El reino de paz de Cristo Jesús

Lo que sigue es una reflexión que pretende ceñirse estrictamente al espíritu de las enseñanzas de Jesucristo tal y como se muestra en el Evangelio y en los escritos de los apóstoles.

Príncipe de paz

Expresándose anticipadamente unos setecientos años antes de Jesucristo, el profeta Isaías escribió:

«Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz«. -Isaías 9:6, LBLA.

La venida de Jesucristo supuso una ruptura con el concepto de «pueblo elegido» personificado en la nación de Israel. A partir de ahora, no sólo judíos sino también personas de otras naciones que pusieran fe en él, formarían un solo pueblo, «un pueblo para su nombre«: «Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de entre ellos un pueblo para su nombre» (Hechos 15:14, RV1977).

Ya no era necesario defender con las armas aquella nación de Israel ni sus fronteras. El reino de Dios anunciado por Jesucristo era un reino de paz con un mandamiento muy claro: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros» (Juan 13:34, 35, LBLA).

Ese reino de paz y amor se implantaría ahora en el corazón de todos los que pusieran fe en Cristo Jesús, y lo mostrarían día a día a la espera de su realización plena en el futuro: «Porque hay nuevos cielos y nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justica habrá de morar» (2 Pedro 3:13). Será también la culminación de las bellas palabras de Isaías 2:4 (NVI),

«Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra«.

Serían ciudadanos, no de una nación humana específica, sino de «un país mejor«. De hecho, en su corazón ya habían ‘convertido sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas’. Describiendo la esperanza de muchas personas de fe del pasado, Hebreos 11:13-16 (TLA) dice:

«Todas las personas que hemos mencionado murieron sin recibir las cosas que Dios les había prometido. Pero como ellos confiaban en Dios, las vieron desde lejos y se alegraron, pues sabían que en este mundo ellos estaban de paso, como los extranjeros. Queda claro, entonces, que quienes reconocen esto todavía buscan un país propio, y que no están pensando en volver al país de donde salieron, pues de otra manera hubieran regresado allá. Lo que desean es tener un país mejor en el cielo. Por eso Dios les ha preparado una ciudad, y no tiene vergüenza de que le llamen su Dios«.

Estas son otras expresiones que ilustrarían cómo sería el buen fruto de ese reino de paz:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Juan 14:27, LBLA)

«Cristo vino y anunció las buenas noticias de paz a todos, tanto a ustedes, que no son judíos y estaban lejos de Dios, como a los que son judíos y estaban cerca de él» (Efesios 2:17, TLA).

«¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: «¡Cuán hermosa es la llegada de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Romanos 10:14-16, RVC).

«Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo» (Filipenses 4:7, TLA).

«En cambio, el Espíritu produce amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No existe ninguna ley en contra de esas cosas» (Gálatas 5:22,23,PDT).

El reino de paz, la violencia y la guerra

«De pronto, uno de los que estaban con Jesús sacó la espada y, de un golpe, le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote.  Pero Jesús le dijo:

Guarda tu espada en su vaina, pues todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Acaso piensas que no puedo pedir ayuda a mi Padre, y que él me enviaría ahora mismo más de doce legiones de ángeles?» (Mateo 26:51-53, BLPH).

«Un siervo del Señor no debe pelear, sino que debe ser amable con todos, ser un buen maestro y tener mucha paciencia» (2 Timoteo 2:24, PDT).

«En cuanto de ustedes dependa, hagan lo posible por vivir en paz con todo el mundo» (Romanos 12:17, BLPH)

Los primeros cristianos amaban la paz porque así se lo había enseñado su Maestro, el «Príncipe de Paz». Le habían oído decir en el Sermón del Monte «Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:8-10, NBA) Por eso no buscaban pleitos, no se interesaban en los asuntos de estado, no formaban parte del ejército ni iban a la guerra. Aunque eran buenos ciudadanos y por ello se les respetaba donde vivían, se consideraban «estar de paso«.

Hemos aprendido a no devolver golpe por golpe ni tampoco a presentar demandas en contra de los que nos saquean y roban. No sólo eso, sino que a los que nos den en una mejilla, hemos aprendido a volverle la otra también”. – Atenágoras (175 E.C.) «En defensa de los cristianos«, cap. 1; «Padres antes de Nicea», Tomo II, 129.

A un soldado de la autoridad civil se le debe enseñar a que no mate a los hombres y a que se niegue a hacerlo si se le ordenara, y también a negarse a prestar juramento. Si él no está dispuesto a cumplir, se le debe rechazar para el bautismo. Un comandante militar o un juez de la corte que esté activo tiene que renunciar o ser rechazado. Si un candidato o un creyente busca convertirse en soldado, tendrá que ser rechazado por haber despreciado a Dios”. – Hipólito (235 E.C.) «The Apostolic Tradition» (Ridgefield, CT: Morehouse Publishing, 1992) 26.

A los cristianos no les es permitido usar la violencia para corregir las faltas del pecado” – Clemente de Alejandría (195 E.C.), citado en Sermón 55 de Máximo. «Padres antes de Nicea», Tomo II, 581.

De una vez y por todas debemos recordar que hemos renunciado al mundo, y que mientras tanto vivimos aquí como extranjeros y advenedizos”. – Cipriano (258 E.C.), «Sobre Mortalidad«, cap. 26;  «Padres antes de Nicea», Tomo V, 475.

«En lo que a ustedes respecta, ustedes son extranjeros en este mundo, ciudadanos de Jerusalén, la ciudad que está en el cielo. Nuestra ciudadanía, dice el apóstol, está en los cielos». – Tertuliano (212 E.C.) «De Corona», cap. 13; «Padres antes de Nicea», Tomo II, 101.

Un gran error histórico

A pesar de que Cristo Jesús había enseñado que se debería «dar al César las cosas del César, pero a Dios las cosas de Dios» (Mateo 22:15-21), el gran error histórico fue mezclar religión y política tal y como sucedió en el siglo IV, cuando el emperador romano y «máximo pontífice» Constantino el Grande declaró al cristianismo la religión oficial del imperio. Desde entonces fue sucediéndose un nefasto registro de persecuciones de unos cristianos por otros y de horribles «guerras de religión», donde cristianos mataban a otros cristianos «en nombre de», y propiciadas tanto por el catolicismo como por el protestantismo. Como había profetizado Cristo Jesus, el trigo y la cizaña crecerían juntos hasta el final.

Las guerras de la naciones o de los estados que han causado tantos millones de muertos de modo violento debido a intereses egoístas, nada tienen que ver con el espíritu de las enseñanzas de Cristo Jesús. De hecho, él mismo reconoció que «el que manda en este mundo, que es el diablo, será echado fuera» (Juan 12:31, TLA). De modo que, ¿qué justificación tendría que un seguidor de Jesucristo participara en la guerra y matara a otros seres humanos como él?:

«No participen en nada de lo que hacen los que no son seguidores de Cristo. Lo bueno no tiene nada que ver con lo malo. Tampoco pueden estar juntas la luz y la oscuridad» (2 Corintios 6:14, BLA).

Pero a lo largo del tiempo, personas sensibles y de fe han comprendido la importancia de posicionarse a favor de la paz. Por ejemplo, León Tolstói, en su libro «El reino de Dios está en vosotros«, escribe:

«No solamente hace mucho que hay conciencia de la incompatibilidad entre cristianismo, la violencia y la guerra, sino que esa incompatibilidad hace tiempo que fue demostrada de manera clara e inequívoca, y solo cabe sorprenderse de que la Iglesia haya propugnado y siga propugnando esta conjunción imposible entre doctrina cristiana y violencia».

«Creemos que la ley del talión del Antiguo Testamento, ‘Ojo por ojo, diente por diente’, fue abolida por Jesucristo. Conforme al Nuevo Testamento, todos sus discípulos han predicado el perdón al enemigo en vez de la venganza, en todos los casos y sin excepción alguna… la verdadera seguridad se encuentra en la bondad, en la paciencia infinita y en la misericordia… creemos en la profecía de que llegará un tiempo en el que las espadas se hagan arados y de las lanzas, hoces, y debemos contribuir a esta causa con todas nuestras fuerzas, sin demora alguna». – Declaración de los principios adoptados por la sociedad para la paz en el mundo, Boston, 1838. Citado por León Tolstói en el «El reino de Dios está en vosotros«, Kairós, 2009.

«Hay personas -cientos de miles de cuáqueros, menonitas, nuestros dujobori y molocanes, y otras personas que no pertenecen a ninguna secta determinada- que consideran que la violencia (y por tanto el servicio militar) es incompatible con el cristianismo, y por ello cada año en Rusia hay hombres que son llamados a filas que se niegan a realizar el servicio militar debido a sus convicciones religiosas… conozco el caso de un hombre que se negó a realizar el servicio militar en Moscú en 1884, y a los dos meses de su negativa, se abrió un expediente voluminoso… Normalmente envían al rebelde a que visite un sacerdote, el cual, siempre -y para su vergüenza-, trata de hacerle cambiar de parecer».

«A diferencia de la fraternidad positivista, comunista y socialista, para la concepción cristiana del mundo, el amor no es una necesidad, ni se concentra en nada, sino que es un rasgo esencial del alma humana. El hombre ama no porque le sea ventajoso amar a éste o a aquellos, sino porque el amor es la esencia de su alma, porque no puede no amar».

León Tolstói (1828-1910), «El reino de Dios está en vosotros«.

La guerra está oficialmente prohibida por el derecho internacional desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero la realidad muestra lo difícil que es que la verdadera paz en todo el mundo perdure. Las distintas luchas por el poder político prevalecen una y otra vez, aplastando todo deseo de paz duradera. El nacionalismo sectario sigue dividiendo a buena parte de la humanidad. Bien pensado, el concepto de «estado» es un concepto sectario y divisor que a menudo no hace más que sembrar suspicacias y equilibrio de terror. La idea de que «hay que ser un buen ciudadano participando en política y hacer todo lo posible por hacer de este mundo un lugar mejor«, es loable, pero al mismo tiempo es un terreno resbaladizo, porque muy facilmente puede verse uno participando en cuestiones partidistas y bélicas defendiendo intereses espúreos que puedan llevar a un gran sufrimiento. Pero como diría Mahatma Gadhi, «no hay caminos para la paz. La paz es el camino«.

Pablo, apóstol de Jesucristo enviado a las naciones, expresó el deseo:

«Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad. Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad» (1 Timoteo 2:1-4, DHH).

Si Dios quiere que todos los seres humanos se salven, ¿qué debería esperarse de los que han puesto fe en Cristo Jesús? ¿Que mataran a otros o que usaran alguna forma de violencia? En esta cuestión, en la posibilidad de trabajar realmente por «el reino de paz» de Cristo Jesús ahora, no hay lugar para adoptar una posición tibia. O se está radicalmente con él, o se participa de las luchas de intereses, del horror y de la oscuridad del mundo. Ese reino de carácter espiritual pero real, nada tiene que ver por tanto con otras ideologías de origen humano como el llamado contrato social, el liberalismo o el socialismo. No. Como el mismo Cristo Jesús dijo,

«Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Juan 18:36, DHH).

«Ustedes son la luz que alumbra al mundo. Una ciudad que está en un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cesto, sino sobre el candelero para que ilumine a todos en la casa. Así mismo, ustedes deben ser luz para los demás de tal manera que todos puedan ver sus buenas obras y adoren a su Padre que está en los cielos» (Mateo 5:14-16, PDT).

«Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo» (Juan 16:33, Dios Habla Hoy, DHH).

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Trailer del filme «Vida oculta» (2019), de Terrence Malick. Narra la objeción de conciencia de Franz Jägerstätter (1907-1938), campesino austríaco, al negarse a servir en el ejército nazi. Como él, cristianos objetores de conciencia de otras confesiones como adventistas o testigos de Jehová, sufrieron lo indecible por su posición valiente.

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros«.

– Jesús de Nazaret (Juan 13:35, (LBLA).

Esteban López

2 comentarios sobre “El reino de paz de Cristo Jesús

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  1. Muchas gracias, Esteban.
    Eres una bendición como todo lo que escribes que es bendito.
    Es magnífico, magistral tu artículo. Eres tú un maestro y un verdadero hijo de Dios. Gracias nuevamente y gracias infinitas… por trabajar siempre por la paz, por tus luces y, por edificarnos con todas tus reflexiones, esperanzas y benditas enseñanzas.
    Que Dios te guarde y te bendiga siempre. 🙌☀️❤️

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