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belleza-del-corazonA menudo sucede que la mayoría de la gente que aparece en películas o en anuncios publicitarios suele ser joven, atractiva, inteligente y con estudios y profesiones de élite. Es como si el resto de la humanidad no existiera. Y aunque no cabe duda de que los aspectos mencionados tienen su importancia y se aprecian, habría que preguntar si es eso todo lo que se necesita para sentir que se vive una vida plena y feliz.

En cuanto a la belleza física, la actriz y modelo china nominada al Globo de Oro y a dos premios BAFTA, Ziyi Zhang (1979) comentó:

En China no consideramos a alguien verdaderamente hermoso hasta que se le conoce desde hace mucho tiempo. Es entonces cuando sabemos lo que hay debajo de la piel”.

En Occidente hasta cierto grado suele ocurrir algo parecido. Porque, ¿no sucede que a veces conocemos por primera vez a una persona que en principio no nos parece muy atractiva, pero después de tratarla durante algún tiempo y observar sus cualidades nos va pareciendo cada vez más guapa? Eso ilustraría que es su belleza interior, sus bellas cualidades, las que iluminan de verdad al ser humano.

En las Escrituras, la belleza física se aprecia como un don de Dios. Pero  nunca es lo más importante. Es más bien a las cualidades espirituales de la persona a lo que se le asigna el mayor valor, en definitiva, a la belleza del corazón. “La belleza es engañosa, y hueca la hermosura, pero la mujer que teme al Señor será alabada“, se afirma por ejemplo en Proverbios 31:30 (RVC). 

La belleza interior de Abigaíl

El caso de Abigaíl, una mujer que vivió en el antiguo Israel, podría servir para ilustrar lo que se intenta decir. El pasaje bíblico dice:

 “Aquella mujer era de buen entendimiento y hermosa apariencia, pero el hombre era rudo y de mala conducta”. -1º Samuel capítulo 25.

AbigailY es que aquel hombre, Nabal, su esposo, era como era; aunque era un hombre rico, no parece que estuviera lleno de muchas virtudes. “Era rudo y de mala conducta“, dice el texto. De hecho su nombre está relacionado con la expresión “estúpido”. Y así fue cómo se portó de hecho con David, como un desagradecido a pesar de la bondad y favores que siempre había recibido de parte de él.

Sin embargo, en este relato sobresale la que era su esposa, Abigaíl, por su prudencia, discreción y sabiduría. De hecho, fue la iniciativa sensata de ella la que hizo que David no tuviera que haberse arrepentido toda su vida por un acto de cólera incontrolada y cometer asesinato. Fue Abigaíl la que lo hizo reflexionar con sensatez, haciendo que finalmente David cambiara su clara intención de matar a Nabal en venganza. Por eso, cuando por fin se encontró con ella, David llagó a exclamar:

“Bendito sea tu razonamiento y bendita tú, que me has impedido hoy derramar sangre y vengarme por mi propia mano”.

Aquí, lo más importante, lo que resultó realmente vital no fue la belleza física de Abigaíl, que la tenía; fue más bien su sensatez, sabiduría y discreción, en definitiva, la belleza de su corazón.

Dice el pasaje que más tarde, después de un banquete y una tremenda borrachera, Nabal muere de un ataque al corazón. Y que al cabo de cierto tiempo, David toma a Abigaíl como esposa. Y es que en Israel una mujer sabia y capaz era muy apreciada. Quizá por eso en Proverbios 31:10-12 se escribió:

“¿Quién podrá encontrar una esposa virtuosa y capaz? Es más preciosa que los rubíes. Su marido puede confiar en ella, y ella le enriquecerá en gran manera la vida. Esa mujer le hace bien y no mal, todos los días de su vida”.

En las Escrituras, además, lo que más se valoraba en el caso de una mujer, mucho más que su gracia o que su belleza, era que tomara a Dios en serio en su vida. Mujeres como Rut, Ester, María, etc, reciben plena alabanza por su discreción, sabiduría y aprecio por las cosas de Dios. Como lo expresa Proverbios 31:30 (PDT):

La gracia y la belleza son engañosas, pero la mujer que respeta al SEÑOR es digna de alabanza”.

Y lo mismo en el caso de los hombres:

Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes“. – 1 Cor. 16:13, LBA.

El físico por tanto tiene sin duda su importancia. Pero hay que ser realistas, “éste se marchita“, dicen las Escrituras. Pero existen otras trascendencias, otros valores que hacen todavía más bello al ser humano y este es el buen fruto de su corazón; ese que hace más agradable la vida para sí mismo y para los demás; que emana del ámbito espiritual de la persona, pero que también puede emanar del ámbito del Espíritu de Dios y dar como resultado el mejor fruto, como “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley“. – Gálatas 5:22,23, DHH.

Esteban López