilustrados poco respetada. La oportunidad le llegó cuando le animaron a presentar un nuevo libro un año antes de su treinta cumpleaños. Y así lo hizo. Se tituló: “Sobre la religión. Discursos a sus menospreciadores cultivados“. Aquí estaba su respuesta, la gran aportación de Scheiermacher en el umbral del nuevo siglo: insertar de nuevo la religión en la sociedad como un valor añadido, y que no fueran solo la poesía, la literatura, la filosofía o las ciencias de la naturaleza el único referente para el espíritu. Está convencido de que el hecho religioso es actual y necesario porque forma parte de la naturaleza del hombre y es eso precisamente lo que lo hace insoslayable.

¿Qué es realmente religión

Friedrich Scheiermacher¿Qué es realmente religión para Schleiermacher según explica en su nuevo libro? Primero dice qué no es religión para él. Religión no es ciencia, no es intentar definir el universo como hace la metafísica; tampoco es moral, aunque tenga que ver con ésta. El objeto de la religión es autónomo, primigenio, indeducible, inmediato. Religión es vivencia, es estar movido por el mundo de lo eterno. Es cuando uno es tocado por el infinito. Pretender vivir con recogimiento el universo, la totalidad de lo que es y de lo que sucede en un inmediato contemplar y sentir. Es una cuestión del corazón, de lo más profundo del ser humano que se deja conmover, impresionar y emocionar. Es percibir a Dios como el ser absoluto y eterno, lo que Rudolf Otto llama “lo numinoso,” “lo sagrado”,  la causa absoluta de todo.

Ese sentir no debe confundirse como algo estrictamente psicológico, como una emoción romántica o entusiasta, sino de un modo pleno, existencial, como conciencia inmediata de uno mismo y sentimiento de dependencia total de Dios. Para él “religión” es experiencia y comunidad.

Schleiermacher se esforzó en hacer ver a sus coetáneos lo positivo de la religión en general. Defendía enérgicamente la separación entre Iglesia y Estado. Rechazaba el concepto de “religión natural” por considerarla una idea filosófica y afirmaba que quien quiera conocer y comprender bien lo que significa “religión” tiene que comprender y conocer las diferentes religiones existentes, sobre todo el cristianismo, el cual tiene como meta llevar a la persona a una santidad, pureza y relación con Dios cada vez mayores. Que todo lo finito tenga siempre como referencia lo infinito. Admira en Jesucristo, no solo su carácter que une fuerza y mansedumbre, no solo su doctrina moral, sino el hecho de que sea el único mediador entre Dios y los hombres (lo finito debe tener siempre un mediador que interceda ante lo infinito).

Friedrich Schleiermacher escribió una obra teológica tan monumental que puede compararse perfectamente a la Suma de Tomás de Aquino o a la Institución de la Religión Cristiana de Calvino. Para él, la esencia del cristianismo es el Jesús histórico como centro absoluto y su carácter redentor. No es imitar un ideal ético, como hacía la teología ilustrada de su día. Tampoco es la aceptación obediente de dogmas incomprensibles, sino la total determinación interior por el Jesús histórico y por el Dios presente en él. “La palabra se hizo carne” es para Schleiermacher el “texto básico de toda dogmática”.

Antes de morir le llegó el reconocimiento: recibió una condecoración y diversos homenajes. Había sido solidario con la situación de los trabajadores oponiéndose a toda clase de despotismo y exigiendo a las capas superiores que redujeran el tiempo de trabajo. Falleció de pulmonía a la edad de 66 años, el 12 de febrero de 1834. Pero su entierro se convirtió en una gran manifestación de adhesión a la que acudieron toda clase de gentes y de todos los oficios. Era una muchedumbre de unas veinte o treinta mil personas. El historiador Leopold von Ranke, escribe:

Recuerdo qué impresión me hizo cuando enterramos a Schleiermacher y en toda la larga calle, en todas las ventanas, lloraban. Quizá no haya visto jamás en Berlín un sepelio semejante… Generales y antiguos ministros, consejeros del ministerio y del clero católico y evangélico, profesores de la universidad y de las escuelas, estudiantes y colegiales, jóvenes y viejos…, uno quería decir amigos y enemigos. Fue un homenaje al intelecto como se ve raras veces”.

Friedrich Schleiermacher se había convertido en el gran teólogo del siglo XIX. Su obra, su “Doctrina de la fe” ha influido y hecho reflexionar a todos los teólogos del siglo XX, incluidos sus adversarios. Tenía la facultad de entusiasmar a las gentes. No solo por su búsqueda de la verdad sino por su empeño en vivir el cristianismo de modo convincente. En su conjunto fue un teólogo paradigmático, lleno de humanidad y unión con Dios. Como lo expresó Karl Barth: “En él tenemos un héroe como raras veces le es dado tener a la teología“.

Esteban López

 

Anuncios